Once años y treinta premios

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La joven autora, que ganó el concurso de cartas al mar convocado por La Voz tras el «Prestige», asegura que le gusta escribir «porque invento el final de las historias».

13 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Edén García Veiga terminó con éxito el último curso escolar, como cualquier niña de once años. Pero sus resultados académicos han tenido un acompañamiento notable, pues ha ganado el concurso de cartas al mar convocado por La Voz de Galicia tras la catástrofe del Prestige . Con este son más de 30 los galardones literarios que ha ganado. Esta joven, que vive en la villa lucense de Foz, preparó un collage y un relato, dos pócimas con las que quiso aliviar el espíritu del mar tras el dolor que le causó el petróleo del barco hundido. Usó una cartulina de color oscuro, reflejo de la marea negra que manchó la costa, y escribió dando a las líneas forma ondulada, clara vinculación con las olas de un mar muy cercano a su casa. Para consolar el mar «Yo era la voz que le hablaba al mar», recuerda. Sus palabras eran de consuelo: le anunciaba que los delfines y las gaviotas volverían a jugar en sus aguas y que la gente se bañaría de nuevo con la ilusión de antes. Para ello hacía falta que se fuesen cumpliendo las promesas anunciadas sobre la regeneración de la costa y sobre la lucha contra las contaminación marina. Su tono de voz y su gesto se vuelven súbitamente serios: «Espero que se cumplan, espero...», dice, volviendo a ser la voz que habla al mar y del mar. El premio obtenido en este concurso de cartas no es el primero que logra, lo cual refleja una evidente afición a la escritura. Tampoco parece menor su interés por la lectura, ya que su madre, presente en la conversación, desvela que su hija «se pasa el día leyendo». Incluso agrega que a veces lee dos libros a la vez, como está ocurriendo en estos primeros días de las vacaciones escolares: en sus manos alternan Campos de fresas, de Jordi Sierra, y ¡Eres galáctica, Carlota! , de Gemma Lienas. Edén García no duda cuando se le pregunta si prefiere la lectura o la escritura: «Me gustan las dos cosas; pero me gusta más escribir porque invento el final de las historias», confiesa. Un final que no pudo inventar, por ser lectora, ha sido el de un libro, El diario de Ana Frank , que se vio incapaz de acabar. «Sólo pude leer 30 o 50 páginas, era una sensación de agobio superior a mis fuerzas», explica.