Las soluciones técnicas adoptadas en Vigo se equiparan a las de los mejores puentes del planeta
21 sep 2019 . Actualizado a las 15:25 h.Por solo cuatro metros, el puente de Rande no cerró la década de los años setenta como el puente atirantado con el vano central más grande del mundo. Fue concebido en 1973 para superar el récord de la época, pero la demora en su conclusión y, sobre todo, en su puesta en funcionamiento, hizo posible que el de Saint-Nazaire sobre el Loira se diseñase con 404 metros frente a los 401 del gallego. Aún así, el proyecto de Fabrizio de Miranda, Florencio del Pozo y Alfredo Passaro para la AP-9 se convirtió en un hito mundial de la ingeniería.
Su ampliación le ha devuelto ahora la singularidad técnica que lo hizo célebre en su creación y tras ser superado por diseños, formas y materiales evolucionados desde la puesta en marcha del paso sobre la ría de Vigo hace 38 años. Su designación como segundo mejor puente del mundo en la edición del 2019 que celebrará en Nueva York la Asociación Internacional de Puentes e Ingeniería Estructural, le coloca entre los mitos de la construcción y la ingeniería, este año solo detrás del gigante sobre el río Mersey en Liverpool, un puente atirantado de tres pilones y un kilómetro de longitud de nueva factura construido por la española FFC, junto a los accesos de 1,2 kilómetros más, por 700 millones de euros.
El año pasado, el máximo reconocimiento lo mereció para el senado de los ingenieros de todo el mundo el puente Yavuz Sultán Selim, el tercero sobre el Bósforo, en Turquía, de tipo colgante y 2.164 metros en su vano principal. Está construido en acero y su notoriedad la marcó su diseño elegante, la rapidez en su construcción (36 meses) y acoger tráfico rodado, trenes y peatones.
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Los ojos de los ingenieros más reconocidos se pusieron en el 2017 sobre el puente Dandeung, en Corea del Sur. Una estructura colgante soportada por un único pilón en forma de letra «D» de 105 metros de alto que revolucionó la construcción civil.
Las restricciones ambientales, las grandes dimensiones de cada uno de sus segmentos, la combinación de acero y hormigón aligerando el impacto visual, llevó al viaducto del AVE sobre el Ulla a la final de 2016.
El puente de la bahía de San Francisco, en Oakland, fue considerado el mejor en el 2015 por su estructura innovadora y creativa y funcional frente a los movimientos sísmicos, con cimientos que llegan a los 91 metros.
Un año antes, el elegido como el puente más singular fue el de Taizhou, en China. Con dos vanos de más de un kilómetro cada uno, rompió las limitaciones territoriales.
El puente Yi Sun-sin, en Gwangyan, Corea del Sur, fue elevado a las alturas de la obra civil en el 2013 por considerarse el puente en suspensión más resistente del mundo, ideado para una zona de notables tifones. También en Corea el puente de Busan a Geoje, donde se ubican dos de los astilleros más grandes del planeta, pasó a la historia en el 2012 al combinar dos pasos atirantados con un túnel bajo el mar de 3,5 kilómetros de longitud.
El puente elevador Gustave Flaubert en Rouen, destacó en el 2011 y quedó entre las estructuras más destacadas del momento al resolver con dos pilares el izado de los carriles para el tráfico rodado, incluso de manera independiente por cada sentido.
Y el primer puente premiado por el sector en la presente década fue el ya mítico de Sutong, en China que cruza el río Yangtze. Su vano principal es de 1.088 metros y su estructura total de 8,2 kilómetros, en la que se integran cuatro puentes colgantes además del atirantado principal.
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A todo estos colosos pudo unirse Vigo por partida doble de haberse considerado el puente con el que la Confederación de Empresarios de Pontevedra propuso unir Alcabre con Massó, en Cangas. La propuesta estimaba un coste de 110 millones de euros en el 2006, pero los expertos lo elevan a 1.500 millones y un largo y complicado proceso de construcción.