Agricultura de precisión para reducir un 20 % el uso de fitosanitarios en el viñedo

Drones y aplicaciones informáticas pueden aconsejar la cantidad de producto a utilizar por los viticultores


redacción / la voz

Drones que estudian el viñedo y elaboran un mapa de la cantidad de vegetación que hay en cada parte de la parcela. Una aplicación que, a partir de ese mapa, diseña otro en el que establece la cantidad de fitosanitario que se debe aplicar en cada parte de la finca en función precisamente de la vegetación que existe en cada lugar. Y tractores que, de forma automática, interpretan todos esos datos y regulan ellos solos la cantidad de producto que se debe aplicar en cada parte del viñedo. Es la agricultura de precisión que permite a los viticultores reducir hasta en un 20 % la cantidad de fitosanitarios y que ha sido desarrollada gracias al proyecto Gophytovid, un grupo operativo liderado por Bodegas Torres y en el que, además de otras bodegas españolas, participa Martín Códax y la Universidad Politécnica de Cataluña y la de Lleida.

Los participantes en este proyecto realizaron ayer un seminario a través de Internet para presentar los primeros resultados. En esa sesión, el director técnico de Bodegas Martín Códax, Miguel Tubío, explicó que Galicia tiene grandes problemas con la aplicación de los fitosanitarios. Primero, porque es una zona con una climatología muy favorable para el desarrollo de enfermedades fúngicas. «Durante abril y mayo, el 95 % de los días hubo condiciones favorables para la infección secundaria de mildiu», argumentó. Y, en segundo lugar, porque muchos de los viñedos de esta región se ubican en las inmediaciones de las viviendas, de ahí que la bodega esté especialmente interesada en reducir el uso de estas sustancias y haya participado, en los últimos años, en numerosos proyectos de investigación sobre esta materia.

Gophytovid parte de la premisa de que «los cultivos de viñedo son muy diferentes entre sí y no tiene sentido que en todos se aplique un volumen fijo de fitosanitarios», explicó Javier Campos, profesor de la Universidad Politécnica de Cataluña. El proyecto pretende buscar una fórmula que permita una aplicación variable de estos productos pero de una forma automática y que sea sencilla para el viticultor. El proceso que han diseñado es completamente automático y comienza con un dron que sobrevuela la parcela en la que se quiere aplicar el tratamiento. «Elabora un mapa de vigor, que clasifica la vegetación de las diferentes zonas. Es una tecnología que ya se utiliza en cultivos bajos, como el cereal», añadió Campos.

Posteriormente, se realiza una caracterización manual de la vegetación de cada zona, para comprobar que el mapa se ajusta a la realidad del cultivo. Todos esos datos se introducen entonces en la aplicación informática Dosaviña, que ya puede descargarse en los móviles y que se ha convertido en un sistema muy utilizado «en las grandes regiones vitivinícolas del mundo», afirmó. De ahí se obtiene un mapa de prescripción a partir del cual, posteriormente, se elabora otro de aplicación real. Esa información se traslada a las máquinas que se encargarán de aplicar el tratamiento en el viñedo. En el programa se está trabajando con dos prototipos diferentes, dotados de pantallas táctiles y sistemas de GPS. Esto permite a la máquina localizar en qué parte de la parcela está el tractor y, de forma automática, regular la cantidad de fitosanitario que es preciso aplicar, evitando desperdiciar el producto.

Los primeros resultados del proyecto apuntan a que este sistema permite ahorrar alrededor de un 20% en litros de agua y en materia activa, siempre que se mantengan las concentraciones del producto. Eso sí, la eficacia del tratamiento es la misma que cuando se utilizan los sistemas de aplicación fijos. «Comprobamos que se mantiene la misma eficacia biológica», concluye Campos.

La necesidad de adecuar las dosis a las características de la vid y de la maquinaria

En la jornada, los diferentes participantes destacaron la importancia de adecuar las dosis de fitosanitarios que se aplican tanto a las características del viñedo como a las de la maquinaria que se utiliza en la aplicación de estos productos. Sin embargo, el catedrático de la Universidad Politécnica de Cataluña, Emilio Gil, dejó claro que la legislación actual, así como las recomendaciones que figuran en los envases de estas sustancias, no son las más adecuadas. De hecho, en su opinión, «se puede reducir la cantidad de producto que se está utilizando sin renunciar a su eficacia», argumentó. El problema, añadió, es que las dosis de producto que figuran en los envases actualmente no tienen en cuenta ni la variabilidad del viñedo, ni la eficacia de los diferentes sistemas de aplicación.

«El objetivo que queremos tratar es la parte verde del viñedo y hay una gran variabilidad entre parcelas», añadió. Tampoco se utilizan siempre las mismas máquinas y hay algunas que son mucho más eficaces que otras. «Hay algunas que permiten una aplicación más adecuada», argumenta. La tercera pata son las recomendaciones de aplicación que figuran en los envases, «que deberían expresar las dosis del producto en función del volumen de vegetación», argumenta. Recomendó también, «invertir tiempo en ajustar los equipos» y utilizar «boquillas antideriva, que no disminuyen la eficacia de los tratamientos». Ajustando todos estos parámetros es posible reducir la cantidad de fitosanitarios que se utilizan sin renunciar a su eficacia, concluyó.

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