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Una gruesa capa de hojas y palitos «enmoqueta» Lourido, en el concello de Poio

Marcos Gago Otero
marcos gago POIO / LA VOZ

SOMOS MAR

SERGIO SUEIRO

Una pala trabaja desde hace días retirando de la orilla los restos vegetales de los temporales y que amenazan los bancos

27 feb 2026 . Actualizado a las 10:17 h.

Pisar la arena en la mallante, que es como los mariscadores llaman a la parte de la orilla donde bate el mar, es una tarea complicada en la playa de Lourido. La acumulación de restos vegetales es de tal calibre que pasear por esa orilla es como ir encima de moqueta, aunque no de los materiales habituales en una casa, sino sobre millones de fragmentos de hojas y palitos. Es una imagen insólita, en un litoral que es habitual que reciba el grueso de la basura que llega a la ría por los temporales de invierno. Sin embargo, este febrero es difícil de igualar.

Cuando uno se acerca por carretera a la playa de Lourido ve, por encima de la duna, elevarse una nueva formación de color marrón oscuro tirando a negro. Son las grandes acumulaciones de hojas y de ramitas que las mariscadoras sacaron del mar la semana pasada para proteger sus bancos de una catástrofe natural segura. Ahora estos enormes montones, más altos que una persona, incrementan su tamaño de hora en hora por el trabajo de una pala que va retirando más y más restos desde la semana pasada. El Concello de Poio coordina este operativo en colaboración con la lonja de Campelo.

El patrón mayor de Pontevedra, César Rodríguez, explica que la cantidad de basura arrastrada por el mar a Lourido y Cabeceira supone un riesgo grave para sus bancos marisqueros. Mientras estos restos se amontonaron en la orilla el problema era controlable, porque se quedaban allí. Con el paso de los días y dado que un temporal sucedió al siguiente, el muro de restos vegetales, al que había que sumar docenas de troncos y ramas de gran porte, se convirtió en una barrera a las olas. Y el mar, impedido de seguir echando a la orilla esta carga de hojas y palitos, empezó a depositarlos cada vez en niveles más bajos, ya submarinos y en zonas donde vive la almeja.

Había que actuar con urgencia y el patrón mayor de San Telmo señaló que por eso se realizó la jornada de trabajo de la semana pasada, cuando los socios de este pósito se aplicaron a fondo para liberar de esta «moqueta» y lo más rápido posible la orilla y lo que pudiesen de la playa hacia el banco. Si esta masa tan espesa de restos acabase encima de las zonas marisqueras, entonces las almejas y berberechos, ya debilitados por los temporales y las caídas de salinidad por exceso de agua dulce en la ría, acabarían perdiendo el contacto con el oxígeno y sus alimentos y morirían.

Con la retirada de los restos que se está realizando en la orilla de Lourido, se ha conseguido frenar ese depósito de residuos vegetales sobre niveles de arena de playa cada vez a mayor calado y con más bivalvos en su sustrato. Ahora, cuando las olas baten en al menos parte de la playa, pueden expulsar esta masa de fragmentos de ramitas y hojas y no la devuelven al mar o la empujan al fondo donde viven los bivalvos.

Así se ha podido frenar, en cierta medida, el impacto negativo de la acumulación de basura por los temporales. La tarea por delante, sin embargo, es inmensa, porque gran parte de la playa aún sigue cubierta por la capa de fragmentos. Esta masa es tan espesa en muchos sitios la capa que recubre toda la arena tiene la altura de la palma de una mano con los dedos extendidos. Y al pisarla, uno siente al caminar como si estuviese andando sobre moqueta o tarima flotante porque no alcanza a ver la arena, que ahora se intenta redescubrir con el auxilio de la pala y de llevar la basura lejos del alcance del oleaje.