El hostelero compostelano, que se inició en la profesión con su padre en el restaurante O Noso, inaugurará en enero el Hotel Pazo de Altamira
06 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.En la memoria gustativa de los que amamos el tapeo por la Compostela monumental aún permanecen inmanentes al restaurante O Noso el sabor de sus tapas de zorza y empanadillas a las que la palabra y el gesto afable y campechano de Pepe Rumbo añadían un plus gozoso antes de que el buen vino completase la liberación de los espíritus. Su padre, Manolo, fue quien inició con O Noso la saga de la familia Rumbo Bouso como hosteleros. Y la Suiza a la que emigraban los gallegos hace más de 30 años, la tierra a la que hay que agradecer que surgiese o Noso. Volver de la emigración suiza y montar un bar o restaurante se había convertido en la costumbre de los gallegos retornados.
El clan de los Rumbo hunde sus raíces en Val do Dubra, donde un buen día nació Pepe pero que él se niega a aceptar esgrimiendo con indisimulada vehemencia «eu son de onde pazo non de once nazo». «Eu quérolle moito a onde nacín pero realmente eu son santiagués a morte, de sangue; por encima de todo santiagués». Con esta declaración contundente nadie puede albergar duda del compostelanismo que Pepe guarda en un rincón de su corazón envuelto en la palabra agradecimiento. «Eu considérome unha persoa agradecida infinitamente, e a Santiago débolle todo, porque foi onde nos formamos cultural e profesionalmente», confiesa con su habitual gesto humilde pero orgulloso.
Pero a pesar de su compostelanismo, más allá de las piedras de la vieja Compostela le esperaba también la dureza de la emigración, tras su matrimonio a los 19 años, en tierras de Venezuela donde con su esposa, Margarita Bouso, se formaría empresarialmente durante cinco años. «A mellor escola é o mundo» le recordó siempre su padre, y el mundo escogido era Venezuela «porque desde alí non se pode vir a dedo». Así, y solo con el billete de ida, se evitaba toda tentación de volver con el primer sinsabor.
A la vuelta, y tras la jubilado de Manolo Rumbo, el hijo se haría cargo de O Noso, que llegó a ser uno de los restaurantes más conocidos de Santiago. Pero 1993 fue el año en que Pepe dio un salto cualitativo importante como hostelero al adquirir el emblemático El Pasaje, en O Franco, que en alguna página municipal figura como el restaurante más antiguo de la ciudad.
Hoy el restaurador compostelano está satisfecho de la recuperación de este restaurante que tiene como Norte la calidad de los excelentes pescados y carnes que ofrece. «Hai tres cousas importantes fotografadas na cidade: a Catedral, a praza de Abastos e o escaparate do Pasaje». Con esta frase, más bien un eslogan, resume Pepe el interés que despierta su restaurante en los turistas, cuyos guías obligan al señor Ramón, uno de los diez trabajadores, a abrir el escaparate con antelación. Por eso el jefe de la saga Rumbo no se cansa de decirle al alcalde que «o escaparate de El Pasaje debería estar subvencionado». Más para Pepe ya no habrá en enero solo tres cosas importantes a fotografiar en la ciudad, porque abrirá en la plaza de San Agustín el Hotel Pazo de Altamira.