Sofía de Suecia, una princesa sin cuento

Duramente criticada por su pasado como «stripper», la esposa de Carlos Felipe ha sabido aprovechar su posición para alzar la voz a favor de causas sociales


Madrid / Colpisa

 «Hasta ahora probablemente no haya conocido la magia del amor», confesó él. «Es el adecuado para mí», respondió convencida. «Desde que la conozco siento de verdad cómo puede transformar a una persona», continuó él. «El amor construye a una persona de una forma increíble», siguió ella. Y así continuaron un buen rato más ante las cámaras de la televisión sueca, en un diálogo propio de las escenas de películas con aroma a rosas y sabor a algodón de azúcar. De acuerdo, sí, estaban enamorados. Pero Carlos Felipe de Suecia y Sofía Hellqvist, al anunciar su compromiso en la primavera de 2014 tras dos años de relación pública y otros dos de espaldas al mundo, tenían ante sí un reto mayúsculo: convertir en princesa a una joven stripper, protagonista también de una escena porno con otra mujer, y que se dio a conocer en su Suecia natal no por ser la novia del único hijo varón de los reyes Carlos Gustavo y Silvia, sino como participante de un reality en el que chicos y chicas se encerraban en un hotel de lujo en busca del amor o, al menos, de alguna relación tormentosa que hiciera subir la audiencia. Sofía llegó a la final, no ganó, pero dejó escenas, dicen quienes siguieron el programa, memorables.

El hábito no hace al monje, de la misma manera que una tiara no convierte en princesa a quien la porta. De ahí que, pese a que en junio del 2015 entró a formar parte de la familia real sueca coronada con una pieza de platino, brillantes y esmeraldas -regalo de sus suegros-, el pueblo no la aceptó como tal hasta hace bien poco.

Sofía de Suecia ha demostrado que no es solo una cara bonita. Nunca se le ha visto un mal gesto en público. Ha respondido con sonrisas a sonados desplantes, incluso de dentro de la familia real. La suya ha sido una carrera de obstáculos hasta ganarse el título, y el respeto, de los reyes, que hoy ven en ella un activo de la corona, y de las princesas Victoria y Magdalena, quienes, se rumorea, no permiten que use las joyas de la familia.

Su marido nació siendo príncipe heredero. Sin embargo, un cambio constitucional que abolió la ley sálica lo relegó al segundo puesto de la línea sucesoria cuando tenía poco más de un año en favor de Victoria. Ahora es cuarto, tras su hermana y sus sobrinos, pero realiza una intensa labor institucional, que desde hace un lustro comparte con Sofía, con quien ha tenido dos hijos.

Profesora de yoga de formación -estudió en EE.UU.- y voluntaria desde muy joven por convicción, ya en palacio alzó la voz contra el ciberacoso. Y cerró muchas bocas cuando abrió la suya: «Nunca entendí -cuando se conoció su relación con el príncipe sueco- qué necesidad tenían de decirme todo el rato lo errónea que era en todos los sentidos». Aquello le dejó marca, «cicatrices», llegó a decir. Pero lo tomó como aprendizaje y ahora aprovecha su posición actual para denunciar los ataques indiscriminados y anónimos que se lanzan desde las redes. A través de la Fundación Príncipe Carlos Felipe y Princesa Sofía lucha para intentar erradicar el acoso en línea entre niños y jóvenes, para crear un Internet más seguro.

Enfermera durante la pandemia

Dicen de ella que es la royal favorita de la casa real sueca como compañera de mesa en las cenas de gala, divertida e inteligente, pero si se ha ganado al pueblo es por gestos como el que protagonizó en plena pandemia. Sofía no podía, no quería, estar sin hacer nada. Así que se inscribió en un curso exprés para poder trabajar como voluntaria de apoyo en un hospital, llamado Sofía -en honor a la monarca que reinó Suecia y Noruega a finales del siglo XIX y XX-, colaborando en tareas de atención al paciente y de desinfección de material y limpieza. El hecho de que no perseguía la foto es que ya ha anunciado que en septiembre empezará a compaginar sus compromisos oficiales con su labor como auxiliar de enfermería.

Antes, este jueves, el pueblo sueco tendrá la ocasión de conocer un poco más a la princesa Sofía a través de un documental titulado Princesa Sofia-Project Playground, en el que se dará a conocer la fundación que puso en marcha en el 2010, un año antes de conocer a su marido, enfocada al trabajo con niños y jóvenes en diferentes situaciones de vulnerabilidad, tanto en Sudáfrica como en Suecia. Una princesa solidaria y sin cuento.

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