Aguas residuales, las «chivatas» de las mutaciones del virus

Ángel Paniagua Pérez
Ángel Paniagua VIGO / LA VOZ

SOCIEDAD

Beatriz Novoa, con su grupo de inmunología y genómica
Beatriz Novoa, con su grupo de inmunología y genómica M.MORALEJO

Los equipos que estudian la presencia del coronavirus en las depuradoras han encontrado variantes que nunca ha detectado el sistema sanitario gallego y aseguran que las mutaciones empezaron a extenderse en Galicia antes de lo que se creía

17 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El análisis de las aguas residuales en algunos lugares del mundo ha permitido adelantarse a las nuevas olas epidémicas del covid-19. En Galicia han surgido varios proyectos para predecir qué pasará. Ahora el reto es detectar las variantes, ese coronavirus que incorpora mutaciones genéticas que pueden ser preocupantes. El proyecto Dimcovar, que lidera el Instituto de Investigaciones Marinas (IIM) del CSIC en Vigo, lleva haciéndolo desde enero.

El primer análisis de los datos de las depuradoras de Baiona, Melide y Noia entre los meses de enero y marzo revela grandes diferencias en el territorio gallego. «En Baiona ya era muy predominante la variante británica en enero», explica la directora del grupo de Inmunología y Genómica del instituto, Beatriz Novoa. En aquel momento, en Galicia se habían secuenciado menos de un centenar de muestras de la variante británica (el linaje B.1.1.7), según los datos que ofrecía entonces la Consellería de Sanidade. «Sin embargo, en Melide y Noia tenían la variante europea y alguna británica», anota Novoa. La europea o B.1 era la que prevalecía antes de la llegada de la británica, que es más transmisible y que ahora genera más del 90 % de los casos en Galicia.

Para descubrir qué variantes circulan no llega con hacer una PCR, sino que hay que secuenciar las muestras, es decir, obtener todo el código genético. Cuando ese proceso se hace en pacientes, a veces, si no tienen suficiente carga viral, puede fallar. Ejecutarlo en aguas como las que trata una depuradora parece imposible. De hecho, en septiembre lo intentaron y no resultó. Afinaron la técnica y desde enero lo están haciendo.

«El virus está muy fragmentado», explica Beatriz Novoa. Así que no se encuentra entero, sino pequeños trozos. De este modo, no pueden detectar una variante —para eso hay que tener todo el código genético— sino mutaciones concretas que son compatibles con las variantes. «Hemos encontrado mutaciones exclusivas de la variante británica, y otras compatibles con la sudafricana, la brasileña, la neoyorquina y la californiana». Estas dos últimas no se han detectado nunca en el sistema sanitario gallego. La brasileña apareció por primera vez en abril. Pero en las aguas residuales, dicen, ya estaba antes.

El proyecto Dimcovar comenzó el año pasado, centrándose en pruebas PCR con el fin de predecir cuánto avanzaría la pandemia. Analizaban muestras de once depuradoras, y en verano se incorporaron más de zonas que tenían brotes.

Uno de los grandes desafíos es estimar la población de la zona que cubre la depuradora. De eso se encarga el grupo Biotecnia, de la Universidade de Vigo. En el Instituto de Investigaciones Marinas hacen las pruebas con 250 mililitros de agua, pero cualquier sustancia, incluido el virus, va a estar más diluida si se trata de una zona con un millón de personas que si hay 20.000 habitantes. Para estimar la población, el grupo Biotecnia utiliza la cafeína.

El grupo Biotecnia de la Universidad de Vigo, con Claudio Cameselle (izquierda)
El grupo Biotecnia de la Universidad de Vigo, con Claudio Cameselle (izquierda)

«Una parte de la cafeína, que viene del café o de bebidas refrescantes, se excreta, y eso nos puede dar una idea de la población y del grado de dilución del agua», explica el profesor Claudio Cameselle. Con datos históricos conocen la concentración esperada y la pueden comparar. Una vez tratada la muestra, la envían al IIM. «Hemos estandarizado este método. Ahora estamos empezando a emplear otros, como los edulcorantes artificiales, que no se degradan, o el ácido salicílico». Cuantos más datos, más preciso será el modelo.

«Todos os datos que nos proporcionan Geseco [la gestora de la depuradora, que recoge las muestras], Biotecnia, e Inmunoloxía e Xenómica integrámolos e ademais engadimos os do sistema sanitario», explica Irene Otero, del grupo de Ingeniería de Procesos del IIM. Ellos se ocupan del modelo matemático predictivo, que tiene en cuenta variables como los distintos grados de restricciones. Y acierta con una semana de antelación.