Aunque el Gobierno insista en que ya estamos a puntito de salir de la crisis y el ministro de Cultura diga que el problema del cine no es la subida del IVA sino la mala calidad del cine español, sí se nota que aún falta un tramo largo para que las cosas vuelvan a donde estábamos, a aquellos tiempos en los que la abuela te contaba lo de qué hambre pasaron después de la guerra y a ti te parecía que por fortuna tú no te verías nunca en la tesitura de tener que aprovechar un abrigo hasta que se deshilachara ni comer bocadillos de pan con azúcar como si fuera el gran manjar.
El atraco que esta semana tuvo lugar en el municipio de Vigo no se sabe si es fruto de la crisis, del afán de ahorro que llega a todas las capas sociales, o de la proverbial eficacia de la concesionaria municipal de transporte público. ¿Qué puede llevar a un atracador de farmacias a optar por elegir el bus como el medio más rápido que le permita huir de las fuerzas de seguridad sin levantar sospechas? Aunque hay quien opina que el caco optó por Vitrasa haciendo caso a sus índices de puntualidad, es más probable que lo hiciera:
1. Porque cuando salía a toda prisa lo vio pasar y tuvo la suerte de que sus aspavientos para que parase ablandaron el corazón del conductor (algo que no ocurre a menudo).
2. Porque disponía de tarjeta prepago a mano.
3. Porque cuando pides un taxi si no das el número de la calle te dicen que no pueden atender tu demanda, e igual si sales de atracar no te has fijado en eso, y además de que no es plan quedarte esperando en la calle a que aparezca el chófer.
El caso es que el individuo logró escapar y lo hizo en transporte público. Para que luego digan los críticos que Vitrasa no cumple. No será el atraco perfecto, pero al menos es el menos contaminante.
begona.sotelino@lavoz.es