Vidas lujuriosas de reyes que no abdicaron

La Voz REDACCIÓN

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Los Tudor

Con «Juego de Tronos» despachado hasta nuevo aviso y el retiro del rey Juan Carlos acaparando conversaciones de patio de vecinas, barras de bar y «timelines» de Twitter por igual, repasamos las mejores Monarquías y Repúblicas de las series de televisión

18 jun 2014 . Actualizado a las 15:54 h.

Las cosas están de la siguiente manera: este jueves, el rey Juan Carlos I abdicará oficialmente en su hijo el Príncipe de Asturias que, a partir de mañana, se convertirá con todas las de la ley en Felipe VI, y hace dos días, el pasado lunes, llegó a España el último episodio de la cuarta temporada de Juego de Tronos. Y sin vistas de volver a asomar la cabeza al menos hasta el 2015. En este páramo desierto, huérfanos de figuras regias, reales y ficticias, proponemos una selección de adaptaciones audiovisuales, algunas con más mano derecha, otras más zurdas, que recrean las vidas de reyes que prefirieron -o no pudieron- abdicar. Todas ellas, por si asoma el antojo de repasar la Historia, disponibles en El Corte Inglés.

Los Tudor

Los Tudor narra los intensos años finales del reinado de Enrique VIII. Y vaya si eran intensos. En su piel se pone un vigoroso Rhys Meyers para dibujar a la perfección, a lo largo de cuatro temporadas, el desequilibrado carácter del monarca, sus ambiciones y sus placeres carnales. Criticada por su falta de rigor histórico, la ficción de la Showtime compensa sus carencias con un prestigioso reparto en el que destacan, además del protagonista, Maria Doyle, que da vida a Catalina de Aragón; Natalie Dormer, como Ana Bolena; y el atractivo Henry Cavill, interpretando a Charles Brandon.

Concebida inicialmente para rodar una temporada por cada esposa que llevó al altar el rey inglés -en total, seis mujeres-, finalmente Los Tudor se achicó a cuatro entregas, en las que se repasa la vida marital de Enrique VIII con las susodichas, su evolución como hombre y como monarca, la obsesión por dejar en el mundo un heredero varón y la historia de Inglaterra, como telón de fondo. Un banquete de cólera, lujuria y culebrón bien armado.

Isabel

Saltando a la liga de la ficción nacional, Isabel llegó a las salas de estar de los españoles con la pretensión de equilibrar, lo mejor posible, lo que estaba pasando en nuestro país en el siglo XV con una dosis tal de drama e intriga que consiguiese que los españoles tuviesen ganas de sintonizar TVE cada semana. La serie histórica cumplió las expectativas. En primer lugar, escogió a un personaje jugoso, atractivo, una figura que pedía a gritos una ficción por entregas propia. La vida y hazañas de Isabel la Católica fueron dignas de una recapitulación desde el mismo momento en el que empuñó el cetro.

Constante, honesta y fuerte como pocas, casi como un hombre en el tiempo en el que le tocó vivir, Isabel I de Castilla fue la materia prima perfecta para darle cuerda a la serie producida por Diagonal TV. La encarna Michelle Jenner, que sorprendió para bien con su actuación regia. Y la rodean ante las cámaras un interesante y variopinto elenco que integran Rodolfo Sancho -desmayando espectadoras- y el acertado combo Pablo Derqui-Ginés García Millán. Bien testimoniada, con poco espacio para la fabulación, Isabel recorre la Historia de España sin necesidad de exaltar a la madre patria y atrapando al público de forma digna y magistral.

Spartacus

Spartacus es una serie para recrearse. Para repanchingarse en el sofá y dar barra libre a la imaginación. Batallas y cuerpos esculturales podrían resumir esta ficción que, aunque de entrada parezca vulgar y vacía, acaba resultando más cautivadora -sí, también la historia, no solo los actores y las actrices- de lo previsto.

Ambientada en el Siglo I a.C., en los turbulentos años de la República Romana, este drama de tintes históricos desentraña la historia de Spartacus, interpretado por Andy Whitfield y por Liam McIntyre, en una suerte de revisión del gladiador rebelde interpretado por Kirk Douglas en la película de Stanley Kubrick Espartaco. Hasta aquí, el argumento más o menos oficial. En un primer más que segundo plano se pone sobre la mesa el sexo en todo su esplendor. El sudor y la sangre. Más cerca, en este sentido, de Juego de Tronos y la película 300 que, por poner un ejemplo reciente, Isabel, la serie es un torbellino de esclavos malhablados, embadurnados en aceite y barro, de mucha, pero mucha, sangre y todavía más pasión.

Una primera temporada de 13 episodios arrancó la historia romana, pero el destino de la ficción sufrió un fuerte varapalo cuando a su protagonista le detectaron un cáncer que se le acabó reproduciendo. Ante la delicada situación, Spartacus rodó una segunda entrega de seis episodios en calidad de precuela en la que se explicaba el origen de muchos de los protagonistas. La enfermedad acabó finalmente con la vida de Andy Whitfield y los responsables de la serie tomaron la decisión de seguir adelante con un nuevo actor. Así, Liam McIntyre se convirtió en el nuevo Spartacus.