Eladio Piñeiro, alma y raíz contra el «infanticidio» del albariño

Serxio González Souto
Serxio González REDACCIÓN / LA VOZ

AGRICULTURA

Martina Miser

Ni notas de mango ni aromas de papaya. Eladio defiende el saber hacer ancestral de O Salnés desde una de las contadas bodegas de Rías Baixas que no elabora vinos del año y acompaña su maduración con música

06 feb 2026 . Actualizado a las 12:25 h.

Aunque nada tiene que ver con el universo del vino, una noción muy antigua vinculaba en Galicia al señor o a la señora de la casa con sus abejas. Hasta tal punto era fuerte aquella ligazón que, cuando él o ella faltaba, el enjambre abandonaba el hogar para no regresar jamás. La pasión con la que Eladio Piñeiro habla de la uva albariña, de sus virtudes y del cuidado que las gentes de O Salnés le deparaban desde tiempos muy remotos evoca una unión telúrica de este tipo. «Un equilibrio entre o home, a terra, as cepas e os astros». La misma filosofía que anima la bodega que Eladio fundó en Vilaxoán tras desprenderse de la marca y del fondo comercial de Mar de Frades en el 2003, a raíz de la enfermedad que entonces se le manifestó a su mujer, Carmen, compañera y fuente de inspiración. De sus manos emergió la emblemática botella azul, la primera que vistió esa tonalidad en el mundo de la alimentación en España. También el trabajo de persuasión, prácticamente puerta a puerta, que llevó a un puñado de viticultores a erigir la denominación de origen Rías Baixas en los años 80. No todo se hizo bien, reconoce el bodeguero arousano, y en corregir uno de los principales equívocos que generó la D. O. en sus primeros momentos se esfuerza desde entonces: la identificación del albariño con un vino joven y la homogeneización basada, en buena medida, en el empleo de levaduras comerciales, ajenas.

«Xeracións anteriores xa chegaran á consideración de que o albariño é unha caste antiga. Dende sempre se gardaron botellas nas casas, que perfectamente podían acadar os dez anos. Pero coa denominación deuse unha mensaxe errónea neste sentido. O viño precisa tempo para desenvolver a súa personalidade, e o albariño é un verdadeiro viño de reserva, que só co paso do tempo desenvolve as súas fantásticas características. É un infanticido que un viño vendimado en setembro estea á venda en decembro ou xaneiro». Un pecado de origen al que él mismo no fue ajeno. Esa búsqueda de un vino tan joven y perfumado como infiel a sus raíces, que ahora trata de enmendar. Eladio Piñeiro es de las muy escasas bodegas de Rías Baixas que no elaboran vinos del año. Incluso su Envidia Cochina, «o máis democrático, o máis demandado», se toma ese tiempo imprescindible antes de salir al mercado. En cuestión de días lo hará la añada del 2024. Nunca la de la cosecha inmediatamente anterior.

Su vino fetiche es, con todo, Frore de Carme, un nombre en el que resuena la prosa de Cunqueiro y, sin embargo, tuvo que mudar en Flor de Carme debido a su difícil pronunciación. «Durante anos foi o único que elaborei, o primeiro viño, que saíu ao mercado con catro anos e logo de quince meses de crianza sobre lías». El espumoso, Flor de Carme Millesime, un brut nature elaborado bajo el método ancestral y la combinación de albariño con espadeiro. Ambos dan lugar a la línea Pezium cuando, en lugar de madurar en bodega, son sumergidos a veinte metros de profundidad en la ría de Arousa durante doce meses para regresar a tierra y reposar de nuevo a fin de que las notas ganadas bajo el mar se manifiesten. Amodiño es un brindis por el albariño antiguo, que fermentaba con su piel y alimentaba el autoconsumo. Del retorno a la botella azul que sugirió Carmen surgió La Ola. Hay aguardientes, licores, vinos dulces y naranjas cuya creatividad rompe los moldes de la denominación y pronto se manifestarán bajo un manto forajido. La bodega vive, como vive la tierra y la viña vive.

Biodinámica, longevidad, filosofía, cultura, levaduras indígenas —«o albariño ten unha forte marca de mazá, sobre todo verde, pero de onde poden saír as notas de mango ou os aromas de papaia?»—, largas crianzas. Son términos y expresiones que pueblan la conversación de Eladio en la penumbra de la sala en la que evolucionan sus vinos, rota tan solo por el haz de luz que desprende un faro. Porque su bodega es, también, un homenaje al mar de Arousa y a su influjo.

Entre los depósitos de acero inoxidable hay lugar para las ánforas, los huevos de cemento y un barril ovoide de madera de roble francés en el que descansa otra elaboración especial, en recuerdo de Xohán Mariño de Soutomaior, fundador de la villa y el puerto de Vilaxoán. Durante doce horas, cada día, en este espacio suenan melodías de inspiración céltica y cánticos gregorianos. «O viño é molecular; non está demostrado que a música exerza influencia nel, pero mal non lle fará», sonríe el bodeguero. En cada lugar de trabajo está presente un calendario biodinámico. «A terra xira en torno ao sol, tarda un ano e xera catro estacións. A lúa fai o mesmo cada mes, xerando días froito, días raíz, días folla e días flor, cada un apropiado para un tipo de labor. A vendima, de feito, debería facerse en día froito, coa lúa minguante e marea baixa». Utópico, tal vez irrealizable, pero ¿alguien podría sostener que no es así?

La bodega de Eladio Piñeiro recrea la forma de un galeón, en la imagen visto desde la popa
La bodega de Eladio Piñeiro recrea la forma de un galeón, en la imagen visto desde la popa MARTINA MISER

Reconocimientos. Caíño y burbujas. Aunque por principio los vinos de Eladio Piñeiro no se presentan ni a catas ni a concursos, un modelo en el que el bodeguero asegura no creer, sí son enviados a diferentes guías y siempre se dan excepciones. Wine Up, por ejemplo, consideró su Novoa como el mejor tinto de España elaborado con caíño. Su Flor de Carme Ancestral Brut Nature se hizo con la medalla de plata entre los cincuenta mejores espumosos elaborados por métodos tradicionales. Por fin, el Consejo Europeo de Cofradías Enogastronómicas, reunido en O Grove, distinguió a Eladio Piñeiro como la mejor bodega del año 2025.