Los compostelanos se volcaron en el funeral por las víctimas en la Quintana y el Obradoiro
30 jul 2013 . Actualizado a las 07:00 h.No vino el Papa Francisco, pero ayer en el funeral de la Catedral estuvo José Rodríguez Carballo, el ahora secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, que concelebró la ceremonia que dio inicio al pontificado de Bergoglio. A la salida de la misa, en medio de un desfile de políticos -desde Rubalcaba a Cospedal- quiso lanzar un mensaje a las familias. «Que ninguén vos roube a esperanza, nin a fe na vida, nin o amor a Deus» porque «a morte non ten a última palabra», dijo. Ese sentimiento se sumó al de decenas de compostelanos que con flores, oraciones y velas encendidas quisieron estar con todos aquellos que han perdido a alguien. «A partir de agora -comentó el dueño de un establecimiento de la rúa de O Franco-cada 25 de xullo nos acordaremos do que pasou».
En esa céntrica calle, a tan solo unos metros de la zona acordonada por la presencia de los príncipes y otras autoridades, en la barra de un bar, había dos velas encendidas. Las colocó Carmen Iglesias, Carmen da Charca, sobre las tapas de pulpo y boquerones para honrar a las víctimas. «A angustia cómeme», dice mientras sigue la celebración litúrgica a través del televisor. Aunque no le ha tocado cerca, el miércoles por la noche pudo ver como el dolor se apoderaba de unos clientes que aguardaban para cenar en su restaurante. «Estaban esperando por outro comensal que viña no tren», recuerda. No llegó. El dolor que sintieron alcanzó a Carmen.
También tocó a Aurora y Jaime, una pareja de Compostela, que estaban en el Obradoiro. «Non hai nada que dicir. Foi un desastre tan grande en Santiago. Foi terrible», dijo él. Y Claudia, Adrián, César, Anxo, Ixel y Paula quisieron honrar a los muertos con ramilletes de rosas rojas. «Directamente no nos ha tocado, pero en el tren había amigos de familiares. Vinimos para dejar unas flores por lo menos. Tenemos que esperar a que acabe todo para dejarlas junto a la verja de la Catedral», explicaron. Y Tere y su hija llevaron liliums blancos «para dar mucho apoyo a las víctimas y dar las gracias a todos por el esfuerzo».
Fueron pequeños gestos para que a las familias no les roben la esperanza.