Paco Ardura: «Un actor de "Juego de Tronos" pidió uno de mis caballos»

Esta leyenda viva del cine, empadronada en Arabexo, ha vivido cientos de anécdotas como proveedor de equinos y carruajes para la industria audiovisual


Paco Ardura (Madrid, 1933) acabó empadronándose en Val do Dubra, tras cerca de 60 años de actividad en el mundo cinematográfico. Esta leyenda viva del audiovisual se ha hecho un nombre como proveedor de caballos y carruajes para el séptimo arte, en una empresa que dirigen sus hijos desde que se jubiló. Ha trabajado con Arnold Schwarzenegger para Conan, el bárbaro y con Mel Gibson para Braveheart, y otros muchas estrellas y directores de renombre. Cercano y accesible, almacena cientos de anécdotas forjadas con las cámaras apagadas, cuando los caballos todavía no se recreaban por ordenador.

-Su socio se ha quedado al frente de Fort Bravo, decorado creado en Almería a imagen del Salvaje Oeste. ¿Cree que Val do Dubra tendría tirón como escenario cinematográfico?

-Almería tenía el único desierto de Europa y era ideal para este tipo de película, pero Val do Dubra tiene unos paisajes magníficos. Aunque ya no puedo montar por una operación de rodilla, esto tiene muchas posibilidades para criar en libertad pura raza española.

-Tenía 21 años cuando empezó como figurante a caballo. ¿En qué momento deja la delineación y decide meterse en esta industria?

-Fui a la mili como delineante proyectista, con la brigada obrera topográfica. Estábamos levantando el mapa topográfico de Marruecos. Ese año es cuando se rodó en Larache una película de Víctor Mature y pidió al ejército soldados a pie y a caballo. Yo fui uno de ellos. Aquello me entusiasmó y, al llegar a Madrid, me puse en contacto con un amigo que estaba metido en la industria y ahí empecé.

-¿De dónde le viene la pasión por los caballos?

-Mi madre era de un pueblo de Guadalajara. Mis abuelos tenían allí animales y cuando iba a veranear montaba en burro, en mula, a caballo... Al empezar en el cine me metí más en serio.

-Tiene en Madrid una enorme colección de todas las épocas y recientemente el alcalde dubrés mostró interés en sacarle partido. ¿Lo ve viable?

-En Alcalá, en la finca de El Chaparral, tengo todo, salvo lo que es de wéstern, que está en Fort Bravo. En Madrid están, por ejemplo, las berlinas que se utilizaron para hacer aquí La casa de la Troya. Hay piezas de verdadero museo que salen para el cine, pero en cambio la gente no lo ve. A mí me gustaría que pudiera ser visitado, porque hay desde las cuadrigas romanas que se utilizaron para Gladiator, Astérix y Obélix o La caída del Imperio Romano hasta las monturas de la escolta mora de Franco, que compré en una subasta. Sobre musealizar una parte en Val do Dubra lo hablé con el alcalde y, aunque es complicado, yo creo que se podría conseguir. Como atractivo para los vecinos e incluso para el turismo sería interesante.

-Cuentan que Stallone se enamoró de uno de sus caballos, aunque no se lo pudo llevar fuera de España por la peste equina. ¿Hubo otros flechazos?

-Sí, y alguno bastante reciente. Por ejemplo, un actor de Juego de Tronos pidió uno de mis caballos, Marchena, cuando vinieron a rodar a España. Ya lo había montado antes en otra película y, como nosotros pusimos los caballos para este rodaje, le dijo al productor que si montaba quería este.

-¿El homenaje de la Academia del Cine ha sido el mayor premio que podría llevarse?

-Lo es, porque es un premio que pidieron los compañeros de la industria. También me hizo mucha ilusión que se me reconociese como el introductor en el cine del caballo de pura raza español. Me considero una persona afortunada [se emociona]. He trabajado de lo que quería trabajar, he tenido éxito y he criado una familia. ¿Qué más se puede pedir? 

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