Santiago alberga esta noche otra nueva cena secreta, a la que solo es posible acudir con contraseña, desconociendo el lugar, el menú y los comensales

Solo veintitrés personas saben el punto de encuentro para participar esta noche en una comida clandestina


santiago / la voz

El 16 de enero de 1920 comenzó la Prohibición. Trece años en los que hubo ley, pero ciertamente no era seca. Solo había que tener la dirección y la contraseña. Solo en Nueva York había más de 10.000 locales clandestinos en los que beber un trago. Por supuesto, a puerta cerrada.

A puerta cerrada cenarán esta noche 23 personas en Santiago. Solo ellas saben cuál es el punto de encuentro. Son las que tienen la contraseña de la segunda cena secreta que organiza Grace Castro, dueña de la firma de organización de eventos On y vá y pionera en trasladar ese cosquilleo que provoca la clandestinidad a Galicia. La idea le llegó de un libro Super Club, y de Cuba, cuando en tiempo de crisis empezaron a organizarse cenas en casas a las que solo se podía acudir por invitación. El testigo lo recogió Nuno Mendes, un discípulo de Ferran Adrià que primero montó un restaurante temporal en el patio de su casa y después se lanzó a las experiencias gastronómicas efímeras.

De esta noche no se puede revelar el lugar, por supuesto, pero sí el tema. Los asistentes darán un paseo por los cinco sentidos y al ser febrero el mes de San Valentín, también experimentarán una oda al amor. ¿Quién va a estas cenas? Todo tipo de personas. Desde amigas hasta parejas, pasando por personas que se animan y acuden solas. «El objetivo es abrir tus círculos», explica Grace Castro. La primera experiencia, que tuvo lugar el 3 de noviembre, fue todo un éxito. Participaron 14 personas, que cenaron en la galería Trinta. El sitio lo es todo. Es el punto inicial alrededor del que gira toda la cena. ¿Cómo los encuentran? «Pateando mucho», dice Grace Castro. Algunos ya los tiene en la cabeza. Otros van surgiendo. Cuando lo tiene, «veo qué me inspira» y a partir de eso, desarrolla toda la idea: «Qué quiero montar en ese espacio, qué cocina creo que lo representaría o metería ahí porque creo que encaja, hablo con la gente del restaurante o cátering correspondiente y después la decoración». Y luego lanzan el reto a través de redes sociales y cartelería: ¿Se atreven a pedir la contraseña?

También hay eventos clandestinos para amigos y para empresas

Esta segunda cena clandestina -con un precio de 45 euros- ya viene avalada por el éxito de la primera. ¿Daba vértigo? «Llevo cinco años organizando showrooms y me pongo nerviosísima el día antes siempre. Siempre», dice Grace Castro con una sonrisa. Lo achaca a que, por mucho que pase el tiempo, «quieres que todo salga bien, que la gente disfrute, que esté todo atado y que no se te olvide nada». Que la experiencia sea perfecta.

Esta noche «a través de la gastronomía experimentaremos con los cinco sentidos». Se sabe la hora, 21.00, pero ni el punto de encuentro ni el emplazamiento del restaurante efímero. Y aunque la primera cena clandestina en Compostela se celebró el pasado 3 de noviembre, Grace Castro lleva con esta idea en la cabeza años. «Era el 2012 y yo creía que aquí aún no se estaba preparado para este tipo de cosas». Después, Grace Castro pasó tres años en Londres, empapándose de ideas. Hace casi dos volvió y recuperó el proyecto de On y vá, su empresa.

También para empresas

El espíritu de la clandestinidad también se puede trasladar a las empresas o a los grupos de amigos. «La diferencia es que se conocen entre ellos, pero no saben qué van a cenar ni dónde». El objetivo permanece: Se trata de «divertirse, de venir a dejarte llevar por un plan diferente» y conocer gente nueva.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de Santiago

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
4 votos
Comentarios

Santiago alberga esta noche otra nueva cena secreta, a la que solo es posible acudir con contraseña, desconociendo el lugar, el menú y los comensales