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Cuando un vodevil eclipsa la vida

José Vicente Domínguez CAPITÁN DE PESCA Y MARINA MERCANTE

SOMOS MAR

PAUL DALY

20 feb 2022 . Actualizado a las 04:52 h.

Veintiuna personas entre muertos y desaparecidos. Un oficio sacrificado. De los más sacrificados, diría yo. Un barco que se hunde y con él la vida de decenas de familias. Tres o cuatro días de noticias impactantes; dolor; mucho dolor e impotencia. Horas, días y noches inolvidables para las madres, esposas, hijas, hijos y hermanos que en su terrible duelo, pensarán que todo se debe al cruel destino de la vida; aunque algunos piensen en el no menos cruel egoísmo de quienes rigen los destinos de una industria para la que no existen los temporales.

Familias de esos muertos y desaparecidos conocedores del trabajo de sus deudos, acostumbradas a considerar como parte del oficio el hecho de trabajar con olas como edificios y vientos tan fuertes y fríos que congelan las mucosas y hasta los pensamientos. Gélido viento que provoca rociadas de agua fría y mortal que no permite pensar en el riesgo, cuando toda la mente está ocupada en mantener el equilibrio y escapar de las olas que, a través de la rampa de pesca, inundan la cubierta como violentas y planas cascadas.

Y cuando llega la hecatombe, hay marineros que la ven venir y otros que no pueden escapar. Tanto unos como otros intentan aferrarse a la vida viendo que la luz se apaga. La de sus mentes y la del flujo eléctrico. Es probable que no piensan en nada concreto. El frío obnubila sus mentes. Y también quiero pensar que no existe sufrimiento extremo para esos sacrificados valientes; tan solo aceptación de la fatalidad mezclada con el natural afán de supervivencia, hasta que la cruel realidad de las frías aguas, sosiega su ánimo ante un hecho irreversible.

Mientras tanto, lejos de Terranova, los titulares empiezan a alejarse, dejando paso a un vodevil que eclipsa las vidas reales. Ahora, las noticias se vuelcan con el sainete de un partido político que releva al teatro de variedades de otro partido en un no lejano ayer. Y las doloridas familias, se rebelan contra la crueldad de lo noticiable. Les cuesta aceptar que las veintiuna personas entre muertos y desaparecidos del Villa de Pitanxo, pasen a engrosar una larga historia de olvidadas desgracias marítimas, pensando que todo se debe a una cuestión de fatalidad. Aunque algunos sabemos que tales desgracias no ocurrirían si los barcos dejasen de pescar con olas como edificios.