Crónica | En Mazaricos con El Consorcio | Aunque Carlos roza ya los 63 y Amaya esá «hecha polvo», los padres (ahora abuelos) del «Eres tú» siguen dando guerra; este año han contratado el triple de conciertos que el pasado: 45
08 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Como una promesa, como una mañana de verano, como una sonrisa son ellos, son ellos, así, así, son ellos, todavía: El Consorcio, cinco ex de Mocedades, los padres (ahora abuelos) del Eres tú . En Navidades publicaron un nuevo trabajo, En directo desde el corazón de México , que ahora rentabilizan. Este año, respecto al pasado, han triplicado el número de conciertos en España (45). Y Sergio, tan ufano: «Nos va bien gracias a ese disco. Hombre, no íbamos a salir en la tele otra vez con El chacachá del tren ». Claro que todos peinan ya canas, especialmente Carlos, a punto de cumplir 63 octubres. Además, Amaya «está hecha polvo», según una amiga. De hecho, desde enero, tras una operación de rodilla nada fructuosa, la pobre camina con bastón sobre los escenarios. Camina cuando se mueve, porque, la verdad, ahí arriba pasa la mayor parte del tiempo sentada, hierática, como una virgen del Románico con su crío amado, con su micro, en brazos. Aunque canta, y cómo aún, qué bello. «Un grupo joven de veteranos». Así ve Estíbaliz, muy generosa, al conjunto. En lo segundo, razón no le falta, desde luego. Tanta experiencia acumulan, que el peque de Viejedades , Iñaki (Bilbao, 1961), suma 18 años de carrera musical. «Uno se va haciendo viejo -matiza Sergio a su esposa- y eso se nota, obviamente. Para qué nos vamos a engañar», pero enseguida halla un contrapunto que agregar: «Mientras cierto sector del público nos siga guardando un trocito de su corazón, seguiremos adelante». El viernes por la noche actuaron en la fiesta privada de un pudiente coruñés, alguien que se dio el capricho de abonar el caché de la banda (21.000 euros) para deleite de sus invitados. Ya ayer, de madrugada, se dejaron caer por un prado de Mazaricos, municipio pequeño, de apenas 5.800 habitantes, e interior, si bien limítrofe con Carnota, en la Costa da Morte. Una caseta de obra Tras perderse un par de veces, allí arribaron una hora antes del recital, en coches particulares y de alquiler -nada de furgalla oficial-, vestidos de calle, con las galas en la mano y algo de hambre más abajo, hacia el estómago. Se tomaron unos bocatas junto a la caseta de obra habilitada como camerino, firmaron tres o cuatro autógrafos, se mudaron raudos... Y al tajo. Se enfrentaron a un auditorio nutrido para el lugar (2.000 personas), apagado hasta casi el final y sorprendentemente heterogéneo, en gran parte pureta , pero también joven, incluso niño. Choca escuchar a una menor chapurreando Eres tú , porque ese tema quedó segundo en Eurovisión cuando Franco todavía andaba por ahí vivito y dando guerra (1973). Humor a raudales Ofrecieron 85 minutos de buena nostalgia aliñada con guiños al respetable -interpretaron A Rianxeira -, coreografías todo lo dinámicas posible y buen humor a raudales: el del Cantinero de Cuba , en plan adolescente, le tocó el culo a su mujer; Iñaki bromeó con su hermana Amaya, la patachula , refiriéndose a ella como «nuestra profesora de baile»; y Estíbaliz, terminado el último bis, cuando empezaba a chispear en la fresca madrugada de Mazaricos, se despidió: «Perdonadnos. Hemos hecho que llueva, nos vamos. Hasta siempre, amigos». Aplausos. Entonces, justo entonces, arrancó su faena la orquesta de al lado, con un clásico de Camilo Sexto, Melancolía , muy oportuno. A Sergio lo cogió el estribillo descendiendo las escaleras del palco. Y a bailar se puso, aún sudando por la hora y media de esfuerzo, reflejo de que las viejas mocedades nunca mueren, tampoco, todavía.