REDACCIÓN / La VOZ

No ha habido tregua. Ni siquiera en una fecha simbólica como la de ayer, el Día Internacional contra la Violencia Machista, fue posible el descanso. El viernes por la tarde moría asesinada Katarina, a los 31 años, de un disparo a manos de su expareja en Vinaròs (Castellón) en un mes especialmente duro en la Comunidad Valenciana, en el que han muerto tres mujeres. Tres asesinatos más que suman un total de 48 en lo que va de año, lo que supone una muerte cada semana en España. Una cifra espeluznante que ayer se convirtió en lema de muchas de las manifestaciones de condena que tuvieron lugar en todo el país y que se unieron a la multitud de actos y concentraciones de denuncia que se produjeron en todo el mundo.

Un mundo horrorizado por la magnitud de los abusos machistas, tal y como señala el último informe de la ONU, que denuncia que el 35 % de las mujeres han sufrido violencia sexual o física por parte de su compañero sentimental o violencia sexual en algún momento de su vida. Una cifra vertiginosa que algunos estudios nacionales cifran en un 70% en el caso del maltrato o abuso de una pareja. Por eso ayer la ONU y diversos organismos de Europa, África y América Latina exigieron a los Estados y a la sociedad civil intensificar «urgentemente» y de manera «significativa» los pasos para prevenir y erradicar la violación y el acoso sexual, así como la la violencia contra mujeres y niñas, convertida ya en una pandemia mundial.

Especialmente emotivos fueron los tres minutos de silencio que distintos representantes políticos guardaron en Valencia por el reciente asesinato de Katarina. Allí la vicepresidenta y consejera de Igualdad, Mónica Oltra, animó a arropar a las víctimas. «Hoy hemos tenido que volver a las calles para que sepan los agresores que esta sociedad señala el machismo», destacó Oltra, quien reivindicó que «no es posible que haya silencio cuando una persona sabe que su compañera de trabajo, su hermana o su amiga está viviendo una situación de violencia machista». «Tenemos que señalar al agresor y no podemos dejarlas solas en esa gran faena que es denunciar y salir de esa situación de anulación que ellos practican durante años». «Una sociedad decente defiende a sus mujeres, una sociedad sana no mata a sus mujeres», concluyó Oltra.

«Un estado de guerra»

Miles de personas se manifestaron en Galicia en distintas concentraciones simbólicas. En A Coruña con camisetas negras; en Vigo bajo el lema «Polo dereito a vivir en paz»; en Lugo, delante de un enorme lazo negro hecho de globos, o en Ourense frente al Ayuntamiento. También en Cangas, Palas de Rei, Vilagarcía y otras muchas localidades gallegas que se unieron al acto de Madrid. Allí, una gran concentración arrancó en la Plaza de la Villa hasta la Puerta del Sol tras una pancarta en la que se podía leer «Ser mujer es un estado de guerra». Portando velas y globos negros, cada uno con el nombre de las víctimas de este año, los manifestantes lanzaron cánticos como «Yo sí te creo», «No estamos solas, venimos en manada» o «Nos tocan a una, nos tocan a todas», que se oyeron también en las marchas que se replicaron en medio centenar de ciudades españolas. En Barcelona bajo el lema «Nos queremos vivas, libres y rebeldes», se recordó que ya son más de 900 las mujeres asesinadas desde el 2003, y Dolors Pulido, de Novembre Feminista, destacó que la lucha no es solo para sobrevivir: «Queremos vivir de forma libre y, con el sentido crítico del feminismo, sobre todo, cuestionar cómo están abordando las instituciones la desigualdad». En las concentraciones tampoco se olvidaron de los niños, las otras víctimas, muchos también asesinados en crímenes de violencia de machista. Menores asesinados por su propios padres o por el compañero de sus madres, según se recordó en muchos actos de ayer. «La violencia machista hace imposible la convivencia democrática, impide el derecho a la igualdad y constituye un crimen intolerable», denunciaron las activistas de Madrid, quienes reiteraron que por supuesto es violencia la verbal, la psicológica, la económica, la laboral y la sexual, «mimbres» todas ellas del «gran cesto de la violencia de género». Por eso las las organizaciones feministas reclaman al Gobierno que se involucre y que destine dotación económica y «no golpes de pecho» para combatir de una vez esta lacra. La proclama ha sido clara. Las mujeres están hartas. «Basta ya, ni una más».

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«Van 48 asesinadas, ni una más»