Alrededor de trescientas mil cartas se acumulan sin repartir en Vigo debido a la huelga de los trabajadores de Correos Ejercer de cartero en Vigo se está convirtiendo en una labor harto arriesgada. La abundancia de perros sueltos en el medio rural, la deficiente numeración de las viviendas y la creciente desconfianza de los vecinos, obliga a los 165 profesionales de la ciudad a enfrentarse a una aventura diaria. Si a esto se suma el incremento demográfico que, según los sindicatos, no ha ido parejo al de plantilla, la situación no es precisamente envidiable. Si bien, una carta tarda en llegar a su destino en Vigo entre dos y cinco días, la huelga de trabajadores de Correos ha provocado, de momento, la acumulación de trescientos mil envíos.
14 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Una carta tarda habitualmente entre dos y cinco días en llegar a su destinatario, según se ha podido constatar. La zona del parque de Castrelos y Coia son las más ágiles, mientras que San Miguel de Oia y la parroquia de Castrelos son los lugares en donde más tarda. En una situación intermedia se encuentran Cabral, Lavadores, Beade, Matamá, Bembrive, Teis y San Andrés de Comesaña. Es a ésta última parroquia a la que tienen que dirigirse los vecinos de Saiáns si quieren encontrar un buzón. Los carteros relatan cientos de anécdotas de su azarosa vida. Una de las profesionales comenta que en cierta ocasión, cuando se disponía a entregar una carta en una vivienda, se encontró de frente con un señor tal como llegó a este mundo, sin un triste trapo encima. Eso, para otros compañeros no es de extrañar, teniendo en cuenta, dicen, que es bastante frecuente ver a los vecinos en paños menores. Pero, no todas las anécdotas tienen tintes de frivolidad. El perro deja de ser en este caso el mejor aliado del hombre para convertirse en su enemigo más temido. Lo más habitual es encontrarse cara a cara con unos dientes afilados antes de divisar el buzón. Con tal panorama no hay quien se acerque a las viviendas para pedir información y la labor del cartero se prolonga horas y horas en busca de los destinatarios. La toponimia es otro de las dificultades más habituales al que se enfrentan los trabajadores de Correos. En el ámbito rural se repiten una y otra vez nombres como Iglesia o Couto. Esto hace que se vuelvan locos. Y no digamos de los números, la mayoría de las veces o no existen o están cambiados. En la ciudad, el problema más habitual es encontrar un alma caritativa que se preste a abrir el portal. La creciente desconfianza hace que tengan que recurrir a contraseñas o a procurarse la amistad de algún vecino. Como en todas las profesiones, para los carteros también existen lugares más apetecibles que otros. A Salgueira, O Berbés, Alcabre y Zamáns están en la lista negra por el grado de dificultad.