Del Bosque ejerció de padrazo

Jose Manuel Jamardo Castro
J. M. Jamardo RIBEIRA / LA VOZ

SOCIEDAD

Simón Balvís

El seleccionador invitó a los niños en Ribeira a ser buenas personas

26 abr 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Fue una jornada corta pero intensa la que ayer vivió Vicente del Bosque en Ribeira, donde recibió la insignia de oro y brillantes del Natural Sport, el club de taekuondo más laureado de Galicia. Llegó a primera hora de la tarde y le dio tiempo de disfrutar de los paisajes y de la gastronomía del municipio antes de darse un baño de multitudes ante cerca de mil chiquillos que querían fotografiarse o estar a su lado. Y no defraudó. El marqués de Del Bosque volvió a dar muestras de una corrección intachable. Su amplia sonrisa delataba que se encontraba a gusto.

Nada más entrar en el pabellón donde se celebró la gala, lo primero que hizo fue saludar a los integrantes de las agrupaciones de personas discapacitadas. Un momento muy emocionante, pues todos querían abrazarlo y besarlo.

Importantes consejos

Del Bosque ejerció de padrazo. Incluso de guía de los chavales que estaban presentes. Para ellos fueron casi todas sus palabras. Sus consejos retumbaron en el interior del recinto para los más pequeños. Incluso llegó a parar su intervención para llamar la atención a aquellos que hablaban entre ellos.

El primer mensaje que lanzó fue muy directo: «Sois estudiantes y esta es la etapa más bonita que vais a vivir, aprovecharla». Sus consejos tenían un objetivo, los más pequeños, a los que pidió que fuesen buenas personas y también felices. El seleccionador recordó a los chiquillos su época de jugador y cuando llegó al Real Madrid. Dijo que su principal virtud fue ser obediente con los entrenadores. Sus palabras intentaban inculcar valores a través de la constancia, el esfuerzo y el juego limpio.

La imagen del emblemático míster caló entre el millar de chavales ribeirenses que tuvieron el privilegio de asistir a una de sus clases de ética. «É un bonachón», afirmaba un niño cuando salía del pabellón. Una madre reconocía que estaba más guapo en persona que en la televisión.

El seleccionador también se sometió a una pequeña sesión de preguntas por parte de los invitados. Las hubo de todos los gustos y colores. Uno de los niños se interesó por cuándo podía caerle el bigote o si le gustaba más el marisco gallego que el embutido salmantino. ¡Qué rápido aprendió! Su respuesta fue a la gallega: «El marisco salmantino también es bueno».

Después de un día agotador y con la premura de coger un avión, Vicente del Bosque, sin abandonar su eterna sonrisa, se metió una larga sesión de fotos rodeado de chiquillos de equipos y entidades de toda la ciudad. Dejó una profunda huella y también hizo posible que los niños de Ribeira convivieran, aunque fuese solo un rato, con el hombre que tantos momentos felices regaló a millones de españoles.