«Ahora que sé que estamos bien en la residencia, estoy muy contento»

Trabajadores y usuarios de los centros de mayores narran su experiencia durante la pandemia

T. LONGUEIRA
REDACCIÓN / LA VOZ

Romualdo Figueroa y Laura Blanco

Usuario y directora de DomusVi en Barra de Miño (Coles, Ourense)

En la residencia DomusVi de Barra de Miño (en el concello ourensano de Coles) están de celebración. El cribado que el Sergas está llevando a cabo en los centros de mayores ratifica que el virus no ha conseguido entrar en esta instalación. Los 46 usuarios y los 26 trabajadores dieron negativo. «Ya podemos soltar el estrés que llevábamos dentro», explica de modo gráfico la directora, Laura Blanco.

No es que alguien tuviera síntomas, pero quedaba la duda. «La incertidumbre está ahí siempre», reconoce la directora. Y añade: «No se puede bajar la guardia, pero es el momento de coger aire y decir ‘‘lo estamos haciendo bien’’». Cuenta que ya antes de que se iniciase el estado de alarma habían cerrado el centro a las visitas, y que cada vez que un mayor tiene que ser derivado al CHUO se le aísla al volver hasta que confirman que no tiene coronavirus. Además, están «llevando las medidas higiénicas al extremo», asegura Blanco. Todo con un objetivo claro: «Que no entre el bicho dentro».

La buena noticia ha sentado muy bien entre el personal, y también entre los residentes y sus familias. «Los mayores han visto que el esfuerzo de estar metidos en sus habitaciones ha valido la pena», remarca Blanco. Dice que para los próximos días tienen previsto ir dando pasos hacia la «nueva normalidad» y se harán grupos para que los residentes puedan llevar mejor el confinamiento. «Vamos a iniciar la desescalada, poco a poco. Lo primero será que tres o cuatro mayores puedan salir juntos a dar una vuelta por el centro», avanza la directora.

Laura Blanco pasea del brazo de Romualdo Figueroa. Vallisoletano de nacimiento, el amor le trajo a Ourense hace ya muchas décadas. En la ciudad vivía con su esposa hasta el año pasado, cuando el deterioro cognitivo de la mujer dejó claro que necesitaban ayuda en el día a día. Figueroa eligió entonces el centro de Barra de Miño, en Coles. Ambos se convirtieron en los primeros residentes de un edificio señorial que había sido totalmente reformado por una familia que había regresado de la emigración en Venezuela con la idea de crear un centro para mayores.

«Tengo muchas ganas de salir»

«Estoy muy bien, estoy muy contento aquí», cuenta el hombre. Reconoce que ahora lleva mejor el confinamiento que en las primeras semanas. «Al principio fue un poco pesado, pero ahora me he acostumbrado y estoy bien», señala. Asegura que antes de hacerse el test estaba preocupado por si se había infectado, «pero ahora que nos han dado los resultados y estamos bien, estoy muy contento».

Pasa los días escuchando la radio y viendo la televisión, «porque ahora no se puede salir», recalca. Y no deja pasar la oportunidad de recordarle a Blanco: «Tengo muchas ganas de salir a la calle, y es que estamos muy sujetos ahora». Con la esperanza de que todo «pase pronto», Romualdo cuenta que a sus 89 años nunca había vivido una situación parecida a esta, de no poder salir absolutamente para nada. «Pero lo importante es que estamos bien», insiste feliz.

Nuria Seijoso

Auxiliar en la residencia Saraiva Sémior de Pontevedra

«La primera vez que nos vieron con mascarillas fue un 'shock'. Ahora se parten de risa»

La residencia de mayores Saraiva Sénior de Pontevedra es uno de esos edificios que animan a cruzar la puerta, aunque ahora las visitas están prohibidas. Está ubicada en una callejuela de la zona monumental, en el sitio ideal para salir a dar un paseo por la ciudad peatonal por excelencia de Galicia. Además, todo en ella es coqueto y jovial. También el ambiente. Se le pregunta a la directora espontáneamente si alguna trabajadora puede contar cómo están las cosas en plena pandemia en este centro, donde viven 42 mayores. Y ella, al instante, dice en voz alta: ¿quién tiene labia para contar cómo nos va? Nuria Seijoso, auxiliar en este centro, vence la timidez y explica con emoción que de momento mantienen a raya al coronavirus. No tuvieron ningún contagio. «Y eso es por dos cosas, por el gran equipo que tenemos y porque nos anticipamos con los protocolos de protección», anota esta operaria.

Nuria cuenta luego cómo reaccionaron los mayores cuando ellas empezaron a protegerse y protegerlos a ellos: «La primera vez que nos vieron con las mascarillas fue un shock. Ahora se parten de risa. A ellos no les cambió demasiado el día a día, aquí mantienen sus rutinas, salvo que no se puede salir ni los pueden visitar. Ven en la televisión y los periódicos lo que está pasando pero, aun así, no son del todo conscientes de lo que hay fuera», indica. Seijoso -que cree que tiene un trabajo que da gratificaciones cada día «porque los mayores son muy agradecidos»- señala que en una residencia siempre es necesario aportar cariño para que los usuarios la sientan como su casa. Pero cree que ahora todavía se hace más necesaria esa humanidad: «Quienes les ayudamos a asearse, a levantarse... a lo que sea, tenemos que darles mucho cariño, y más ahora que echan de menos a sus familiares. La verdad es que son todos comprensivos y, aunque extrañan las visitas, se conforman bastante con las videollamadas. Creo que lo llevan peor las familias, que están muy pendientes. A ellas también tenemos que darles seguridad e insistirles en que sus mayores están bien». Y ella, ¿cómo lo lleva? «Voy del trabajo a casa y de casa al trabajo, e intento protegerme todo lo posible para protegerlos a ellos también. No voy ni a comprar, para evitar riesgos. Saldremos adelante, seguro», remacha.

Laura Domínguez

Auxiliar y coordinadora de personal de la residencia Asden, en Culleredo (A Coruña)

«A los abuelos, para suplir los besos, les damos más dosis de amor y comprensión»

Laura Domínguez es auxiliar de enfermería y coordinadora de personal en la residencia de mayores Asden, situada en el municipio coruñés de Culleredo. Dice que todos los trabajadores intentan que los usuarios no perciban el nerviosismo reinante por la crisis sanitaria del coronavirus, siguiendo las rutinas diarias e intentando distraerlos sin que vean la televisión en exceso, o tantas noticias sobre la pandemia. «Viven con preocupación estos días. Echan en falta a la familia pero, en general, entienden que hay que priorizar su salud y que durante una larga temporada no podrán encontrarse con ellos». Laura, que trabaja en esta residencia desde hace doce años, comenta que a algún que otro familiar también le costó renunciar a las visitas habituales, pero acabaron por asumir la situación. Para que todo sea más llevadero, los profesionales intentan que los mayores mantengan el contacto con los suyos a través del teléfono y de las videollamadas. «A los abuelos, como yo los llamo, les damos estos días más dosis de amor y comprensión, para suplir los besos y las muestras de cariño que les faltan de sus familiares.

Lo que les preocupa, más que su bienestar, es que sus seres queridos estén bien. De hecho, la mayoría lo primero que nos preguntan por la mañana es cómo están las cosas fuera y si tenemos alguna noticia de los suyos», indica Laura. Ella también habla más sobre cómo están los residentes que de su propia seguridad. «El verdadero miedo que tenemos es que ellos se puedan infectar, al ser nosotros, sus cuidadores, los que llevemos el virus a la residencia. Hasta ahora hemos tenido suerte porque este es un centro pequeño y entre los 35 usuarios no hubo ningún positivo, y los trabajadores estamos bien. Seguimos las medidas preventivas. Pero el miedo es diario, claro». Quizás tuvo algo que ver que se adelantaran en el acopio de EPI y que ya el 12 de marzo hubieran iniciado los protocolos sanitarios de prevención.

Jessica Basalo 

Trabajadora de la residencia de mayores de Vimianzo

«Levo mal non estar coa miña filla, pero compénsao ver aos maiores ben atendidos»

Viernes 24 de abril. Cinco trabajadoras y un usuario de la residencia de mayores de Vimianzo dieron positivo por covid-19. Todos ellos asintomáticos. Jessica Basalo Lago, nacida en 1985 y natural de Carballo, dio negativo en las pruebas, pero llamó a su casa y le comunicó a su marido que, de forma voluntaria, se quedaba hospedada en un hostal a la espera de que remitiera la incidencia de la pandemia: «Levo moi mal non estar coa miña filla, que ten 19 meses, pero compénsao ver que os maiores están ben atendidos».

Jessica empezó a trabajar en la rama sanitaria en marzo del 2006 en Carballo y en septiembre del 2011 pasó a formar parte de la plantilla de DomusVi en Vimianzo. En la actualidad es la coordinadora de enfermería. La residencia de mayores de Vimianzo, «o gran domicilio», como lo llama Jessica, atiende a 150 usuarios y la plantilla la integran 72 personas.

Estos seis positivos obligaron a la dirección a restringir todavía más las condiciones y hábitos de los mayores para evitar la propagación del virus y garantizar su bienestar: «Para os que formamos parte da residencia estes maiores representan a nosa segunda familia. E eles, que non poden recibir visitas dos seus familiares, soamente nos teñen a nós».

El centro puso en marcha la zona de aislamiento, habilitada a comienzos de la crisis, intensificó el uso de las pantallas y todo lo que tiene que ver con los equipos de protección individual, y a los mayores los tuvieron que aislar en sus habitaciones: «Ao principio non o entendían, pero agora xa comprenden que son un colectivo moi vulnerable». Para que el confinamiento les sea más agradable, el personal se hizo con televisores y radios y los profesionales empezaron con las tareas y terapias para tenerlos ocupados. Una trabajadora social realiza videollamadas con los familiares, una fisioterapeuta imparte gimnasia y otras profesionales se encargan de leerles las noticias para que estén al día de lo que sucede en el mundo.

Purificación García Brea

Directora y propietaria de la residencia La Paz de Outes

«Adoptamos medidas antes del decreto del estado de alarma»

La directora y propietaria de la residencia La Paz de Outes, Purificación García Brea, expresa su satisfacción porque las pruebas del nuevo coronavirus realizadas a los 18 usuarios que acoge y a los 12 profesionales que los atienden dieron negativo. Sin embargo, y pese al inicio del plan de desescalada, asegura: «Todavía no estamos tranquilos. Hay que seguir teniendo cuidado y ser estrictos». En esta línea, comenta que las visitas de familiares continúan suspendidas hasta verificar una buena evolución de los contagios a nivel general.

La anticipación y la prudencia, asegura García, han sido su verdadera salvaguarda hasta ahora: «Adoptamos medidas antes del decreto de estado de alarma. Cuando empezaron a difundirse noticias sobre la expansión del virus a Madrid, se reunió al personal para explicarle lo que íbamos a hacer. También hablamos con los usuarios y con cada una de las familias para decirles que debían suspenderse las visitas. Lo entendieron perfectamente».

Admite que estaba preocupada: «Yo me asusté, porque el virus era muy peligroso y se extendía con gran rapidez. Se me ponían los pelos de punta al ver que había tantos muertos». Uno de los riesgos era que el personal pudiera contagiarse: «Se desinfectan al entrar, y dejan la ropa con la que vienen de la calle en sus vestuarios. Los uniformes ya se lavan siempre en el propio centro», agrega.

García señala que la residencia tiene cocinera propia, pero que fijaron un protocolo básico para los proveedores: «Dejan la mercancía en la puerta y cada paquete se limpia individualmente antes de meterlo dentro». Explica que además diariamente se les toma la temperatura a los usuarios, y reciben la llamada del médico del centro de salud de Outes Xosé Dios. En cuanto al contacto de los residentes con sus familiares, apunta la directora que la relación es ahora únicamente vía telefónica: «El coronavirus está por ahí y estas son personas mayores. Hay que tener mucho cuidado. Por ahora no podemos bajar la guardia».

Elogia García la implicación de los trabajadores e indica que, aparte de la alteración que ha supuesto la implantación de las medidas de prevención frente al virus, todo discurre sin alteraciones: «Tratamos de vivir como si fuéramos una familia grande».

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