Reportaje | De campaña electoral por el mundo Panfletos, mitines, megafonías. La contienda política previa a las elecciones españolas no sólo guarda similitudes con las de otros países europeos, sino también africanos
13 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Por mucho que el barniz americano recubra las campañas electorales españolas en los últimos tiempos, algunos de los métodos utilizados en la actualidad todavía recuerdan prácticas más próximas a los países africanos. Es la impresión que recoge Ibrahima Nianj, presidente de Asociación para la Integración y Desarrollo del Africano, Aida. Mauritano y desde hace diez años residente en España, todavía no ha estado el tiempo suficiente que le permita votar el 14 de marzo, algo que considera una vergüenza. A veces él y otros compatriotas se echan las manos a la cabeza al ver la coincidencia de ciertas cosas que pasan en España, iguales a las que ocurren en su país. Es lo que sucede con la campaña electoral. Asegura que en uno y otro sitio son muy parecidas. Megafonía, medios de comunicación, panfletos, mitines, jornada de reflexión y, sobre todo, promesas y más promesas, muchas de las cuales no se cumplirán nunca. Pecados Ibrahima Nianj recuerda que tanto en la religión cristiana como en la musulmana es pecado mentir, algo que los políticos parecen ignorar. Explica que, como pasa en España, también en Mauritania es más fácil engañar y acarrear a la población del medio rural que a la de las ciudades, en las que ya hay más cultura y estudiantes. Por el contario y pese a tratarse de un país europeo, las coincidencias de la campaña española con la sueca no son tantas como cabría esperar. En el estado escandinavo son fundamentales los debates entre los líderes políticos, interrogados por periodistas muy especializados y seguidos por numeroso público. Así lo recuerda Kristina Berg, natural de ese país, presidenta de la Fundación Carlos Casares y residente en Galicia. A diferencia de España, en Suecia no existe jornada de reflexión. Un pacto por el medio ambiente logró hace años el consenso de todos los grupos para reducir los carteles publicitarios. El enorme respeto por el individuo hace impensable actitudes caciquiles como el acarreo de votantes, según explica Berg.