El trío que empezó con un teclado de juguete y conquistó Galicia

Patricia Calveiro Iglesias
Patricia Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Alberto Suárez, Enrique Miramontes y Xosé Manuel Suárez (en la foto, de izq. a der.) forman el Trío Alborada, un grupo que empezó siendo un dúo y el año pasado celebró su vigésimo aniversario. El más joven de ellos empezó a cantar rancheras junto a su padre y el vocalista principal cuando tenía solo unos 11 o 12 años, y llevaba ya tocando un lustro el acordeón.
Alberto Suárez, Enrique Miramontes y Xosé Manuel Suárez (en la foto, de izq. a der.) forman el Trío Alborada, un grupo que empezó siendo un dúo y el año pasado celebró su vigésimo aniversario. El más joven de ellos empezó a cantar rancheras junto a su padre y el vocalista principal cuando tenía solo unos 11 o 12 años, y llevaba ya tocando un lustro el acordeón. PACO RODRÍGUEZ

Un cantante amiense forma junto con un padre e hijo dubreses Alborada, conocidos por sus acordeones, trajes floridos y llaneza

11 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Todo comenzó con un par de altavoces baratos y un teclado que parecía de juguete. Hoy, el Trío Alborada es sinónimo de fiesta popular en Galicia. Con sus acordeones como soberanos de la animación, unos trajes floreados que rompen con lo establecido y la espontaneidad por bandera, convierten cada actuación en una celebración para el recuerdo. Pasaron de tocar en locales pequeños y reuniones familiares a reinar en las verbenas, con la libertad como seña de identidad desde sus comienzos. «O grupo comezou cando se xuntaron o meu pai, Xosé Manuel Suárez, e Enrique Miramontes, que é o máis veterano e estivo toda a vida nas orquestras. Formou parte ata da Compostela cando era todo un fenómeno e, no 2005, formou o dúo co meu pai para cantar os temas que non podía interpretar coas grandes da verbena, sexa porque querían música máis moderna ou porque xa había outro vocalista que os cantaba. El buscaba a liberdade para facer o que quería. Gústanlle moito os pasodobres e é unha persoa moi activa e especial sobre o escenario», destaca el tercer componente del trío, Alberto, dubrés de 29 años, hijo del teclista y acordeonista del grupo.

Empezaron así el de Ameixenda (Ames) y su amigo de Paramos (Val do Dubra), cuando el segundo de ellos todavía era un treintañero, a tocar en las fiestas humildes, cumpleaños, bodas y en locales interiores. «Hai 20 anos non era habitual que houbera grupos pequenos animando as verbenas, ou contrataban a unha orquestra ou a conxuntos de seis ou máis persoas cun escenario grande. Eu era un neno daquela e, cando estaban nos ensaios, cantaba con eles. Estaba desexando unirme as suas actuacións e pasei a facer un par de cancións. Logo, montei un repertorio de quince minutos e acompañábaos cando me apetecía», relata el más joven del trío, que recuerda que las rancheras eran su especialidad y su madre le hizo un pantalón y un chaleco con adornos para sus actuaciones, además de comprarle un sombrero a juego y apoyar su vocación, llevándolo a clases de canto durante años.

El despegue de Alborada llegó unos años antes de la pandemia, tras dar una vuelta a la imagen del grupo y cambiar el vestuario por trajes de estampados coloridos. «Empezamos a traballar moitísimo. De repente, a xente viña adrede a vernos a nós, e saíannos actuacións en festas grandes, como a Guadalupe de Rianxo ou As Virtudes de Frades. Sendo da comarca de Santiago, parecíanos incrible que oíran falar do noso trío en Corme e noutros lugares máis afastados, onde se interesaban por nós», indica el veinteañero, nieto por parte paterna de un conocido gaiteiro dubrés, llamado Lino, el cual insistió a Xosé Manuel en que aprendiese acordeón.

Para Alberto, entre las claves del éxito del trío está su espontaneidad y llaneza, junto con un repertorio variado y poco habitual, que arranca las risas y bailes tanto entre los mayores como entre los más jóvenes. El acordeón es como un miembro más de la familia para el joven tenor de Alborada, que aprendió con solo 6 años a tocarlo. Su padre, que fue batería en orquestas hasta que él nació, recuperó en ese momento el instrumento armónico de viento, dando clases y «facendo festas el só, co acordeón, durante dúas ou tres horas». Ahora ambos dan clases a unos 150 alumnos en Cerceda, Santa Comba, Ames, Santiago, Teo, Ordes y Val do Dubra. Y tienen su propia tienda y marca de acordeones (Alborada), además de ser referentes en su reparación a nivel nacional.

«A tenda de acordeóns naceu porque vímonos na necesidade de brindar aos nosos alumnos instrumentos un pouco fiables. Compraban acordeóns que soaban mal, algúns viñan rotos ou tiñan desperfectos. Como tiñamos contactos, montamos unha tenda de segunda man con mercancía que ten vido mesmo dende Alemaña, Portugal ou Suíza. Ao principio os nosos clientes eran exclusivamente os nosos alumnos, porque rondan xa o centenar e medio e son moitos acordeóns. Cando rompían, había que andar mirando quen os arreglaba e non queda xa moita xente que o faga, polo que viaxamos a Castelfidardo (Italia), capital mundial do acordeón, para prepararnos coa xente de alá e aprender dende a afinación ata todos os segredos deste instrumento. Dende entón ofrecemos un servizo tanto de venta online como de reparación», señala el músico y profesor dubrés. La marca Alborada, surgió hace 6 años y presume de que tiene «boa construción e vocería, xa que nola fai a mesma casa coa que traballa Fismen o Beltuna, que son dos mellores a nivel internacional».

Todo esto lo compaginan con el calendario de conciertos del trío, que entre mayo y octubre participa en la animación musical de entre 80 y 90 fiestas. «O máximo que fixemos foron 92», constata el benjamín, quien revela que hay una canción que trataron de sacar más de media docena de veces del repertorio y nunca fueron capaces, porque siempre se la piden: «Non sei que pasa con "Como baila Carmiña", pero é imposible sacala». Cada dos o tres años, el trío incluye una canción «con segundas intencións», teas poco conocidos por ser de otros países o recuperados de la tradición popular que dan mucho de qué hablar entre el público. «A xente morre de risa con algunha delas. A que máis nos piden é "El peluquero", que é unha canción de orixe sudamericano que nós dedicamos a un veciño de Val do Dubra chamado Manolo ao que lle tocaron 4 millóns na lotaría e montou unha peluquería enriba da casa», añade Alberto, quien aclara que la historia de este hombre es inventada, pero muchos han llegado a creer que era realidad.