Talento sobra, falta saber venderse

Gallegos que trabajan en compañías tecnológicas extranjeras detallan las «soft skills», habilidades clave para triunfar fuera: comunicación, empatía y trabajar en equipo


redacción / la voz

A sus 29 años, el gallego Juan Puig Martínez lleva cuatro en Silicon Valley. Es director de desarrollo de software en Visa, donde actualmente prepara un sistema de pago para países emergentes. Estudió Ingeniería Informática en A Coruña, su ciudad natal, y después hizo el proyecto de fin de carrera en Suecia. Trabajó para Chrysler en EE.UU. y luego para una empresa de sistemas bancarios en Londres. «Es un recorrido mucho mayor de lo que esperaba encontrar antes de los 30. Hay períodos duros, pero trabajar en diferentes países y culturas cambia muchísimo y es interesante comparar», explicaba el pasado jueves durante la primera jornada Talento.gal, organizada por el Ineo.

Puig resumió su punto de vista con una explicación que es obligado transcribir íntegra: «He aprendido que nos tenemos que quitar los complejos, que es lo que nos impide avanzar: nos pensamos que somos menos que otras personas pero solo es cuestión de creérselo y saber competir, ser valientes y lo bueno acaba llegando. No saben dónde está Galicia, pero al final yo soy su jefe. Tenemos que estar muy orgullosos de nuestra educación».

Otros quince jóvenes como él participaron en un debate con un doble enfoque: qué se va a encontrar un profesional que vaya a trabajar en una TIC (compañía de tecnología) en el extranjero y cómo debe encarar el reto; y qué tienen que hacer las empresas gallegas para atraer a talentos de otros países y competir en el mercado global. Rayco Pérez Cadahía (Vasco Data Security) avisa: «El talento en Galicia es enorme. Si yo fuese empresario gallego no sacaría los ojos de las escuelas de ingeniería de Galicia».

Para Jorge Amor, que trabaja en Eindhoven (Holanda) en ASML -desarrollan máquinas que cuestan millones de euros y se emplean para fabricar microchips-, el dinero no es lo más importante, aunque reconoce que «si no tienes suficiente te vas a desmotivar». Jorge es jefe de un departamento llamado Troubleshoot que se dedica literalmente a resolver problemas, y en su caso hay dos razones de peso para seguir donde está. Una, la flexibilidad laboral. Y dos, que «a todo el mundo se le escucha: puede llegar un becario y se le invita a una reunión y lo que diga también se tiene en cuenta».

Francisco Castro, contratado por Siemens en Suiza, coincide en lo positivo de poder organizarse uno mismo su jornada laboral -«esta semana la empresa me dio la oportunidad de trabajar desde casa, un día entro a las 7, otro a las 9, otros voy por la tarde»-. Y añade otro plus: «Que no te estanquen, que el trabajo sea ameno, te formen, te den oportunidades y el equipo sea interesante». 

Emigrar con lo puesto

Hay gallegos que emigraron y se lanzaron a emprender casi con lo puesto. Tras acabar Telecomunicaciones en Vigo, David Lago empezó a trabajar en una empresa que tenía una oficina en Webster, cerca de Boston. Decidió montar una firma de consultoría allí y se marchó con solo 15.000 euros, «pero con eso y ahínco se abre una compañía en EE.UU. -explica-. Hay que desmitificar lo de salir fuera, todos somos personas y las relaciones funcionan más o menos igual en todo el mundo».

David tiene claro que, a igual inversión en retener personal en Galicia o traerlo de fuera, él apostaría por cultivarlo aquí. «Yo me fui a la aventura con pena, porque mi carrera me ha salido gratis, la han pagado los españoles, pero cuando tribute el dinero se va a ir a EE.UU.», señala. Y pone en solfa el modelo universitario norteamericano, donde «están enterrados en deuda». Lo sabe bien porque su mujer terminó Medicina y debe 330.000 euros (y el interés actual, que marca el Gobierno, es del 7 %), «así que plantéate volver a Galicia porque hace sol y se come muy bien... Yo ahora no me lo puedo permitir, también puedo divorciarme de mi mujer y que se quede con la deuda», bromea.

Patricia Rivas (Swisscom) lleva seis años en Suiza -«quería volver y no lo he conseguido»-. Su receta para triunfar en el extranjero es clara: potenciar las soft skills, esas habilidades que más se valoran fuera y menos se enseñan en el adocenado sistema educativo español. La empatía, la comunicación, el trabajo en equipo y saber venderse, algo en lo que coinciden todos. «Es fundamental la transparencia, ser honesto y tirarte a la piscina», indica Jorge Amor. «Puedes ser un académico excepcional y saber todas las leyes y fórmulas, pero al final ser un profesional es más: hablar en público, debatir, escuchar, motivar...», desgrana Juan Puig. Y revela que en Estados Unidos se incluye en los currículos algo como el voluntariado, no por filantropía, sino porque demuestra que una persona ha querido mejorar.

Alfonso Pérez Soto, vicepresidente sénior para mercados emergentes en Warner Music, intervino desde Miami por videoconferencia. Lleva 15 años en EE.UU. y se encarga de negociar con Spotify, Google, Apple, Amazon Microsoft... «Saliendo de Galicia uno tiene que demostrar el doble para demostrar la mitad. Pero estamos tan preparados como los demás y encima tenemos más hambre», concluye.

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