«Escapo de la idea de la espectacularidad»

b.r. sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO

El artista y poeta expone en Vigo tras dos años sin desarrollar nueva obra

04 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

La paciente elaboración de escenas en las la naturaleza, a veces muerta y a veces en plena acción, marca el trabajo de Manuel Vilariño (A Coruña, 1952). La sólida carrera del artista se vio reforzada por el Premio Nacional de Fotografía que recibió en el 2007, pero desde hace un par de años y por dolorosos motivos personales, se hizo el silencio en su vida y en su cámara. Tras la última Bienal de Venecia desapareció del mapa. Ahora regresa con un nuevo trabajo, bajo el título La campana de la noche, que ayer presentó en la galería Bacelos de Vigo.

-¿Qué es lo que presenta?

-Es lo primero que hago tras este período y coincidirá también con la salida dentro de un par de semanas de un libro de poesía. La exposición es una reflexión sobre la vida y la inexistencia tomando como referentes mitos de la antigua Grecia. Está organizada en dos espacios para jugar con la dualidad que es siempre la vida y la muerte, la existencia y la pérdida, pero todo desde un punto de vista más conceptual que explícito. En una sala están los trabajos sobre la muerte a través de la máscara, del retrato que te fosiliza, del mito de la gorgona que cuando te mira y tú a ella, quedas petrificado.

-Por primera vez en su obra aparecen textos con imágenes, ¿no?

-Quise reflejar esa unión, ese vuelo único que es la palabra y la imagen, la poesía y la fotografía, pero más allá de tratarla como la poesía del instante. Yo hablo de ella como vía de conocimiento. Una de las piezas centrales es la mariposa, símbolo del alma, y he colgado grandes vinilos que hacen un cuerpo único con la imagen. Se trata de buscar ese vuelo único entre esos dos lenguajes que en realidad son solo uno e indivisible.

-En la otra sala hay imágenes de paisajes helados...

-Sí, estás hechas en Islandia. Aquí, la dualidad, en vez de ser texto e imagen, es el fuego y las aguas, lagunas negras y azuladas en una quietud extrema que presagian una tempestad. Son como una laguna estigia. Y como contrapunto a ese desierto de hielos está la llama, una caja de luz que se enciende, que se consume y que se apaga, es la fragilidad y el temblor de la existencia, el círculo de fuego que te aprisiona y se va consumiendo hasta que deja de existir.

-¿El Premio Nacional de Fotografía condiciona su trabajo de alguna manera?

-En España me ha dado una presencia mediática sobre todo desde el punto de vista del «escaparate». Pero lo que realmente cambia es la percepción externa. Museos y galerías internacionales, si les gusta tu obra, te invitan a exponer. A raíz del premio me llaman de Alemania, de Brasil, de aquí y de allá. Pero las exposiciones que estaban en marcha se ejecutaron aunque yo no participé, yo, en este período anterior, volví a lo que soy, que no es nada.

-¿Qué busca ante el espectador?

-Si de algo escapo es de la idea de la espectacularidad. A mí me interesa lo esencial, lo íntimo. Yo no miro un paisaje para quedarme asombrado ante la intemperie, yo vivo la intemperie. Vivo en la sombra, donde he vivido toda mi vida. Cuando muestro un paisaje no es para provocar asombro.

manuel vilariño fotógrafo

La muestra de Manuel Vilariño se exhibe en la galería Bacelos (Progreso, 3), durante este mes.