Recurso eólico marino


Steven Pinker escribió: «El equipo que traiga al mundo energía limpia y abundante beneficiará más a la humanidad que todos los santos, héroes, profetas, mártires y laureados de la historia juntos». Los legisladores españoles se han sumado a la propuesta y el pasado día 13 aprobaron la Ley de Cambio Climático. Vamos tarde, afirma la ministra de Transición Energética, pero no hay marcha atrás. Los pasos orientados a favorecer la descarbonización y utilizar energías limpias y sostenibles serán firmes, aunque supongan -en demasiadas ocasiones- reconversiones industriales para las que España no está preparada. Nunca lo estuvo.

El asunto de moda estas semanas es el de la energía eólica marina. Homero nos enseñó que Eolo, el dios del viento, y sus cuatro hijos Boreas, Notos, Euro y Zéfiro, tenían su morada en las Islas Eólicas. Los investigadores gallegos apuntan un nuevo hallazgo. Eolo y descendientes debían tener segunda residencia en algún lugar entre cabo Finisterre y la Estaca de Bares. Esa es la franja marítima (afirman los técnicos lo que ya conocían los hombres de la mar desde que el Ortegal se levantó del fondo de los océanos) en la que «el recurso eólico es óptimo». Vamos, dicho en plata, que soplan unos vientos que te descoyuntan las vértebras, levantan olas grises en la panza y blancas en las crestas y hacen crujir las cuadernas de los más robustos navíos.

Después de considerar la distancia a la costa, profundidad, caladeros de pesca, áreas marinas protegidas, corredores de navegación y un montón de variables más, los últimos conocimientos indican que «la mayor franja sin restricciones (en la que instalar un parque eólico marino) se encuentra en la parte noroeste, frente a las ciudades de Ferrol y A Coruña». Hay otras zonas de enorme potencial eólico, naturalmente, como la Costa da Morte, la franja entre la ría de Vigo y la frontera con Portugal, áreas de la Mariña lucense, y otras. Será por mar y viento, que en Galicia tenemos para empaquetar y exportar a medio mundo. Bueno, dicho en términos técnico-científicos: «esta región cuenta con los mejores valores de velocidad eólica marina de la Península Ibérica». Y de todas sus islas y archipiélagos, añadiríamos desde aquí.

Tal vez pronto veamos molinos de viento reconvertidos en aerogeneradores a unas cuantas millas de la costa. Sus enormes palas las moverán las suradas cálidas y húmedas desde octubre a marzo y el nordeste seco y frío de abril a septiembre. Los vientos de la mar, desde las ventolinas hasta los temporales huracanados, pasando por las brisas, los vientos frescos y las borrascas, modelan las costas, cambian los climas y condicionan nuestras vidas.

Tal vez nos ayuden a relacionarnos mejor con la naturaleza. Ojalá.

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