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Reequilibremos el marco regulatorio

Fernando Otero Lourido SECRETARIO GENERAL DE LA CONFEDERACIÓN MAR INDUSTRIA ALIMENTARIA

SOMOS MAR

RAMON LEIRO

11 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Conviviendo a diario con operadores del sector mar alimentario, llama la atención la resignación con la que asisten al progresivo deterioro del marco global que condiciona sus actividades, su vida y su futuro. Que, por cierto, es el de todos.

Incluyo ahí amenazas como el implacable recrudecimiento de la regulación de todas las actividades productivas, los nunca resueltos abusos en el seno de la cadena producción-distribución, o la progresiva merma de nuestras fuentes locales de suministro de alimentos. Una puerta abierta a la irrupción de sustitutos foráneos y de novedosos negocios supuestamente benéficos aupados de repente con el patrocinio del pool filantrópico global en boga, y aspirantes a alfombra roja allí donde nuestros pescadores y productores llevan décadas padeciendo cerrojazos.

Debemos estar más atentos, porque todo eso acarrea presiones y desequilibrios en las expectativas de multitud de sectores mar alimentarios que operan con ejemplar sostenibilidad ambiental, económica y social, a la vanguardia mundial muchos de ellos. Y es capaz de arrasar a su paso las fuentes de sustento socioeconómico de nuestras comunidades costeras, al tiempo que apuntilla la ya debilitada autonomía alimentaria europea.

Pero hay esperanza. Si para algo sirve la crisis sanitaria es para abrirnos los ojos sobre el hecho de que occidente dependió inerme de la importación asiática hasta para el suministro de mascarillas de trapo. Es más perentorio que nunca proteger actividades tan básicas como la sanidad, la capacidad productiva, la alimentación o el equilibrio de los canales comerciales, mecanismo este muy necesario para el funcionamiento justo de la cadena de valor, la preservación de nuestra riqueza local y nuestra pervivencia colectiva.

Vemos a diario cómo se afanan en el control de riesgos sanitarios: las autoridades ahí son muy activas, hay agentes y técnicos encima de las empresas y sancionan con rigor. Eso prueba que vigilar es posible y, cuando hay voluntad política, hay medios. Pues exigimos idéntica diligencia para la vigilancia activa del equilibrio de la cadena alimentaria, además de una reacción de todas nuestras autoridades mucho más enérgica y eficaz ante los problemas que padecen tantos sectores productivos.

La Agencia Estatal de Información y Control Alimentarios nació para eso. Las autonomías cuentan con departamentos con competencias en la materia. Y la Unión Europea es férrea cuando interesa. No hay excusas. Una regulacio?n efectiva de pra?cticas comerciales, un buen observatorio de la cadena de valor, la dotación de medios ejecutivos para hacerlos valer o el compromiso interadministrativo para impulsar una producción mar alimentaria nacional europea fuerte son herramientas indispensables. Y todos esos organismos deben activarlas, asegurando el hoy escuálido equilibrio de la cadena, la pervivencia digna y territorialmente equilibrada de nuestras comunidades, y la disponibilidad de alimentos propios de primera calidad.

¿Qué hay superior a eso?