Patrocinado por

Del desbarajuste a las cadenas de valor

Fernando González Laxe EXPRESIDENTE DE LA XUNTA DE GALICIA

SOMOS MAR

Lucy Nicholson | Reuters

08 nov 2021 . Actualizado a las 08:31 h.

La economía mundial está registrando un intenso crecimiento después de la etapa dominada por la pandemia. Dicha recuperación ha estado aupada por las políticas de apoyo llevadas a cabo por los gobiernos y organismos internacionales, estimulados por las políticas monetarias impulsadas desde la Reserva Federal americana, el Banco Central Europeo y el Banco de Japón. Asimismo, los procesos de vacunación masiva estimularon el regreso a la normalidad y contribuyeron a restaurar la movilidad, el trabajo presencial, y las ganas de volver a una situación controlada y segura. Tanto el FMI como el Banco Mundial afirman, en sus últimos informes, que el PIB mundial ha recuperado los niveles precrisis, aunque en términos de empleo todavía queda una notable distancia por recorrer.

El nuevo contexto internacional está caracterizado por un profundo incremento de la demanda que está perturbando la oferta. Se constata un agotamiento de ciertas materias primas, como acero, hierro, cobre, aluminio (con elevación de sus precios), y de algunos componentes necesarios para los procesos productivos de manufacturas, poniendo en cuestión la vuelta a la normalidad de la capacidad productiva de ciertas fábricas e instalaciones industriales; alertando, con ello, a determinadas áreas territoriales, dadas las actuales dinámicas de desindustrialización y desterritorialización empresarial. De la misma forma, algunos establecimientos sufren interrupciones en sus suministros y aprovisionamientos. Esta situación se completa con un aumento muy notable de los fletes y afectando al transporte marítimo de contenedores. Ambos rasgos contribuyen a presionar a la inflación, tanto en lo tocante a los precios de los bienes manufacturados como a los bienes de consumo privado.

Hoy en día presenciamos importantes subidas de los índices de fletes de contenedores, que son tres veces más elevados que hace un año. De ahí que, ante la fuerte demanda de bienes de consumo, se contribuya a alimentar una inflación, aunque sea temporal. El principal reflejo es que los barcos están siendo utilizados a casi plena capacidad pero la escasez de contenedores es manifiesta, de ahí que se presencien retrasos en las entregas y se contemplen problemas de congestión en la mayoría de los puertos. Dichos cuellos de botella están relacionados con la baja productividad de las terminales, la insuficiencia de los depósitos de contenedores y la carencia de trabajadores. Las cifras plasman aumentos de tráficos en Los Ángeles/Long Beach (41 %), New York/New Jersey (30 %), Shenzhen (24 %), Ningbo (21 %) y Tianjin (20 %) a lo largo del primer semestre de este año; en comparación con aumentos más reducidos de otros recintos portuarios, especialmente europeos, como Amberes (5,1 %) y Hamburgo (5,5 %), o como Hong Kong (1,8 %). Estamos, pues, en una situación atípica que va a perdurar durante un tiempo (se calcula entre medio año a un año), hasta que todo vuelva a comportarse como un ciclo normal.