Nunca logró mayoría absoluta pero Manuel Soto fue capaz de mantenerse doce años como alcalde al frente del Concello vigués. Para ello dispusó de apoyos de otros partidos de izquierda (1979) o del respaldo de la lista independiente de Leri (1983). En 1987 las tensas relaciones con Esquerda Galega le llevaron al dilema de gobernar en minoría o intentar un mínimo acuerdo con los seguidores de Camilo Nogueira. Simuló decantarse por esta última vía y firmó un programa de gobierno que tuvo escasa virtualidad. En paralelo, Soto fue sumando adeptos en las filas del CDS y del PP, logrando que hasta cuatro miembros de ambos partidos abandonaran sus respectivas disciplinas y se pasaran al grupo mixto. Con los respaldos de los Lago Castro, Cameselle, Manuel Alvite y Álvaro Magariños pudo prescindir de los nacionalistas y adoptar las medidas más polémicas de sus mandatos: aprobación de un plan general con numerosas recalificaciones que después anularía la Xunta y una acelerada privatización de la empresa municipal de suministro de agua. La venganza de EG llegó tras las siguientes elecciones. Sus dos concejales se negaron a votar a Soto, lo que provocó su dimisión y la llegada a la alcaldía de Carlos Príncipe.