La desertización afecta ya de forma grave al 40% del territorio nacional

La Voz | Santiago

SOCIEDAD

Galicia se libra por ahora, a pesar de las evidencias de variaciones en el clima España es el país más árido de Europa y también el que sufre mayor número de incendios forestales

21 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Lejos quedan los tiempos en los que, según el mito popular, un mono podía atravesar la península Ibérica viajando de árbol en árbol y sin tocar el suelo. Hoy en día, si un mono quisiera cruzar España se encontraría con un 40% del territorio desertizado de forma grave, e incluso entre el 6% y el 8%, deteriorado de manera irreversible. Éste es, al menos, el diagnóstico de José Luis Rubio, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del Centro de Investigaciones sobre Desertización de la Universidad de Valencia, quien asegura que, «potencialmente, dos tercios del país son susceptibles de desertización por condiciones naturales climáticas». Según este especialista, España es el país más árido de Europa, el más desértico, el que sufre más incendios forestales y también el que tiene «los niveles más altos de erosión, sobreexplotación de acuíferos, incendios y salinización». El problema, además, se agrava por la escasa concienciación de la sociedad española acerca de este problema; para Rubio, «la sociedad española debe ser más ambientalista y más ecologista, valorar más su entorno y protegerlo». Para ello, el científico del CSIC propone la creación de un observatorio para la lucha contra la desertización y la activación de un plan nacional en coordinación con las comunidades autónomas. Sin embargo, el problema no afecta por igual a todo el territorio nacional. Galicia, por ejemplo, se libra por ahora del riesgo de desertización, a pesar de que algunas señales de alarma invitan a la reflexión. Así lo explica Vicente Pérez de Muñuzuri, quien asegura que el cambio climático «es un hecho en todo el planeta, y también aquí», como lo demuestran el aumento en uno o dos grados de la temperatura media o la subida del nivel del mar. Asunto distinto es el de las lluvias, que siguen cayendo sobre el suelo gallego con la misma asiduidad de siempre, aunque con matices, ya que, según explica Pérez de Muñuzuri, al habitual pico de baja pluviosidad del verano se ha añadido otro en el invierno, como el del pasado enero.