Rosa Rodríguez, ganadora del bote de «Pasapalabra»: «La respuesta que me dio el bote estaba en un parque en el que jugaba al fútbol todos los días en mi infancia»

Paulino Vilasoa Boo
P. VILASOA REDACCIÓN / LA VOZ

TELEVISIÓN

LA VOZ

La gallega, que ha hecho historia al llevarse 2.716.000 euros, empezó a prepararse en el 2020, cuando pasaba el confinamiento en casa de sus padres en A Coruña. Su objetivo era devolverles a sus padres los sacrificios hechos por ella y sus hermanos

06 feb 2026 . Actualizado a las 18:34 h.

 La coruñesa Rosa Rodríguez (nacida en Quilmes, Argentina, en 1993) no podría haber predicho en el 2020 que la pandemia iba a precipitar una decisión que la haría pasar a la historia de la televisión. El confinamiento por el coronavirus, que la hizo volver a vivir con sus padres en A Coruña durante año y medio, la convenció finalmente de prepararse para participar en Pasapalabra. Como si fuera una oposición. Y más de cinco años después, la gallega ha logrado lo nunca antes visto, al coronarse como la ganadora de 2.716.000 euros, el mayor bote de la historia del programa y el segundo de importe más alto que jamás ha entregado un concurso de televisión en España.

—Enhorabuena, Rosa. Ganadora del mayor bote de «Pasapalabra». ¿Cómo se siente conseguir ese hito?

—Intentando asimilar que eso ha pasado, que me ha pasado a mí, que yo soy esa persona que ha ganado, efectivamente, y que he ganado el bote más alto. Todavía intentando procesar lo que ha pasado.

—¿Ya pensaste en qué hacer con el premio?

—Pues lo que he repetido en varias ocasiones desde que entré. Una de las motivaciones mayores que me han llevado a querer luchar por ese bote era acceder a mi propia vivienda, porque lo tenía bastante crudo, incluso habiendo trabajado siempre desde los 19 años prácticamente. Y también poder darles a mis padres la tranquilidad que se merecen y que disfruten de la vida sin pensar en el aspecto económico. Eso sería lo primero y luego ya veremos.

—Dijiste que quería devolverles a sus padres todo lo que habían hecho por vostoros. Cuando eras muy pequeña, os mudasteis de Argentina a Galicia. ¿Cómo fue esa época como familia?

—Realmente mi padre es gallego. Yo soy 50/50. Argentina y gallega. Nacida en Argentina, pero toda la familia de mi padre nació en Galicia, en la zona de Muxía y Vimianzo. Toda su familia es gallega, tanto por parte de su padre como de su madre. Se fueron a Argentina cuando mi padre era muy pequeño y creció allí. Luego, nos vinimos para aquí cuando yo era muy pequeña; tenía siete años. Lo dejan todo, porque quedó toda la familia de mi padre, que ya se habían afincado allí, y toda la de mi madre, que es argentina. La única razón por la que tomaron la decisión de venirse a Galicia fue para que nosotros pudiéramos aspirar a una vida mejor, del mismo modo que había hecho la familia de mi padre cuando se fue a Argentina. Yo he tenido todas las oportunidades que he tenido gracias a eso. Siempre han antepuesto nuestros intereses a los suyos. Y, como hija, primero quieres que se sientan orgullosos de la decisión que tomaron, y de las decisiones que tú has tomado gracias a lo que ellos decidieron. Ahora ya no es solo devolverles eso con el sentimiento que les pueda generar, sino también económicamente.

—De hecho, fue tu madre la que te convenció en el 2020 para participar.

—Sí, fue en pandemia, porque me pilló justo cuando había vuelto durante unos meses a casa de mis padres en Galicia. Y con el tema del confinamiento se alargó mi estancia allí, a un año y pico. La rutina que teníamos durante la cuarentena era que nos sentábamos todas las tardes a hacer el maratón. Nos veíamos todos los concursos, cambiando de cadena en cadena. Mi madre siempre ha sido una gran fan de los concursos. Cuando me animaba, no era ni siquiera pensando en el tema económico ni nada de eso. A ella le hubiera encantado participar en ellos, y de hecho hizo cástings en varios momentos, pero nunca llegó a participar en ninguna. Supongo que animarme era su manera de vivir vicariamente su experiencia. Al final, de tanto insistir, se asentó la idea, y tomé la decisión, también con la ilusión de darle esa alegría a ella. Y bueno, esto ya es historia.  

—En ese momento empiezas un proceso de estudio intenso.

—Sí, cuando empecé a estudiar, no sabía hasta qué punto necesitaba la preparación. Fueron tres años y medio, todo esto siempre compaginándolo con el trabajo. Y luego, en el momento de empezar a participar, fue cuando pedí la excedencia.

—En ese proceso de adquisición de conocimientos, usabas lo que se llaman los palacios mentales, sitios conocidos a los que asocias palabras. En el programa especial se ejemplificó con el castillo de Santa Cruz, en Oleiros.

—Exactamente. La idea es que sean sitios que conoces muy bien, que tienes muy interiorizados, que los puedas visualizar bien, porque eso es lo que te ayuda a llegar a la información que quieres. De hecho, esta respuesta que al final me ha dado el bote, estaba en un parque en el que jugaba al fútbol todos los días en mi infancia.

Rosa Rodríguez, ganadora del bote de «Pasapalabra», en una imagen tomada en Oleiros
Rosa Rodríguez, ganadora del bote de «Pasapalabra», en una imagen tomada en Oleiros ATRESMEDIA

—¿En cuál?

—Eso me lo guardo para mí. Será mi cosita. Pero bueno, es un sitio que yo tenía tan interiorizado, pasé tantas tardes ahí, que visualizarlo era muy fácil. Era de esas listas que, aunque no me hubiera repasado en mucho tiempo, me hubiera resultado fácil visualizar.

—¿Y fue fácil en ese momento?

—En un momento, con tanta tensión, no veía bien las imágenes que yo me había creado, y por eso ahí está la duda de, ¿será este el que yo pienso que es? ¿No es? Además de las listas, yo siempre digo, es como la muleta que te ayuda a retener información, pero luego está el proceso de recopilación, de leer sobre los jugadores, no solo aprenderte los nombres, porque es difícil que se te quede, sino también conocer las épocas, por qué fueron importantes. Tenía varias opciones, y luego dije, bueno, este es más conocido, más desconocido, más probable, menos probable. Pero sí, la forma de memorizar mucha información, para mí fue ese método de los palacios mentales, que usé para algunas cosas. Luego hay muchas cosas que no puedes memorizar de esa manera, porque requiere sensibilidad a la hora de aprender y de estudiar.

—Justo cuando te dicen la definición de la M por primera vez, sonríes. ¿Te diste cuenta ya ahí de que creías tener el nombre en la cabeza?

—Esa primera sonrisa es, en realidad, de frustración, porque por un momento pensé que era información que tenía pendiente por mirar. Siempre tienes un montón de ideas de cosas que tienes que mirar, pero no llegas a todo. Yo me iba haciendo mis listas sobre historia, o estos reyes, o esta parte de los jugadores más valiosos, los entrenadores de baloncesto, lo que sea. Y cuando la escuché en la primera vuelta, me parecía que lo tenía en mi lista por mirar, pero no había llegado a mirarlo. Después de un rato me acuerdo de que no, espera, sí que me los había mirado. No recuerdo en qué momento. Pero a partir de la segunda vuelta, mi primer objetivo era llegar a las 24 palabras correctas, y no cometer una Rosada de esas tan típicas mías. Así que fui respondiendo las más seguras y dejé esa para el final. Entonces fue cuando busqué y lo visualicé en mi lugar del palacio mental.

—¿El proceso de estudio lo has llevado más desde Galicia o desde Barcelona, donde vivías y trabajabas hasta entrar?

—Este año ha sido poco en Barcelona, he estado más en Galicia, y entre eso, entre Madrid, Barcelona, Galicia, ha sido mucho viaje, muchas idas y venidas, y también compaginar los trayectos largos de trenes, de aviones, de aeropuertos, y siempre ahí con la aplicación en el móvil, intentando aprovechar esos momentos en el aeropuerto de espera, en el avión o los trayectos de unas tres horas y pico. Intentar meter ahí un poquito de impulso.

—¿Qué reflexión sacas de tu paso por el programa? Afirmaste que «Pasapalabra» te dio un «sentimiento de pertenencia». ¿A qué te referías?

—Que para mí, llegar a Pasapalabra no era solo luchar por el bote. Yo lo veía en casa y sentía que encajaba en el concurso, que podía ser el tipo de concursante que se lo pasa bien y, al mismo tiempo, que la gente pudiese sentir que era una buena concursante, más allá de las respuestas. Soy una persona que disfruto mucho aprendiendo. No es que me guste saber, es que me gusta aprender, y Pasapalabra fomenta mucho eso, que la cultura, el aprendizaje, el saber es algo divertido. Yo lo veía en mi casa y decía: «Quiero estar ahí, porque me lo quiero pasar bien, y creo que la gente lo podría pasar bien viéndome». Y, aun así, yo soy una persona tímida, reservada, pero sentía que podría encajar. Al otro lado de la tele pensaba que quizás al llegar no tendría esa sensación. Pero fue desde el primer momento, cuando puse un pie en ese plató, que sentí que estaba hecha para ese concurso, y me sentía completamente integrada.

—¿Y cómo se plantea la vida ahora, con un premio millonario?

—Con mucha calma, y mucha cabeza fría. Soy muy joven todavía, en el sentido de que me queda mucha vida laboral y, en general, por vivir, espero. Así que me gustaría tomar buenas decisiones para que este gran premio que me he llevado me permita, durante los años que me quedan de vida, vivir con tranquilidad, siguiendo trabajando y haciéndolo con gusto, pero sabiendo que tienes ahí un colchoncito y una red de seguridad que es lo que te permite vivir con tranquilidad tú y los tuyos. Mi intención es, por ahora, desconectar unos días, unas semanas, no sé exactamente el tiempo, desconectar, volver al mundo real. Pero después quiero volver a las aulas.