La revolución de la vida sin plástico

Acciones cotidianas como utilizar bolsas de tela o comprar productos frescos no envasados contribuyen a producir menos residuos de este material

a. p.
redacción / la voz

El plástico ha inundado, literalmente, nuestra vida, y como consecuencia, nuestro planeta. Según Greenpeace, cada año llegan a los mares y océanos el equivalente en basura a 1.200 veces el peso de la torre Eiffel. Solo el 30 % de los plásticos se reciclan en España, y los residuos restantes tardan aproximadamente 500 años en descomponerse, como ocurre por ejemplo con una botella de plástico.

El panorama se vuelve más dramático si añadimos que la producción de plásticos se acercará en el 2020 a los 500 millones de toneladas. El océano Pacífico es el más afectado. Allí existe una isla compuesta por basura que, según un estudio publicado en la revista Nature, tiene casi tres veces la superficie de Francia. Para evitarlo la filosofía es simple, pero la práctica se vuelve más complicada: «Sencillamente tratamos de vivir generando el menor número posible de residuos y si reducimos los plásticos, mejor», comenta Fernando Gómez, coautor junto a su pareja, Patricia Reina, del libro Vivir sin plástico. En el 2015 comenzaban su andadura excluyendo este material de sus vidas.

El despertar verde, el zero waste o la vida sin plásticos se hace cada vez más necesaria en un momento en el que reciclar ya no es suficiente: «La Comisión Europea tiene previsto que para el 2030, todos los envases que se pongan en el mercado sean reutilizables o reciclables. Pero aún quedan 11 años», reclama la pareja.

«Se suele pensar que son productos más caros pero los precios se acercan a marcas habituales»

A pesar de que todavía resulte difícil individualizar la responsabilidad más allá del reciclaje, desde la iniciativa Vivir sin plástico recomiendan que, para evitar un abuso del residuo, se deje de comprar en las grandes superficies y «acudir al mercado o a las tiendas pequeñas de barrio». Gran parte de los esfuerzos recaen en el consumidor, pues «las marcas y supermercados cada vez envasan más».

 Medidas más fáciles y comunes

Eliminar las bolsas de plástico ha sido uno de los puntos a seguir que han tomado los supermercados y clientes en la materia. Pero todavía hay consumidores que pagan por ellas, en lugar de optar por la opción que contribuiría a salvar el medio ambiente. Para ello se recomienda reutilizar las que tenemos en casa o comprar aquellas que sean de papel en las tiendas que las ofrezcan. Otro gesto sería llevar táperes en los que envasar carne o pescado, y botes para aquellos productos que se compren a granel: «Depende un poco del estilo de vida de la persona. No hay un método que sirva para todo el mundo», comenta la autora, que recomienda mirar lo que se tira en la basura «para ver lo que tiene» y ser conscientes de la cantidad de residuos que se generan día a día. «Lo primero que haría sería solucionarlo de la forma más sencilla», añade Patricia, que sugiere introducir en el uso diario «jabones en pastilla, cosmética sólida y botellas reutilizables.

Al final sabemos casi todo», reconoce. Pero la lista de opciones es mucho más amplia que la que refiere la activista: optar por utensilios de cocina hechos con bambú , desechar la idea de utilizar únicamente los plásticos de un solo uso, comprar una pajita de metal para no utilizar las de plástico que suelen servir en establecimientos como las cafeterías o restaurantes. El esfuerzo no solo se limita a los adultos. Para los más pequeños también hay recomendaciones. La compañía Unilever acaba de lanzar un decálogo para reducir el uso de plásticos este verano en el que aconsejan sustituir los juguetes de plástico por otros que sean «de madera u otros materiales más sostenibles».

Existen alternativas muy variadas: desde el enjuage bucal casero hasta el papel higiénico

La cesta, más sostenible

Nadie dijo que fuera fácil y los propios autores eran conscientes del reto cuando lo comenzaron: «El truco está en cambiar nuestros hábitos e incluso los lugares en los que compramos», comentan. Las primeras semanas son las más complicadas porque «tienes metida en tu interior la forma de consumir. Nosotros seguíamos yendo a los mismos sitios esperando encontrar diferentes resultados».

Evitar el plástico también ayuda a cuidar tu salud: «Comemos mucho más sano porque compramos comida no envasada, que siempre suele ser fruta, verdura, cereales y legumbres» reconoce la pareja.

Colaboración ciudadana

Todavía queda mucho por hacer, pero a poco los españoles se están sumando a la lucha para salvar el medio ambiente. Según Ecoembes, en el 2018 cada ciudadano depositó 15,7 kg de envases de plástico, latas y briks en el contenedor amarillo, lo que supone un 12,3 % más que el año pasado.

Un mar de plástico, la amenaza más real

r. romar
La acumulación de plásticos en el mar y en la costa es un fenómeno global, como se puede ver en esta imagen de Santo Domingo
La acumulación de plásticos en el mar y en la costa es un fenómeno global, como se puede ver en esta imagen de Santo Domingo

Galicia lidera varias iniciativas para combatir uno de los mayores peligros para el medio ambiente

Puede que no lo sepa, pero cada vez que come, bebe o incluso respira está tragando plástico. Es cierto que son minúsculas partículas, pero la exposición permanente a ellas puede suponer una amenaza aún desconocida para nuestra salud. Y es solo una pequeñísima parte de los problemas que generan los 25 millones de toneladas de residuos de este material que cada año se producen en la Unión Europea, del que solo se reciclan un 25 %, lo que supone literalmente tirar a la basura entre 70.000 y 105.000 millones de euros anuales. Pero el daño al medio ambiente y a los ecosistemas, incalculable, es aún mayor. Si estos datos no le convencen haga una prueba. Eche una ojeada al mar. Seguramente a simple vista no aprecie nada, pero cinco billones de partículas de plástico flotan libremente en los océanos del planeta, desechos de los que se nutre el plancton marino, el alimento de los peces, y que son el resultado de la descomposición -bien por la oxidación solar o por su fragmentación a causa del oleaje- de los entre ocho y diez millones de toneladas de polímeros, con sus correspondientes aditivos químicos, que cada año acaban en las aguas marinas. Un autentico desafío para la humanidad.

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