La vaca caldelá también pace en Lugo

Esta res, de imagen inconfundible, tiene un peso algo menor que las de otras razas


vilalba / la voz

Una explotación de ganado vacuno de carne no es rara sino todo lo contrario en muchas comarcas de Lugo. Si está orientada al modo ecológico, tampoco resulta sorprendente. Si su cabaña está formada por reses de raza caldelá, puede parecer más extraña, pero será posible encontrarla. Andrés Verdes, residente en la parroquia de Baroncelle (Abadín), cumple esas tres condiciones en una explotación que tiene unas 70 reses en total.

Una vaca de raza caldelá es fácilmente reconocible por sus cuernos. Para alguien que trabaja con ellos, hay otros muchos rasgos importantes. «É unha vaca moi autosuficiente», afirma este ganadero. Los terneros son más pequeños que los de otras razas al nacer, y su alimentación hasta los ocho meses se compone de leche de manera prácticamente exclusiva.

Verdes explica que estas vacas no son muy diferentes de algunas que se pueden ver en zonas de Castilla y León y que su comportamiento tampoco es muy distinto. Cuando se utilizan en trabajos de una explotación, su rendimiento era bueno; cuando simplemente pacen, no hace falta estar pendiente de ellas. El comportamiento de una vaca de esta raza con sus terneros también parece un motivo de tranquilidad para los ganaderos: «Defende perfectamente á cría, é moi protectora», destaca .

La carne presenta algunas diferencias, ya que, por ejemplo, es más oscura. En cambio, el aporte de proteínas resulta mayor, apunta Verdes. Sí es menor, en cambio, el número de reses que se ven, ya que la raza rubia gallega es la dominante en las explotaciones de producción cárnica. Este ganadero de Abadín reconoce que las reses de la raza que él cría tienen un peso en canal menor que el de las rubias -unos 170 kilos en las caldelás frente a unos 240 o 250 en las otras, dice-, aunque también deben tenerse en cuenta otros rasgos diferenciadores. «A rubia galega é unha vaca que se deixa manexar pola corda; esta é independente», explica Verdes. «Que ninguén ande arredor dela, porque non lle fai falta», recalca.

Ninguno de esos matices resultó un escollo para el paso del sistema convencional al ecológico. Verdes subraya que el proceso fue sencillo y que la permanencia en ese sistema tampoco entraña dificultades. Incluso cree que merece la pena dar ese paso si se dispone de una estimable superficie. Por otro lado, advierte de que el pienso ecológico, necesario para la alimentación de los animales, no implica un gasto significativamente superior al convencional.

En cuanto al terreno, en una parroquia como Baroncelle hay la ventaja de que está terminada la concentración parcelaria, con lo que las fincas, tanto las propias como las conseguidas en alquiler, están a poca distancia. La existencia de una base territorial es una condición indispensable, según Verdes, para afrontar una experiencia de este tipo o para ensayar una ampliación. «Toda explotación que non teña base territorial está abocada ao fracaso», asegura Verdes.

Todos los becerros, unos 36 al año, son sacrificados por una empresa, que los compra y los lleva luego al matadero. Verdes considera que la línea de futuro, tanto en su caso como en otros, está clara, aunque depende de la aceptación del mercado. En ese asunto, como reconoce, el precio final actúa como una poderosa razón para que el consumidor elija un producto de este tipo o escoja otro. Él opina que el precio no debe ser el único detalle que distinga un producto ecológico frente a uno convencional. «Un produto ecolóxico non ten que ser máis caro, ten que ser de máis calidade», subraya.

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