Un trabajo del CIAM reduce un 5 % la huella de carbono bruta de las granjas de leche gallegas

Maruxa Alfonso Laya
Maruxa Alfonso REDACCIÓN

GANADERÍA

ALBERTO LÓPEZ

Agacal lidera en España un proyecto en el que participan 30 entidades europeas para lograr explotaciones más sostenibles

03 mar 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Desde hace unos años, autoridades y consumidores han puesto el foco en la agricultura y en la ganadería como una de las fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero. Y, desde entonces, el sector se ha puesto a trabajar en buscar una forma más eficiente de producir. Un ejemplo es el proyecto en el que, desde el 2022, trabaja el Centro de Investigacións Agrarias de Mabegondo (CIAM), dependiente de la Axencia Galega da Calidade Alimentaria (Agacal). Su objetivo es sentar las bases para que las granjas de leche puedan ser climáticamente neutras. Por ahora, los investigadores gallegos han conseguido reducir un 5 % las emisiones de carbono brutas de las explotaciones sobre las que trabajaron.

En la investigación participan más de treinta entidades de toda Europa, que cuentan con un presupuesto de 15 millones de euros financiado por el partenario europeo de innovación. «Creáronse 23 grupos que fan accións sobre o campo, en distintos ámbitos da agricultura e da gandería. Deles, nove grupos son de leite e o de España o lidera o Agacal», cuenta César Resch, investigador del CIAM que dirige este trabajo. Cada uno de estos grupos actúa a nivel local «e coordina os resultados co restos dos grupos».

El objetivo del grupo gallego era el de alcanzar una serie de medidas que permitan la mitigación de los gases de efecto invernadero en las explotaciones de vacuno de leche. «Dedicimos traballar con empresas que teñen actores sobre as granxas, como conselleiros», cuenta Resch. Así que a la iniciativa se sumaron Danone, Nestlé, Naturleite, Entrepinares, Agronovo, Alltech, Leite Río, Central Lechera Asturiana y Leche Pascual, además del Laboratorio Interprofesional Galego de Análise do Leite (Ligal) y la entidad financiera Caixa Rural Galega.

Granjas participantes

Lo primero que se hizo fue, con la ayuda de las industrias lácteas, seleccionar entre nueve y diez granjas de cada de ellas una para recoger una serie de datos. A mayores, se eligió una explotación, de las que trabajan con las industrias, en la que los técnicos del CIAM eran los encargados de efectuar todas las mediciones. «Traballamos cun total de 80 granxas, das cales once eran especiais porque as fomos visitar nós seis veces en dous anos. A metade eran galegas e o resto eran do resto de España, de comunidades como Asturias, Cantabria, Cataluña o Castela e León, entre outras», afirma.

En esas once granjas seleccionadas «falamos con propietarios e lles propuxemos algunha recomendación en alimentación, en reprodución, en agrupamento de animais... A idea era que esas medidas que se implementaban se estenderan despois ás outras granxas», añade este investigador. Los resultados fueron de lo más prometedores porque «nese período conseguimos rebaixar a pegada bruta das explotacións nun 5 %», asegura.

¿Qué medidas fueron esas? Pues lo primero que hicieron fue aplicar un test de preñez. «Identificamos aquelas vacas que se supoñía que estaban preñadas, porque así o confirmara o veterinario, pero que en realidade non o estaban e había un 5 % de animais que non o estaban», asegura. La segunda propuesta fue la reagrupar a los animales para diseñar las raciones de alimentación. «Seguimos alimentando a todas as vacas por igual e non é razoable darlle o mesmo a unha vaca que produce 65 litros de leite que a unha que produce 28. As racións deberían ser máis individuais», sostiene. Y la tercera propuesta que llevaron a las granjas «foi falar do tema cos gandeiros, porque moitos non sabían de que ía isto e creo que simplemente poñer o tema sobre a masa xa axudou», afirma Resch.

Unificar criterios

Otro de los objetivos de este programa era el de unificar los criterios y métodos que se utilizan para la medición de los gases de efecto invernadero, porque actualmente se utilizan programas diferentes que dan resultados distintos. «Precisamos conseguir unha ferramenta común», insiste Resch. En este programa emplearon el programa francés CAP2’ER y constataron que las emisiones brutas de las granjas pasaron de 1,09 a 1,03 kilos de carbono equivalente por litro de leche. Pero es consciente de que, con otro método, estas cifras habrían sido diferentes, por eso prefiere hablar de que el proyecto ha logrado una reducción del 5 % de las emisiones.

Por otro lado, Resch pone el foco en que ellos hablan de emisiones de carbono brutas. «En agricultura e gandería é moi complexo medir as emisións. As vacas emiten en función do que comen e comen en función do que se cultiva e se cultiva en función do que hai... e todo iso suma, pero tamén é unha actividade que resta, porque os cultivos secuestran carbono e iso é algo que non consideramos neste proxecto», explica el científico.

Este investigador asegura que la Unión Europea está preparando una regulación sobre la cantidad de carbono que secuestran actividades como la agricultura, a través de los cultivos, de las praderas permanentes y de todos los elementos del paisaje. «Galicia vai ter aí unha vantaxe comparativa porque ese secuestro pode influír entre un 10 e un 30 % na redución das emisións», añade. Ventaja que no tendrán otras granjas de España, donde la vegetación no es tan abundante. También destaca que, en los últimos años, el sector agroganadero se está poniendo las pilas y destinando muchos recursos a ser más productivo y sostenible.