El puerto renueva la ecoetiqueta que acredita el bajo impacto ambiental de 24 barcos, cuyas capturas doblan el precio de las demás
14 mar 2026 . Actualizado a las 09:54 h.Pese al duro golpe que le asestó la Comisión Europea cuando en octubre del 2022 la expulsó de sus caladeros tradicionales con las 87 vedas a todas las artes de fondo en cantiles de Irlanda, Francia, España y Portugal, Burela resiste como paladín de la pesca selectiva de merluza en Gran Sol, donde 24 barcos siguen capturándola una a una, con el palangre demersal, conocido por pincho. Además de que científicos del Instituto Español de Oceanografía han demostrado que menos de dos de cada millón de sus anzuelos cogen especies vulnerables, desde el 2002 es la única flota de altura con el certificado Pescaenverde, que acredita su bajo impacto ambiental. Acaba de renovar este sello de la Universidade de Santiago de Compostela, prueba de su baja huella de carbono y de una alta tasa de retorno energético, cuando las cotizaciones en lonja confirman el valor de esta apuesta por la calidad en lugar de por la cantidad: el kilo se paga en las lonjas a medias de 7,6 euros, casi el doble que la pescadilla de litoral (4,07) y un 70 % más que la merluza de la volanta de Gran Sol (4,5), según Sergio López, gerente de la Organización de Productores Pesqueros del Puerto de Burela.
Alrededor de cinco de millones de kilos merluza del pincho de Burela se distribuyen cada año por los principales mercados españoles, calcula este dirigente pesquero. A una media de 7,6 euros el kilo, en primera venta generan unos 38 millones. Son las capturas de 16 buques asociados a esta entidad y de otros ocho vinculados a Armadores de Burela, sociedad que gestiona la lonja local y cuyo gerente es Miguel Neira.
De momento, los pincheiros burelenses y asturianos que operan en el puerto líder en Europa en merluza del pincho no se han reconvertido a la volanta, las redes fijas por las que optado pesqueros de otros puertos, como Celeiro, para sobrevivir. Sin embargo, las pérdidas del 32 %, unos 150.000 euros por barco al año, pesan cada vez más sobre los armadores de estos buques, cuya viabilidad económica peligra tanto que la continuidad de varios pende de un hilo.
Sergio López definió este 13 de marzo a las 87 vedas para el palangre demersal como «a principal inxustiza dos últimos anos na aplicación da Política Pesqueira Común, un erro histórico», un castigo de la anterior Comisión Europea a la flota más selectiva y con menor impacto ambiental. Que no sucumba depende del nuevo Ejecutivo comunitario, en el que Costas Kadis es comisario de Pesca y Océanos, y del recurso judicial contra la sentencia del Tribunal General de la UE que valida las vedas.
En ese contexto, el certificado Pescaenverde «evidencia o compromiso do sector pesqueiro galego coa sustentabilidade, a innovación e a mellora continua, ao tempo que reforza a competitividade dos produtos do mar e a confianza dos consumidores», según Marta Villaverde, conselleira de Mar, quien presidió este viernes en Burela la renovación del sello medioambiental que mide el consumo de combustible, sus emisiones y la eficiencia energética de los barcos. «Somos tradición e tamén somos modernidade», recalcó antes de apuntar que la ecoetiqueta transmite confianza a los consumidores y refuerza la identidad de Galicia Calidade. Villaverde también recordó que la Xunta ha apoyado a los pincheiros de Burela con un recurso de dúplica contra el fallo judicial que ampara las 87 vedas, sumándose al del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación,
Gumersindo Feijoo, vicerrector de Transformación Dixital e Innovación de la Universidade de Santiago, promotora del sello Pescaenverde, subrayó que la renovación de esta acreditación hasta el 2029 para la merluza de Burela «demostra a implicación de toda a cadea de valor do á praza». Definiendo al pescado como «unha mina de gran valor», destacó a la merluza como «un megaalimento que contén proteínas, graxas saudables, vitaminas e minerais, especialmente para os nenos e nenas».