El récord de lindes en A Estrada: más de 36.800 kilómetros de fronteras

Las separaciones de fincas darían para rodear la Tierra; es el tercer municipio español por fragmentación

Los postes que marcan la división de las fincas se multiplican en el paisaje de A Estrada
Los postes que marcan la división de las fincas se multiplican en el paisaje de A Estrada

A Estrada / La Voz

A Estrada ostenta el récord gallego en longitud de linderos entre fincas. Sumándolos todos, se podría dar casi una vuelta completa a la Tierra. Son en total 36.874 kilómetros de fronteras. A veces delimitadas con muros imponentes. Otras con estacas, piedras, alambres o somieres. Muchas veces desdibujadas por la exuberante maleza que se come los montes gallegos.

A Estrada ocupa además el tercer puesto de España en el ránking de linderos, solo por detrás de los municipios de Murcia y Lorca. En semejante mérito influyen tres factores: la extensión del concello, el estado de las concentraciones parcelarias y la escasa implantación del monte comunal, según explica Xoán Manuel Reices, ingeniero técnico agrícola que conoce el territorio estradense como la palma de su mano.

Con sus 282 kilómetros cuadrados, A Estrada es el segundo municipio más grande de la provincia de Pontevedra y el noveno de Galicia. Un municipio extenso en una tierra marcada históricamente por el minifundio tiene que acumular a la fuerza kilómetros de linderos. Sin embargo, los otros ocho concellos gallegos que superan a A Estrada en extensión suman menos longitud de fronteras entre parcelas.

Y ahí es donde entran en juego la concentración parcelaria y la práctica ausencia de monte comunal. En A Estrada está concentrada la mayor parte de la superficie agrícola. Sin embargo, la parcelaria de montes está mucho menos avanzada y la figura del monte vecinal en mancomún no ha calado. Solo hay uno, en San Miguel de Barcala, que ronda las 140 hectáreas, una superficie ridícula comparada con las de otras zonas y con la extensión total del concello.

«Ao desaparecer os foros,  o que se fixo foi repartir as propiedades entre todos os veciños»

«Noutras zonas, cando desapareceron os foros, os terreos pasaron de ser da Igrexa ou dos nobres a ser de propiedade veciñal. Na Estrada non. Aquí en vez de pasar a ser toda a superficie de todos os veciños, o que se fixo foi repartir as propiedades entre todos os veciños. Ademais, como había zonas mellores, como as carballeiras, e peores, o que se fixo foi repartir cada unha das zonas entre todos os veciños», explica Reices, apuntando una de las razones de tanto linde.

«Unha vez vin un monte plantado con só unha ringleira de eucaliptos»

Mientras en concellos vecinos hay parcelas únicas que superan las 300 hectáreas, en A Estrada, el mapa del catastro es una malla de parcelas minúsculas apretándose unas contra otras. Hay cientos de apenas cincuenta metros cuadrados, de cuarenta o incluso de veinte. «Unha vez vin un monte plantado con só unha ringleira de eucaliptos. A parcela non daba para máis», cuenta Reices. Es la anécdota de una Galicia que aún huele a minifundio forestal y en la que la explotación del monte resulta compleja.

El resultado: montes muy fragmentados y poco valorados en los que la maleza se hace reina y señora y alimenta los incendios.

Para Reices, el antídoto no es tanto la parcelaria de montes como la agrupación de propietarios privados para explotar conjuntamente la zona forestal. «A parcelaria de monte é moi cara, lenta e non está ben feita. Para que fora rendable, tería que deixar fincas de oito hectáreas polo menos. E non se deixan», asegura.

Las Sofor abren las puertas a la explotación de un monte demasiado fragmentado

Según explica Xoán Manuel Reices, las antiguas Unidades de Xestión Forestal (Uxfor) o las actuales Sociedades de Fomento Forestal (Sofor) abren las puertas a una gestión y explotación comunitaria del monte que podría atajar los problemas de la fragmentación.

En A Estrada hay una Sofor funcionando en Requián, dos en marcha en Couso y otras en Montillón. «Somos el concello de Galicia que más Sofor está poniendo en marcha», asegura el alcalde estradense, José López. «La fragmentación del monte, a efectos de gestión, es un problema grave. La explotación del monte requiere extensiones amplias y, si el monte no se explota, hay un incremento del riesgo potencial de incendios», constata López. «Las Sofor son una oportunidad para poner en valor el monte y ordenarlo a pesar del minifundio existente», dice el alcalde estradense.

Pobres de energía

«O monte galego ten moitas posibilidades que non se están aproveitando. Aparte da explotación madeireira están aí a castaña, que é moi rendable, as setas, os animais ceibos ou incluso como espazo de lecer...», comenta el ingeniero técnico agrícola. «O monte é unha auténtica riqueza e témolo abandonado. Eu véxoo como un fracaso social. Unha sociedade que non é capaz de aproveitar o monte é unha sociedade pobre de enerxía», sostiene.

«Na Estrada temos o exemplo da cooperativa Monte Cabalar. Non sei se será rendable economicamente, pero son moitas hectáreas con gando solto polas que a xente vai pasear ou en bicicleta e nas que non volveu haber un incendio», cuenta Reices.

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