El gran reto rural: conservar los caminos tradicionales y facilitar el acceso a la maquinaria pesada
AGRICULTURA
La evolución del modelo agrícola dominante en Galicia y la mejora tecnológica han obligado a agrupar parcelas para ser competitivos, pero esa labor no está reñida con la conservación del paisaje
25 jun 2021 . Actualizado a las 21:19 h.Observar Galicia a vista de pájaro es ver un mosaico de fincas —la comunidad tiene en torno a los once millones de parcelas rústicas repartidas entre 1,6 millones de titulares— que oscilan entre los tonos verdes y marrones, un paisaje dividido en cuadrículas, hexágonos, triángulos, octógonos... con una medida totalmente irregular. Ese minifundismo, capaz de despistar al mismo satélite Sentinel, responde, como explica la arquitecta experta en Paisaje Isabel Aguirre de Urquola, «a una estructura agrícola muy fragmentada y a que, tradicionalmente, todas esas fincas estaban conectadas por una enorme y complicada red de caminos en cuyos límites solían levantarse muros de piedra hechos con mampostería seca para que los animales no asaltaran las leiras al ir de un lugar a otro». De hecho, la técnica constructiva conocida como pedra seca fue el primer bien inmaterial incluído por Galicia en la lista representativa del Patrimonio Inmaterial de la Unesco.
Esa estructura respondía, por tanto, a un modelo agrícola propio de una época en la que la mayor parte de la población rural se dedicaba al sector primario. Pero los tiempos cambiaron, la población del campo emigró a terceros países o a las ciudades y las explotaciones que continuaron funcionando, o las nuevas que se fueron creando, fueron transformándose en empresas con unas demandas muy diferentes a las de antaño. Solo un ejemplo: el número de explotaciones lácteas bajó un 25,6 % en Galicia entre enero del 2015 y diciembre del 2019, pero el número de animales por granja es mayor.
¿Qué ha pasado entonces con esos miles de caminos? «Parte de esa compleja red todavía se conserva otra está abandonada y también muchos de esos senderos o muros que separaban las fincas fueron destruídos», dice Isabel Aguirre.
Porque la transformación agrícola vino acompañada de una urgencia de base territorial por parte de las explotaciones para poder ser más competitivas, reduciendo los costes de producción cultivando sus propios pastos o maíz para alimentar al ganado.
El salto tecnológico que se produjo en el campo también hizo que muchos de los caminos que formaban parte de esa red se quedaran y se quedan todavía pequeños para facilitar el acceso de los grandes tractores o máquinas con las que ahora se trabaja la tierra. «Hai camiños estreitos que non pasan as máquinas. A nós pásanos. Son os que os maiores chaman camiños de carros e que teñen un ancho de entre dous ou tres metros. Cando é un camiño público aínda poden facer algo os concellos, pero cando é unha servidume, ao ser privada, tenche que deixar pasar o dono», explica un ganadero de leche de A Laracha. En su caso, por ejemplo, para acceder a fincas que no entra un tractor grande lo que hace es usar aperos más pequeños: «Cando lle levas as fincas a alguén, tés que levarlle as boas e as malas. Naquelas que son máis malas pois as limpias unha ou dúas veces no ano para non sacar prácticamente nada, pero bueno».
«Cando lle levas as fincas a alguén, tés que levarlle as boas e as malas»
La mejora de los caminos rurales que dan acceso a parcelas agrícolas es una de las vías de trabajo de la Axencia Galega de Desenvolvemento Rural (Agader). Su objetivo: facilitar los trabajos a agricultores y ganaderos. Precisamente este miércoles, la agencia acaba de tramitar el pago anticipado de las ayudas del plan para mejorar los caminos municipales para acceder a esas parcelas. En total, son 180 los concellos que podrán beneficiarse de 4,061 millones de euros que se corresponden con un anticipo del 50% del presupuesto del 2021, dado que las ayudas son bianuales.
Cómo combinar la mejora de esas vías de acceso a las fincas o el nuevo diseño territorial que marcan las concentraciones parcelarias o las fórmulas de revalorización del terreno recogidas en la Lei de Recuperación da Terra Agraria para optimizar la producción en el sector primario, pero respetando el valor medioambiental, cultural y paisajístico de esos senderos o muros, resulta otro de los asuntos en los que trabaja Agader. Para ello cuenta, por ejemplo, con un manual en el que el Colegio de Ingenieros Agrónomos con la colaboración de las empresas encargadas de realizar los estudios de las concentraciones analizarán todas esas variables para poder integrar del mejor modo el uso agrario con el medioambiental. «Hace cincuenta años las concentraciones parcelarias se hacían sobre un lienzo en blanco; eso cambió mucho porque ahora hay que respetar las directrices del paisaje, el patrimonio natural...., pero todavía se puede hacer más», apunta la directora xeral de Agader, Inés Santé.
Porque, como apunta Isabel Aguirre, por ejemplo «esos muros de mampostería seca guardan una gran biodiversidad», algo primordial para garantizar la producción de alimentos o frenar plagas. De hecho, la directora xeral de Agader recuerda que aunque no están todavía cerrados qué ecoesquemas (prácticas respetuosas con el medioambiente que pueden adoptar voluntariamente los agricultores o ganaderos, aunque son obligatorias para los estados) recogerá la nueva política agraria común (PAC), se ha hablado de un pago por la conservación de metro lineal de esos muros o por las franjas vegetales que los rodean, como espacios que fomentan la conservación de especies: «Los elementos asociados a esos caminos como las alineaciones de árboles podrían constituir un ecoesquema y que quienes los conserven reciban una compensación por ello», comentó. De ahí que confía en que integrar una mayor productividad del campo con la conservación del medio ambiente, la cultura y el paisaje puede lograrse.
