25 jul 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Carmen Romero es una mujer que vivió toda la vida en el barrio de Navia. Sus dos hijos crecieron allí, sus amigos están allí y allí van a la escuela. En ese barrió vivió con el que fue su marido y en él siguió viviendo cuando la relación se rompió y él tuvo que hacerse cargo del piso. La vida de Carmen Romero y la de sus hijos está en Navia y no quiere abandonar el barrio.

Una casa es el santuario de la intimidad. Un refugio. No hay nada más personal que una casa. Por eso, el día en que Carmen Romero supo que la perdería por impagos debió de tirarse de los pelos hasta arrancárselos. El drama de los desahucios rompe al país. No solo se trata de tener un sitio donde dormir, donde hacer tu vida, donde criar a tus hijos; es también tu mundo. Tu república independiente.

Algo no ha funcionado bien en el caso de Carmen Romero. Su situación solo se conoció el mismo día que se quedaba tirada en la calle. El Ayuntamiento estuvo ágil y le ofreció trasladarse a un piso en otro barrio. Pero ella lo rechazó, alegando que no quiere irse de su barrio, el barrio de sus hijos, su vida. Quiere que le pongan un piso en Navia. No hablamos de la Quinta Avenida de Manhattan, de áticos de ensueño, diseñados a la última moda y con el sol entrando por las cuatro paredes. Es Navia, un barrio de trabajadores de clase media. La alternativa de Carmen Romero es ninguna. Hasta Stop Desahucios le ha recomendado que coja el piso que le cede el Concello.

Cuenta la gente que trabaja en cooperación que a veces es frustrante de una manera salvaje, casi física. Porque hay momentos en que ofrecen soluciones pero el beneficiario no se quiere dejar ayudar. El caso de Carmen Romero es una desgracia. Pero la sociedad le ha encontrado una solución... que ella no acepta. Pero, claro, todos somos mayorcitos.

angel.paniagua@lavoz.es