El fuel ya es cosa de buzos

Diego Pérez Fernández
Diego Pérez VIGO / LA VOZ

VIGO

D. P.

Los submarinistas de la cofradía de Cangas sacan bolsas de casi un metro de alto en los fondos de Cantareira y en tierra los voluntarios buscan bolitas entre la arena

20 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Los voluntarios que llegan a las Cíes se llevan una decepción. «¿Dónde está el chapapote?», se preguntan algunos excursionistas. Han pasado los días y afortunadamente no entró más fuel. El que queda está escondido bajo la arena, entre las rocas y en los fondos marinos. Así de crudo. Pero se ve que a algunos domingueros no le mola tanto. Nadie los llamó: quisieron ir. Deberían callarse o enfilar al norte de Galicia, donde a estas horas continúa la incesante marea negra.

La semana pasada, las playas de Figueiras, Cantareira y (algo) Rodas amanecían cubiertas de esa peste. Ahora no. Se recogió bastante y los limpiadores del día tienen que dedicarse a buscar bolitas entre la arena. Con las manos, con rastrillos o con peneiras . Es un trabajo que carece de urgencia. Pero hete aquí que no ocurre lo mismo en el mar. Unos 25 jabatos se han sumergido poco después del alba a la busca del chapapote que se esconde en las islas. Son los buzos de la cofradía de Cangas, los que andan a las navajas y los erizos durante todo el año. «¡Isto cheira que apesta!», exclamó uno al asomar la cabeza. No es que oliese el vertido del Prestige . Era peor, porque se ha incrustado en las rocas donde está el mejillón, las algas y otras especies tan vivas como importantes para garantizar la existencia del rico marisco que se captura en esta zona. Incluidos los percebes que deberían estar vendiéndose a más de 7.000 pesetas el kilo en estas fechas otrora tan señaladas y ahora tan desgraciadas.

Hoy en las islas han trabajado 340 personas, entre voluntarios y militares. Bueno, a esa cantidad habría que restarle cinco. Son los que se amotinaron en Los Alemanes alegando falta de medios. «¡Con la que está cayendo en el norte!», dijo un concejal con razón. Los sacaron en una patrullera de la Guardia Civil y quizá alguien les dé el protagonismo que no merecen. Al margen de anécdotas, es evidente que el trabajo que queda por hacer en las Cíes va para largo. Las islas están muy contaminadas. Prueba de ello es que cualquiera encuentra una prueba. Por ejemplo, la Autoridad Portuaria de Vigo. Ayer mismo, una lancha del organismo que pilotaba Carlos Losada encontró un arao flotando junto al buque Galicia , testigo mudo de la agonía del pobre animalillo. Lo entregaron con diligencia al equipo de biólogos de Parques Nacionales. Luego, veterinarios de la Xunta también certificaron la defunción de un frailecillo hacia Punta Cabalo.

En las rocas que hay entre Cantareira y Figueiras, que a estas alturas se han convertido en la prueba más evidente del delito, siguen trabajando los de Tragsa y los de la agrupación de mariscadores de Arcada.

Sociedad civil. Hay escenas no aptas para corazones sensibles: señoras de cincuenta años que se ríen por no llorar y que rascan agachadas mirando a Cabo Home. Duele ver cómo un mes después del accidente sigue siendo la sociedad civil la que tira del carro. ¡Un mes después! Los militares que hay en las islas no llegan a cien. Hay que aplaudir que muchos se hayan ido a la Costa da Morte, pero cabe preguntarse por qué hay otros haciendo intruccción en Cartagena. Eso sí, el restaurante Rodas sigue abierto y a nadie que pase por allí le falta un bocadillo, un zumo, una fruta o un café caliente. «No es necesario ningún tipo de carné», dice Richard, el propietario que lo ha cedido. Todo, o casi todo, corre por cuenta de los comerciantes de O Morrazo. Mañana, surgirán razones para que lo que sucede en las Cíes no caiga en el olvido.