Ha  llegado el No-Code

Todo un movimiento está surgiendo alrededor de una pintoresca idea: que es posible crear software para un uso profesional sin saber programar


Todo un movimiento -incluso una pequeña industria- está surgiendo alrededor de una pintoresca idea: que es posible crear software para un uso profesional sin saber programar. Ha llegado el No-Code.

Ante un planteamiento así, la Comunidad técnica suele dividirse entre los que creen que las herramientas No-Code no son más que cachivaches para que la ola de emprendedores digitales surgida al calor de «La Red Social» y el stay hungry, stay foolish juegue a las startups, y los que las entienden solo como un torpe intento de abaratar e industrializar su trabajo. 

Puede que ambos grupos tengan algo de razón y, también, que estén equivocados, pero lo que ninguno debería hacer es minusvalorar el alcance de un nicho de mercado que, según Forrester Research, alcanzará los 21.000 millones de dólares en 2022 -con crecimientos anuales de más del 40%- y que, según Gartner, será la base de desarrollo del 65% de apps en 2024

Suelo dar a Forrester y Gartner la misma capacidad para adivinar tendencias tecnológicas que a Paco, el churrero de mi barrio, pero No-Code se ha convertido en todo un ecosistema. Cuenta con sus propios foros, podcasts, eventos, formación online, open-source y hasta consultoras especializadas que trascienden el concepto DIY y construyen soluciones No-Code para terceras empresas. Ante esta revolución que llega, los informáticos parecemos no querer darnos por enterados, pero ¿deberíamos hacerlo? 

En mi caso, hasta ahora he ignorado el No-Code sistemáticamente, no por corporativismo ante un movimiento que pretende acabar con mi medio de vida sino, precisamente, por todo lo contrario: llevo suficientes años en las trincheras como para haber sobrevivido a varias revoluciones técnicas que iban a dejarme sin trabajo, así que reconozco no haberle dado crédito alguno. ¿Cuántos recordáis la fiebre de las herramientas CASE o la arquitectura MDA? Como picateclas veterano que ha tenido que sufrir el HTML y el CSS generados por Dreamweaver y el código Java creado por Rational Rose, hace tiempo que llegué a la conclusión de que si el mayor riesgo de nuestra profesión es el software generado por software, nunca nos faltará trabajo

Sigo pensando lo mismo, pero el No-Code tiene una aproximación distinta que lo hace extremadamente interesante: en vez de intentar crear herramientas de propósito general como la revolución MDA que no fue, No-Code cuenta con una panoplia de aplicaciones que resuelven dignamente una funcionalidad acotada y se complementan entre sí. 

Podrías crear un portal de empleo a lo Infojobs usando Webflow para construir la web, Typeform integrado con Stripe para que las empresas puedan publicar -y pagar- sus ofertas, Zapier para mandar al CMS de Webflow dichas ofertas y Postmark para enviar un correo a las empresas cada vez que un candidato se apuntara a una. De hecho, alguien lo ha hecho ya. Uno de los ejemplos más sorprendentes -y más divertidos- de lo que se puede llegar a hacer con No-Code es notrealtwitter.com, un Twitter de cartón-piedra construido sobre Bubble. 

¿Nos permitirían esas integraciones construir software comercial? Con seguridad. ¿Podrían sustituir el trabajo de los programadores? Ni de coña. Al menos, no hoy en día. Las herramientas No-Code permiten implementar una lógica de negocio básica -la misma que podrías tener en una hoja de cálculo- y crear aplicaciones sobre raíles, combinando y personalizando sus componentes y plantillas. Pero a poco que queramos hacer algo relativamente único y original, reventaremos todas sus costuras. 

Haciendo un símil con la industria de la construcción -como tanto gusta en los Colegios de Informáticos- comparar el No-Code con la programación tradicional es igual que comparar casas prefabricadas con casas diseñadas a medida, según las necesidades específicas del promotor y las características del terreno donde será construida. Las primeras pueden ser más baratas y rápidas de construir, pero cualquier personalización que vaya más allá de lo puramente cosmético quedará mal, será carísima o directamente imposible. 

Tampoco escalan hasta el infinito y nos obligan a vincular nuestro destino al de la plataforma de desarrollo que elijamos, pero en un contexto donde los desarrolladores son un recurso cada vez más escaso, el No-Code debería ser al menos una opción a considerar para crear MVPs, herramientas internas o aplicaciones sencillas y el mundo -nuestro mundo- no se va a acabar por hacerlo. Al fin y al cabo, millones de programadores llevamos años perpetrando ñapas con WordPress, a golpe de temas y plugins, sin tener ni idea de cómo funciona por dentro ni haber programado una línea de PHP en nuestra vida y nadie se ha escandalizado por ello. 

Puede que los «sangre pura» -los guardianes de las esencias de la computación- se rasguen las vestiduras ante una afirmación así, pero no creo el No-Code sea un peligro para la profesión, sino que la ensancha y abre a empresas que no quieren o no pueden pagar un desarrollo a medida y se gestionan desde Excel. Tampoco creo que la denigre ni la degrade, simplemente baja un poco más su barrera de entrada. Al fin y al cabo, para satisfacer la voracidad de la industria, estamos enviando a miles de personas a «programar» con un bootcamp de 3 o 4 meses como única experiencia. Para algunas de las empresas que les contratan ¿no tendría mucho más sentido que emplearan ese tiempo en aprender a crear aplicaciones sencillas con No-Code? 

No sé si algún día encontraré un caso de uso que justifique el empleo de No-Code, pero como profesional que se dedica a crear productos y servicios digitales sería temerario seguir ignorándolo. 

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