Costa da Morte en estado puro

Cristóbal Ramírez

SOCIEDAD

De Malpica a Barizo y de Corme a Buño, el recorrido por la comarca de Bergantiños es un lujo para la vista y el paladar

06 ago 2009 . Actualizado a las 17:54 h.

La Costa da Morte ha pasado de ser una denominación popular (por cierto, antiguamente no aceptada por sus habitantes, que la entendían como trágica cuando no despectiva) a convertirse en una marca turística reconocida en toda España y ansiada. Cuando se dispone de poco tiempo, una buena recomendación es comenzar en el principio de esa comarca, algo que puede parecer obvio: en Malpica de Bergantiños.

El paseo por la localidad incluye el puerto y la playa. Saliendo hacia Ponteceso aparece muy pronto un desvío a la derecha que conduce al cabo de San Adrián. Procede detenerse antes de ganar la punta con el fin de descender al muy bien conservado templo puesto bajo la advocación del santo que da nombre a ese pedazo de tierra que osa adentrarse en el Atlántico y desde cuyo extremo parece arañarse el archipiélago de las Sisargas, hoy deshabitado... si se exceptúan los miles de gaviotas (no resulta recomendable poner pie a tierra en las islas a principios del verano, cuando están criando y se muestran muy desagradables con los recién llegados).

De vuelta a la carretera, el siguiente desvío conduce a Barizo, un puerto agreste con el mar siempre enojado rompiendo contra unos arrecifes que ejercen el papel de protectores de la pequeña enseñada. Y desde allí se continúa por un parque eólico hasta detenerse ante el faro de punta Barizo, una obra moderna de líneas marineras que reproducen la proa de un barco y demuestran, de paso, que hay maneras no agresivas de diseñar aquello que se va a plantar en el medio de la naturaleza.

Marcha atrás otra vez y, en determinado punto, desvío de nuevo a la diestra para pasar cerca de un Sagrado Corazón (excelente mirador sobre el Atlántico) y luego descender buscando Corme, un puerto importante en su momento en el mundo de la explotación de la madera. Y Corme es decir la conocida punta Roncudo, con sus cruces recordando que el mar devora.

La vuelta puede hacerse bajando a Ponteceso y desde ahí dirigirse a Carballo vía Buño, la afamada villa alfarera de la provincia coruñesa.