Cuando el espectáculo de la hípica se hizo un hueco en las fiestas de Vigo

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

VIGO

Publico en uno de los palcos del campo de Coia en agosto de 1910
Publico en uno de los palcos del campo de Coia en agosto de 1910

El primer torneo se desarrolló en el antiguo campo de Coia en 1910, que  años después sería utilizado por el Celta antes de existir Balaídos

15 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Durante las fiestas de agosto de 1910 se pudo ver el primer espectáculo público de hípica en Vigo. La moda se había iniciado en Madrid, pasando posteriormente a otras ciudades, como el San Sebastián veraniego. A Coruña y Santiago iniciaron sus concursos en 1905 y 1909, respectivamente. «Se dieron cita allí las familias más distinguidas de la provincia. El lujo, un lujo deslumbrador, predominaba en las indumentarias de nuestras damas gallegas», describía Jaime Solá, el director de Vida Gallega.

El campeonato se desarrolló entre el 13 y el 15 de agosto en el campo de Coia, que estaba situado frente a donde hoy en día se sitúan los astilleros de Barreras. Era el mismo lugar donde jugaban los equipos de fútbol del Vigo de entonces. La mayor parte de los jinetes participantes eran miembros del Ejército. Mientras se realizaban las distintas pruebas, los espectadores, vestidos de forma elegante, se relacionaban entre ellos, en muchos casos incluso ajenos a las maniobras de los jinetes. La prueba inaugural fue ganada por Eusebio Apat, del regimiento de Almansa, quien se embolsó quinientas pesetas. En la modalidad de recorrido de caza el vencedor fue Luis Moreno, del regimiento Alfonso XII, a quien le fueron entregadas mil quinientas pesetas.

«Están distraídos en Vigo, saboreando un programa de fiestas espléndidas en las cuales no ha faltado la banda de Madrid ni los atrayentes concursos hípicos. Se anunciaron los festejos en una aparatosa comitiva que abrían varios heraldos a caballo seguidos de músicos, carrozas y cortejos elegantes», escribía el Diario de Pontevedra, que se quejaba de las fiestas de la Peregrina, comparándolas con las de Vigo.

Pacheco y la viuda de Prósperi, asociados ya en un mismo estudio de fotografía, se encargaron de dejar constancia de aquel primer concurso hípico. En sus imágenes se puede ver a un joven arquitecto Palacios, tomándose una cerveza junto a un grupo de amigos. O a los niños de la sociedad viguesa más poderosa, ellas vestidas de blanco, con pamelas y lazos, y ellos, en pantalón corto, con pajaritas y sombreros.

Un atractivo del concurso fue la presencia de la Banda Municipal de Música de Madrid. «Pontevedra envió un tren extraordinario con más de 700 personas», señalaba Vida Gallega. «La banda satisfizo las expectativas que despertaba», concluyó la revista. El repertorio fue variado e incluyó desde la Alborada, de Veiga, hasta Los maestros cantores, de Wagner. La presencia de la banda madrileña se completó con un concierto de carácter gratuito celebrado en el campo de Granada, donde actualmente se abre la Praza do Rei. Mil doscientas personas, calcula Jaima Solá, acudieron a aquella demostración musical. Los melómanos todavía pudieron ir al concurso de bandas de música, en el que participaron las formaciones de Vilagarcía, Ribadavia, Cangas y San Pedro de Sárdoma. La primera de estas bandas, dirigida por Rubianes, fue la ganadora del concurso.

Otro de los grandes atractivos de las fiestas de Vigo de 1910 fueron las regatas, una actividad con mucha más tradición en la ciudad. Las condiciones fueron excelentes para las regatas de traineras y no tanto para las de veleros. Nuestro cronista de Vida Gallega decía: «Todo convidaba a permanecer sobre las ondas marinas: la temperatura, de riguroso estío; la placidez de la ría; la mansedumbre del viento». En la serie de balandros, la Armada envió tres embarcaciones, pero el vencedor fue un vigués, Fernando Bárcena, quien obtuvo un regalo del rey y 600 pesetas. La competición de traineras fue ganada por la Vasca, del vapor Urania, de la Armada Española, que se adjudicó un premio de 125 pesetas.

La que más interés suscitó por los numerosos vigueses que se agolpaban en los muelles fue la regata de botes, que fue ganada por Ángel Carrera. Concluyeron las regatas con un recorrido para cruceros entre Vigo y Baiona, que volvió a ganar Fernando Bárcena, con su embarcación Anduriña.