«Para abrir al 30 % mejor esperar a julio»

Bares y restaurantes de la zona vieja compostelana ven inviable reactivar sus negocios con la limitación de aforo que impone el Gobierno y prefieren mantener los ERTE hasta el verano


santiago / la voz

El coronavirus va a golpear a toda la economía, pero con mucha mayor dureza a la hostelería y más aún a la de ciudades, como Santiago, que tienen en el turismo una de sus principales fuentes de negocio. Los bares y restaurantes de la zona vieja compostelana son conscientes de la difícil situación por la que van a atravesar -ya lo están haciendo- sus negocios y hay unanimidad a la hora de advertir que el plan de desescalada presentado por el Gobierno central no hace más que empeorar las cosas. «Para abrir así ahora, al 30 % de aforo, mejor sería esperar hasta julio y abrir en condiciones», señala Pepe Noya, del restaurante A Barrola, uno de los clásicos de la Rúa do Franco.

En todos los casos, los hosteleros reclaman del Gobierno medidas que les ayuden a sobrellevar la situación. La principal, que se mantengan y flexibilicen los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) que les permiten no tener que hacer frente a los sueldos de sus empleados mientras no trabajen. A mayores, creen que lo lógico sería que les facilitaran poder incorporar a una parte de la plantilla, no a toda de golpe «para poder ir viendo cómo se desarrollan los acontecimientos e ir sumando empleados en función del trabajo que haya», explica Ana Cabanas, del restaurante San Jaime, en A Raíña, otro de los históricos de la zona monumental.

Con el plan de desescalada, los hosteleros de Santiago tienen la sensación de que el Gobierno pretende hacerles cargar a ellos «con el muerto de esta crisis». Y es que la intención del Ejecutivo es que bares y restaurantes abran ya el 11 de mayo las terrazas con un 30 % de su aforo y que el 25 de mayo operen ya en todo el local, pero con igual limitación y solo en servicio para mesas.

La realidad es que los números no salen. La mayoría de los locales tienen terrazas pequeñas, de seis mesas en el caso, por ejemplo, de establecimientos como el San Jaime y Los Caracoles, también en A Raíña. «¿Vamos a abrir el negocio para atender dos mesas?», se pregunta Manuel Ameneiro, propietario de este último restaurante.

Tampoco abrir el negocio a partir del 25 de mayo con solo un 30 % del aforo les compensaría, porque la caída de la facturación será brutal. Sin turismo, que les aporta el 50 % de sus ingresos, tendrían que sobrevivir con el 30 % de la mitad de sus ingresos. «Pero los gastos serían iguales, del cien por cien, por lo que tendríamos que afrontar una situación insostenible», apunta Pepe Noya. Y eso, en el mejor de los escenarios, suponiendo que los locales de hostelería trabajasen con el 30 % de su aforo completo «pero es que la gente tiene miedo y la que sí salga a tomar algo no va a ser suficiente para todos los locales que hay en la zona vieja», añade el propietario de A Barrola.

Manuel Ameneiro, de Los Caracoles, cree que el sector debería negarse a abrir en estas condiciones y considera que el aforo no debe de ser por lo que se mida la capacidad de atender de los negocios, sino la propia distribución de los locales y las posibilidades que tengan para albergar a los clientes cumpliendo las distancias mínimas de seguridad. En su caso, además, creen que el valor diferencial de su cocina será el elemento fundamental a la hora de que el negocio sobreviva a esta dura crisis.

«Sin turismo, el cliente local es nuestra esperanza y confiamos en ellos»

Ana Cabanas y su primo Miguel Calviño regentan uno de los locales históricos del centro, el San Jaime. Son la segunda generación y ella, pese a lo difícil de la situación, quiere ser optimista. «Sin turismo, el cliente local es nuestra esperanza y nosotros confiamos en ellos porque tenemos mucha clientela de Santiago que esperamos poder volver a ver cuando la situación comience a normalizarse», señala

Esa política de cuidar al cliente local viene de atrás. «Mi padre siempre nos decía que el invierno es muy largo y es así, y eso es algo que también tiene que tener en cuenta el Gobierno, que no tenemos los mismos empleados en octubre que en julio», añade Cabanas.

Esta hostelera confía en salir adelante pese a las dificultades pero, como sus compañeros, ve completamente imposible retomar la actividad con las limitaciones que les ha impuesto el Gobierno. «El 30 % de aforo no da para cubrir gastos y mucho menos lo que proponen para las terrazas. En A Raíña podemos ponerlas un día sí y otro no porque nos turnamos. Yo tengo seis mesas, por lo que lo que me dicen es que tengo que empezar a trabajar, con todos mis empleados, para poder servir dos mesas, eso es totalmente inviable», advierte.

«Estas medidas son para que nosotros nos hagamos cargo de la situación»

A Barrola, en plena Rúa do Franco, es uno de los locales clásicos de la zona monumental compostelana. Tiene servicio de bar y restaurante y, aunque tiene en el turista una de sus grandes vías de ingresos -como todos en la ciudad-, también es punto habitual de reunión para los compostelanos. «El turismo es el principal motor de Santiago y sin él todos lo vamos a pasar mal. Es cierto que nosotros tenemos entre un 50 y un 60 % de clientes de aquí, pero es que si tenemos que abrir ahora no va a haber gente para tanto local, porque hay aún mucho miedo», señala el propietario del establecimiento, Pepe Noya.

Como muchos de sus compañeros en el sector, Noya tiene la sensación de que, con su plan de desescalada, el Gobierno les está trasladando a ellos el problema. «Estas medidas están pensadas para que nos hagamos nosotros cargo de la situación», advierte. En su opinión, la auténtica solución al problema tendrá que aportarla la ciencia «que está haciendo grandes esfuerzos», señala. Así, cuando haya una vacuna y un tratamiento contra el coronavirus, la enfermedad dejará de ser una amenaza que haga que toda la actividad económica se paralice. «Mientras, hay que ser cautos y ahora lo mejor es esperar al verano», afirma.

«El plan nos deja al borde de la ruina total»

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Decepción y temor por el futuro inmediato. Así ha acogido la hostelería de Santiago el plan de desescalada presentado por el Gobierno central, que, en palabras de Sara Santos, presidenta de la asociación Hostelería Compostela, «deja al sector al borde de la ruina total, porque son muchas las familias que viven de este sector y no se nos ha tenido en cuenta para nada».

Para los hosteleros, las medidas adoptadas por el Gobierno de Pedro Sánchez «demuestran la poca empatía que tienen hacia nosotros, porque las toman pero no nos consultan» y la consecuencia de esta situación «será que vamos a tener un problema económico mucho más grande todavía del que ya estamos atravesando», advierte Santos.

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