¿Estaría usted dispuesto a donar su cuerpo... para el abono?

El grupo de biotecnología microbiana del CEU San Pablo cuestiona el uso de cadáveres para hacer abono aprobado en el estado de Washington, apoyándose en los resultados de una investigación que muestra como los terrenos en explotación donde se han usado abonos de origen animal presentan una mayor carga de bacterias resistentes a antibióticos.

Un estudio muestra que los suelos cultivados donde usaron abonos de origen animal presentan más bacterias sobre las que no hacen efecto los antibióticos
Un estudio muestra que los suelos cultivados donde usaron abonos de origen animal presentan más bacterias sobre las que no hacen efecto los antibióticos

redacción | la voz

A mediados del mes pasado, Washington dio luz verde a una norma que permitirá convertir los cuerpos humanos en compost. Gracias a la iniciativa promovida por el gobernador Jay Inslee, el estado del oeste norteamericano se convertía en el primero de los Estados Unidos en permitir esta práctica. Aunque la nueva norma no entrará en vigor hasta mayo del año que viene, su mera aprobación ha generado ya un debate en torno a la idea de convertir los cuerpos humanos en abono. Mientras el programa mediambiental del gobernador la defiende porque, como recogió en su día The New York Times, resulta interesante porque no hay ataúd, ni productos químicos, ni combustibles fósiles necesarios en prácticas alternativas como la cremación, otros creen que no es tan bueno ni ecológico como parece. El debate incluso ha saltado el Atlántico, donde investigadores del grupo de biotecnología ambiental de la Facultad de Farmacia de la Universidad CEU San Pablo cuestionan esta práctica, del mismo modo que cuestionan el empleo de abonos de origen animal que no hayan pasado por un filtro previo adecuado. ¿Por qué? Porque podrían transmitir al suelo problemas como la resistencia a antiobióticos provocada por el exceso de consumo de estos fármacos tanto en sanidad animal como humana.

El debate plantea otra pregunta: ¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que un suelo no presente resistencias a los antibióticos derivadas del uso de abonos orgánicos o del riesgo con agua con muestras de fármacos? 

El grupo de investigación en biotecnología microbiana, compuesto por los profesores Pedro Antonio Jiménez, Agustín Probanza y Marina Robas, ha realizado un estudio con el que demuestran la prevalencia de poblaciones de bacterias sobre las que no hacen efecto los antibióticos en suelos cultivados. Como explica Marina Robas, en el trabajo estudiaron varios perfiles de suelo, tanto plantaciones de vid abonadas y no abonadas; como terrenos abandonados y otros en los que no había cultivos. También analizaron cuadrículas de olivo y de almendro, todas ellas regadas con agua del río Tacuña. «Lo que pudimos comprobar es que los terrenos que presentaban mayor resistencia a los antibióticos eran aquellos que estaban cultivados, pero no había prácticamente mucha diferencia entre los abonados y los que no lo estaban. La razón es que el origen del problema está tanto en la aplicación de abonos como del agua con la que se riega el terreno y que también puede contener restos de antibiótico».

Sobre este primer resultado, este grupo de investigación continuará trabajando: «Ahora haremos otro estudio para comprobar en qué medida esas resistencias que hayamos en los suelos pueden pasar a los productos cultivados en ellos y, por tanto, al ser humano que los consume». En este sentido, Robas hace hincapié en la urgencia de ser más estrictos en el control de los suelos en los que se cultivan productos con la etiqueta ecológica porque, como apunta, «hemos comprobado que las resistencias a los antibióticos perduran al menos diez años después de haber cesado un cultivo convencional». 

Períodos de espera entre un cultivo convencional y otro ecológico

De todas formas, no hay que esperar una década para usar un suelo que estuvo en producción no ecológica para poder plantar o sembrar cultivos que luego lleven certificación ecológica. La normativa europea, según explican fuentes de Consello Regulador de Agricultura Ecolóxica de Galicia (Craega), marca que antes de sembrar un cultivo que va a ser certificado como ecológico tienen que pasar al menos dos años para convertir el terreno que antes estuvo produciendo de modo convencional. Explican además que durante «ese período de transición, o agricultor pode seguir cultivando na súa parcela mantendo as prácticas de agricultura ecolóxica, pero en ningún caso debe comercializar o seu produto co selo. No caso de que non se trate de plantas anuais como o viñedo, frutais ou pequenos froitos, a reconversión será de tres anos».

Pero no solo basta con dejar el suelo a barbecho durante ese período. El equipo de auditores del Craega realiza controles periódicos a todos los operadores que están inscritos en el consello regulador para comprobar que cumplen la normativa europea de producción ecológica. «Unha vez superado o período de conversión, realízase unha visita de seguimento anual como mínimo. O técnico supervisa in situ o proceso de produción, evalúa o sistema empregado para asegurar o cumprimento dos requisitos, efectúa unha inspección visual dos medios de produción e, nos casos en que o considere necesario, toma mostras», apuntan.

Lo habitual, de modo general, las muestras se toman desde el comienzo del proceso de certificación o cuando hay la sospecha de riesgo de contaminación. El reglamento europeo marca un mínimo de muestras que deberán programarse a lo largo del año. También se toman muestras al azar para completar el estudio. Esas prospecciones son remitidas a un laboratorio acreditado por ENAC (Entidade Nacional de Acreditación). De detectar contaminación, esta tiene que ser solventada por el productor. Desde Craega recuerdan que en Galicia, como en la mayor parte de comunidades españolas, la acreditación de ecológico la hace un órgano público como Craega

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