Los jóvenes que no se van de casa por comodidad

Juan Oliver

SOCIEDAD

14 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Los adultos belgas creen que los jóvenes de su país no tienen demasiados argumentos para quejarse. Bélgica es uno de los países más afortunados de Europa, con rentas familiares muy elevadas a pesar de que la mitad sur del país (la francófona Valonia) es considerablemente más pobre que la rica Flandes del norte. Pese a todo, e incluso en medio de una crisis financiera que ha puesto al país en alerta roja, la juventud belga disfruta de condiciones de vida envidiables para el resto del mundo.

El sistema educativo es prácticamente universal, Bélgica es el único país de la UE donde el 100% de los niños menores de cuatro años están escolarizados y el 91% de los jóvenes de 18 siguen estudiando cuando cumplen esa edad. De ahí que la edad de salida del sistema educativo sea de las más elevadas de la UE: cerca de los 20 años. Todos los estudiantes reciben una educación de notable calidad, y al menos en Flandes y en varios distritos de la capital, Bruselas, saben manejarse como mínimo en tres idiomas: holandés, inglés y francés.

Además, y según los eurobarómetros más recientes, los jóvenes belgas se sienten más europeos que el resto y, si realizan estudios superiores, casi siempre incluyen estancias en otros países con cargo a becas como las Erasmus. En muchos casos eso significa un idioma más.

Es verdad que la economía y el Estado del bienestar belga se ha distanciado en los últimos años de los niveles de países como Dinamarca, Holanda, Finlandia y Suecia, pero siguen siendo lo suficientemente sólidos como para que los jóvenes puedan acceder al mercado laboral, emanciparse y tener hijos con garantías de mantenerlos. Aunque el paro juvenil es elevado (un 18%), las rentas de integración social y de cobertura por desempleo también lo son.

De hecho, entre los belgas de 18 a 30 años que aún no se han emancipado, solo un 26% alegan que no se buscan la vida porque no tienen dinero. Casi un 30% confiesan que la razón principal para seguir viviendo en el hogar familiar es que así se vive mejor y con menos responsabilidades. Por eso sus padres piensan que no tienen muchas razones para quejarse.