Un oficial de albañil en paro, presidente del club de radiocontrol, reproduce el petrolero a escala y con el mando a distancia hace que vierta chapapote de una botella de coca-cola oculta en la bodega
05 dic 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Un Prestige de 1,80 metros de eslora, 27 centímetros de manga y 32,60 kilos de peso navega por la dársena de Cangas a casi cuatro nudos soltando chorros de chapapote por un orificio en el casco. El artífice es un oficial de albañil en paro, ex marinero del banco canario sahariano y ex pinchadiscos de la antigua discoteca Galas que preside el club de radiocontrol cangués, José Javier Nogueira Cañizares.
Hizo el petrolero tras rematar una réplica del Titanic en cuya proa otea el horizonte un Di Caprio reducido, hecho con plomo de los aparejos de los marineros de Cangas que Cañizares funde y monta en tacos para adornar las cubiertas de sus barcos. En el trasatlántico del modelista cangués están también, todos hechos de plomo, su capitán, una pareja de recién casados y muchos otros de los protagonistas de la película.
«¿Que por que o fixen? Porque é xa un barco mítico, como o Titanic», responde escuetamente Cañizares antes de extenderse sobre lo que realmente le interesa contar: el complejo proceso de construcción, en el que invierte varias horas al día y, en ocasiones, perdida la noción del tiempo, las madrugadas de los fines de semana.
Cuenta con un programa informático que convierte las fotos de los barcos en planos. Con ellos en la mano hace el armazón en madera, cuaderna a cuaderna, lo inyecta con espuma o con restos de porexpán y saca el molde en poliéster. El del Prestige lo tiene proa arriba en su pequeño taller, a un par de cuartas de la réplica que el pasado domingo, tras más de un año de trabajo, botó por vez primera al mar en la dársena canguesa.
En la bodega del petrolero están la maquinaria y una botella de refresco de dos litros que Cañizares llena de témpera con la que juega su hijo para simular el chapapote. Con el control remoto acciona la bomba de 6 voltios que lanza al mar el fuel por un orificio de estribor justo en la línea de flotación. Es el que, supuestamente, le hizo al petrolero un tronco a la deriva.
El barco lleva dos baterías para mover el motor y otras dos para los efectos. Tiene un servo para girar el timón, un altavoz para amplificar el sonido de la sirena, la bomba que impulsa el chapapote, humo que sale por una chimenea construida con papel higiénico y los sistemas que permiten encender las luces de cubierta, girar el radar y mover la hélice para dar avante y atrás a la nave, todo ello accionado con el mando a distancia.
Su club proyecta hacer una exhibición en las fiestas patronales de Cangas. Los tres socios que lo integran pondrán todas sus creaciones en el mar: ocho barcos, entre remolcadores, cargueros, cruceros y veleros.
Un relator contará las peripecias del Prestige y las órdenes y contraórdenes del Gobierno durante los seis días de deriva por la costa gallega. Será un relato cómico y, a la vez, crítico. El remolcador Ría de Vigo y una lancha de la Guardia Civil construida por otro de los socios le prestarán auxilio mientras el Titanic y el resto de la dispar flotilla observan el desenlace.
Varios comercios financian los modelos aportando 50 euros al mes mientras dura su construcción. Son Badum Badero, Casa Barbeiro, Bar Puri, Plantaciones, Bar Montes, Automóviles del Morrazo, Ocaña, CAB Moaña, Montajes Fuentes, Bechos, Motor Sport y Proyectados Vila de Bueu. Así consiguió los 4.700 euros del material.
Para su próximo reto, la construcción del un barco de guerra, el Bismarck, Cañizares se propone pedir 1 euro a cada cangués que se preste para reunir los 1.500 que necesita para el material. Los aficionados al modelismo pueden contactar con el club en el teléfono 667369520.