Reportaje | Centro de Investigacións Mariñas de Ribadeo El organismo de la Consellería de Pesca trabaja con especies como el erizo, la almeja, el longueirón o el fitoplancton en busca de variedades más productivas y resistentes
21 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.PERSONAL CUALIFICADO. La plantilla está compuesta por 18 personas, la mayoría científicos que controlan las distintas fases. EL INVERNADERO. Es una de las áreas más llamativas del proceso de cultivo marino, con regulación continua de sus condiciones. LA INVESTIGACIÓN. El centro lleva años desarrollando diversos proyectos de genética relacionadas con diferentes especies. EL ALIMENTO. El cultivo de fitoplancton, el alimento de los bivalvos, también figura entre los cometidos del centro ribadense. ?n el muelle de Porcillán, al pie de la ría ribadense, se encuentra el Centro de Cultivos Marinos. Se trata de un verdadero laboratorio en el que el personal que dirige Dorotea Martínez se afana en experimentar para determinar las mejores condiciones para el erizo, almeja y longueirón y el alimento de éstas, el fitoplancton. Lo logran analizando su producción, estudiando cómo evoluciona su cultivo en criaderos y cómo se comportan después, cuando son liberados en el medio natural. En los dos edificios que conforman las instalaciones se puede observar una constante actividad. El primero, muy moderno, está dedicado a las oficinas: la sala de juntas, los despachos y una biblioteca con una impresionante vista de la ría de Ribadeo. También en este edificio se encuentran los laboratorios, en los que los analistas desarrollan su trabajo de observación e investigación. En el segundo están las áreas de producción y cultivo de fitoplancton, que es la comida de los bivalvos y crustáceos que se crían en las demás salas. También en esta parte de las instalaciones podemos ver los invernaderos, el laboratorio húmedo, un gran número de tanques de variados tamaños y contenidos y los depósitos de agua. En una de las salas del centro se encuentran unos tanques dedicados a las hembras y machos de las especies que se cultivan, es decir, los progenitores. Después de la fecundación, las larvas son traspasadas a la llamada sala de cultivo larvario. En esta departamento, dotado con tanques de fibra de vidrio de 500 litros de capacidad, las larvas permanecen hasta alcanzar un tamaño óptimo. Todas las etapas de este proceso son observadas por los investigadores y los trabajadores del centro en el laboratorio húmedo. En las paredes de éste hay carteles que explican las etapas que atraviesan las larvas, que crecen rápidamente. Pero todo esto se aprecia mucho mejor observando los cultivos en el microscopio. Con él, se pueden ver larvas de una semana de vida moviéndose incansablemente. Las especies que se cultivan en el centro ribadense se alimentan de una especie de algas microscópicas llamada fitoplancton. A el se dedican tres dependencias diferentes. En la primera, la sala isotérmica, se cultiva en diversos formatos, desde pequeñas cepas hasta botellas de seis litros, con diferentes tonalidades de verde y marrón. Dorotea Martínez explica: «Es verde o marrón claro o más oscuro según la concentración de las algas, que se reproducen muy rápido». La segunda y la tercera fase del cultivo se realiza en el invernadero, donde están los tanques y las llamativas bolsas de treinta litros. A primera vista, parece simplemente un líquido de color verdoso o amarronado. También en el invernadero se encuentran los diversos tamaños de erizos de mar que se crían en el laboratorio de Porcillán. En el centro de cultivos marinos se han desarrollado varios proyectos en los últimos años. Actualmente se está investigando, entre otras cosas, la genética de las almejas babosas para determinar si su cultivo en criadero afectará a la variación poblacional. Además, también están realizando un proyecto a nivel europeo que analiza la producción de navajas y longueirón.