Limitar grasas y azúcares en colegios, una promesa que lleva en el aire 7 años

Expertos en nutrición instan a las Administraciones a actuar de forma contundente


redacción / la voz

«Cuando algo desborda la capacidad de los expertos en salud, es el momento en el que los políticos deben de intervenir». Felipe Casanueva, presidente de la Fundación de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), no se anda con rodeos porque, como dice, todas las acciones llevadas a cabo hasta el momento desde las distintas administraciones para frenar un problema de salud pública tan alarmante como es la obesidad «son insuficientes». La tasa de prevalencia en España en adultos es del 25 %, mientras que en niños está entre un 15 % y un 18 %. No hay que esperar. Hay que pasar a la acción. Porque, como añade la coordinadora de la Unidad de Gastroenterología y Nutrición Pediátrica del Hospital Clínico de Santiago y miembro del CiberObn, Rosaura Leis, «no podemos continuar esperando». Porque, como añade Casanueva, «la Sociedad Española de Obesidad lleva años alertando y promoviendo medidas que nunca se han llegado a tomar realmente. Ha habido tímidos intentos, pero no se ha entrado a fondo». Y hace un matiz: «Bastaría con reducir el despacho de bebidas azucaradas o alimentos con muchas grasas saturadas. No prohibimos nada, hay que aplicar la racionalidad».

De hecho, la medida anunciada anteayer por la ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, de impedir la venta de alimentos y bebidas con alto contenido en azúcar, ácidos saturados y trans, sal y calorías en colegios e institutos no resonó como algo nuevo en los oídos de los expertos en nutrición y prevención de la obesidad. La idea fue respaldada por el Parlamento en el 2011, en tiempos en los que la cartera estaba ocupada por la también socialista Leire Pajín, al estar incluida en la Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición aprobada por unanimidad y que aludía ya a ellas dentro de la Estrategia Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad (Naos), puesta en marcha en el 2005.

Lo que hizo ayer Carcedo es avanzar de cara al desarrollo de una norma que, al menos en ese ámbito, quedó estancada a la espera de articular medidas concretas para no dejar esas acciones en una mera declaración de intenciones. Porque en el 2011, entre otras cosas, lo que había quedado en el aire era fijar los niveles permitidos de cada una de las sustancias que pueden contribuir al desarrollo de enfermedades como la obesidad, además de ver qué productos de bollería o refrescos estarían prohibidos.

Eso es lo que pretende llevar a cabo ahora el ministerio en colaboración con las autonomías, pero llega con siete años de retraso. No solo eso. Porque anteayer Carcedo amplió el campo de actuación a los hospitales o centros de enseñanza superior al explicar que han de «ser ejemplares en la oferta de productos en sus instalaciones». Hasta ahora, al menos en Galicia, no lo son. Basta con comprobar los productos expuestos para la venta al público en una máquina de vending de un hospital de la provincia de Lugo. Desde patatas fritas a distintos tipos de chocolatinas, palmeras o mini donuts de chocolate, sándwich procesados, pero ninguna manzana o un yogur.

¿Qué está haciendo Galicia?

Desde la Consellería de Sanidade avanzan que «actualmente se está trabajando en el desarrollo de una normativa que permita regular la oferta alimentaria de servicios de cafetería y máquinas expendedoras en centros educativos y hospitales...». Que logren estar, o no, en los centros escolares u hospitales, añaden, dependerá de la valoración nutricional de los distintos productos, «avalada siempre desde la evidencia científica».

Además, trabajan coordinados con Educación para trasladar esa política a los centros escolares. Con todo, desde la Consellería de Educación reconocen que no saben exactamente el número de máquinas expendedoras que hay en los centros, «pero só as hai en Secundaria e son poucas».

En el caso de institutos con cafetería, dicen que «á hora de facer as concesións desde Educación si se fan unhas recomendacións á hora de evitar refrescos azucrados e bolos industriais».

De hecho, en la lista de productos de obligada suministración no aparecen incluidos ni refrescos, ni bollería industrial, solo cafés, zumos o bocadillos. Con todo, matizan esas mismas fuentes, «está fóra das competencias da Consellería de Educación prohibir alimentos».

En paralelo, Sanidade tiene tres proyectos en los centros escolares (Xermoliño, Xermolon y Cociñando con Saúde) para enseñar a los alumnos de las diferentes etapas educativas (también F.P.) hábitos de alimentación saludable. Aunque, como dice Rosaura Leis, es fundamental que la materia de nutrición forme parte del currículo.

Al mismo tiempo, mientras no entre en vigor el nuevo etiquetado frontal, la Consellería de Sanidade ha elaborado una tarjeta de ayuda para que el consumidor pueda elegir alimentos saludables de acuerdo con lo que quiere en el momento de la compra.

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