Relajar las medidas antes de Navidad traerá una tercera ola del virus en enero

Un estudio del ECDC europeo advierte de la necesidad de no bajar la guardia, mientras que los expertos también apelan a la responsabilidad individual para evitar que se disparen los contagios después de las celebraciones navideñas


redacción

«En mi casa vamos a ser cuatro, cuando habitualmente somos quince. Cuando en una comida o en una cena se superan las seis personas ya me pongo tenso, y  más en Navidad, cuando nos relajamos mucho más y bajamos la guardia». Amós García Rojas, jefe de Epidemiología del Gobierno de Canarias y presidente de la Asociación Española de Vacunología, es de los que les gusta predicar con el ejemplo. Y más cuando es plenamente consciente del peligro que corremos como sociedad, que no es otro que el de exponernos a una tercera ola de coronavirus, cuando el país aún está lejos de superar la segunda.

No es un peligro ficticio, sino una amenaza real, como acaba de revelar un estudio del Centro Europeo de Control y Prevención de Enfermedades (ECDC) en el que, a partir de un modelo matemático que toma como referencia los datos sobre la situación epidemiológica del continente expone qué pasará en Europa si los países relajan antes de tiempo las restricciones para frenar el covid-19. Si las normas vigentes se relajan el 7 de diciembre para salvar la Navidad, en Nochebuena o incluso antes habrá un aumento de casos, de hospitalizaciones y de muertes. Si se liberan el 21 de diciembre, las consecuencias se verán en la primera semana de enero. Será un trágico regalo de Reyes. O, lo que es lo mismo, tanto en un caso como en otro será el inicio de la tercera ola pandémica en Europa.

«Resulta algo obvio lo que va a pasar si bajamos la guardia», asegura Enrique Míguez, jefe de Enfermedades Infecciosas del Chuac de A Coruña, que, al igual que los otros expertos consultados por La Voz, constata que la tercera ola será una realidad si bajamos las precauciones. Pero no se trata solo de mantener las normas actuales dictadas por las autoridades, que se adaptarán de forma gradual en función de si baja o no la incidencia acumulada de casos, sino de que su cumplimiento se interiorice a nivel individual y colectivo. Y ahí radica el problema, porque los expertos han observado un relajamiento de las precauciones.

«Está claro que si nos relajamos vendrá una tercera ola, porque el virus sigue ahí. Y está ahí porque la gente está cansada de las restricciones. No somos nórdicos y nos cuesta evitar las relaciones sociales, pero tenemos que hacerlo», advierte Sergio Vázquez, jefe de Oncología del hospital de Lugo (Hula) y miembro del comité clínico de Sanidade, quien apela, como sus colegas, a la responsabilidad social. Y más si se tiene en cuenta que las reuniones familiares y de no convivientes son el principal foco de contagio, el verdadero peligro. «La hostelería -dice- está cerrada, pero yo veo a la gente que se sigue reuniendo para tomar el café o una pizza en la calle. Y los adolescentes están juntos en grupo». Enrique Míguez coincide en su apreciación: «Si queremos salir de esta situación es necesaria una concienciación general, porque de nada sirve que apliquemos medidas duras si no se cumplen. Si no nos lo tomamos en serio claro que habrá una tercera ola y de poco sirve que la hostelería esté cerrada si luego quedamos en Marineda (un centro comercial) para reunirnos».

Míguez es consciente de que las próximas Navidades «van a ser muy difíciles de planificar a nivel personal», pero insta a hacer un esfuerzo para minimizar los contactos. «La pregunta que habría que hacerse es si realmente los que se van a reunir en Navidad quieren volver a hacerlo el año que viene o si no van a poder hacerlo porque alguno de ellos estará  muerto. ¿Qué es lo que se pretende? ¿Hacer este año la Nochebuena y pasárnoslo todo por el forro o celebrarla el año que viene todos juntos? Sacrificar este año es el precio que tenemos que pagar». Amós García también tiene claro que este año «lo fundamental es salvar vidas, no salvar la Navidad», pero entiende que no debe ser un drama adaptarnos a la nueva situación. «Tampoco -explica- hay que entender la Navidad como un sacrificio, sino como una realidad diferente en un contexto diferente. Y se puede pasar igual de bien».

Al epidemiólogo de la Universidade de Santiago Alberto Ruano tampoco le gusta el concepto «salvar la Navidad», porque de lo que se trata es de «velar por la salud de la población». Y solo si se contiene la pandemia se podrá reducir su impacto en la economía. «Desde el punto de vista epidemiológico -advierte- las reuniones sociales son un riesgo, por lo que es necesario minimizar los contactos. No es conveniente abrir demasiado la mano en Navidad porque lo que se ha demostrado es que una de las medidas más efectivas para reducir los contagios es limitar las reuniones de no convivientes, y más en un período de celebraciones en las que nos desinhibimos, lo que puede ser muy peligroso».

Francisco Caamaño, profesor de Salud Pública en la Universidade de Santiago, sí cree que se puede abrir un poco la mano en las fiestas si baja la incidencia acumulada de casos a un nivel razonable, pero advierte que hay que ser muy cauteloso. «Salvar o Nadal tal e como o entendemos é unha mala estratexia. Temos que minimizar os contactos e as reunións. Non podemos abrir moito a man, e o que se faga ten que ser de forma moi gradual, moi lentamente», advierte. Y lanza un mensaje: «O covid segue aí, está entre nós. E se lle permitimos os contactos vai a moverse. Temos que interiorizar esta mensaxe e ser responsables, senón teremos a terceira onda en xaneiro».

Unidades familiares y evitar visitas a casas ajenas

«Las reuniones en Navidad deberían de estar limitadas a los grupos de convivencia». El epidemiólogo Alberto Ruano tiene claro que este debe ser el criterio a seguir a la hora de imponer restricciones. Más que establecer un número de personas que puedan sentarse a la mesa en Nochebuena o Fin de Año, lo importante es que las que lo hagan pertenezcan a la misma burbuja habitual de convivencia. Y lo mismo opina el profesor Francisco Caamaño Isorna. «Eu aposto máis por unidades familiares máis que por persoas. E sería convinte que as unidades convivenciais que se establezan sexan as que se reúnan nas distintas comidas, sen mesturar con outras persoas que non son convivintes habituais».

Ruano pone un ejemplo. «Es mucho más peligroso que se junten cuatro matrimonios que viven en distintos sitios que que se junten dos hermanos cada uno con su pareja y sus hijos». Y también advierte que «habría que definir muy bien quiénes son las unidades de convivencia».

Tanto Ruano como Caamaño advierten de otro peligro: los tours de  Navidad. O, lo que es lo mismo, que un grupo cene en Nochebuena en una casa y al día siguiente coma en Navidad en otra. Y lo mismo en Nochevieja y fin de año. «No tiene sentido -apunta el epidemiólogo- pasar un día en una casa y al día siguiente en otra».

¿Deben o no contarse los niños en las comidas navideñas?

¿Deben o no contabilizarse los niños a la hora de establecer un máximo de personas en las comidas navideñas? El debate está abierto y es una opción que está en estudio por parte del Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas y en países como Alemania ya se ha decidido excluir de la cuenta a los menores de 14 años. «Desde un punto de vista epidemiológico me parece bastante razonable», apunta Alberto Ruano. De hecho, los estudios avalan -el último realizado en España por el hospital Vall D'Hebron- que los niños son mucho menos transmisores de la infección y que, probablemente, también tienen menos posibiidades de contagiarse.

Francisco Caamaño entiende que la medida podría tener sentido, pero ve difícil su aplicación. Más que nada porque cree que lo importante en este contexto es enviar mensajes claros a la población sin introducir nuevas variables que distorsionen el verdadero sentido de lo que hay que hacer: cumplir con las medidas y ser cautos. «Podería ser difícilmente entendible -explica- como tamén o sería o feito de que se establezan medidas diferentes por territorios en función de si uns están mellor que outros na súa situación epidemiolóxica. Hai que lanzar mensaxes claros que entenda a poboación». Enrique Míguez, responsable del servicio de Enfermedades Infecciosas del Chuac y miembro también del comité clínico de Sanidade, coincide en la apreciación. «No se puede -dice- lanzar treinta mensajes diferentes».

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