Creía que Manfred sería un lifestyle business, algo que podría llevar tranquilamente desde casa. La realidad es que somos siete personas en plantilla y no damos abasto
19 feb 2020 . Actualizado a las 12:02 h.De todas las estupideces que he hecho en mi vida, probablemente escribir esta Bonilista sea la más grande de todas. Porque anunciar que vas a vender tu empresa antes de hacerlo tiene un montón de riesgos y ninguna ventaja. Si la operación se completa no ganas nada, pero si se malogra por cualquier motivo será inevitable que la gente se pregunte qué carallo encontró el comprador para salir espantado y tu compañía perderá valor. La única razón que he encontrado para hacerlo ahora es porque quiero. Lo necesito.
La transparencia es uno de los valores que siempre me han guiado y está tan presente tanto en el ADN de Manfred -la empresa de recruiting que fundé hace algo más de un año- como el de Sngular -el grupo tecnológico en el que nos vamos a integrar- que ninguna de las dos partes se siente cómoda sin hacer público algo así. Y, sinceramente, nuestra estructura ni está pensada ni preparada para hacerlo. Por no tener, no tenemos ni siquiera oficina propia.
Nacimos en un coworking y aquí seguimos, así que, para poder hablar de todo esto con una mínima discreción, nos referíamos a la potencial compraventa con el nombre en clave «Proyecto 444», pero como espías somos lamentables y en nuestras reuniones diarias de planificación -en salas de reuniones con paredes de papel- hablábamos de cada paso que dábamos a grito pelao, porque susurrar es complicado cuando tienes a tu equipo distribuido por medio mundo y te reúnes por videoconferencia. La situación era ridícula. Si nuestros compañeros de oficina no saben cada detalle de la operación es porque son unos currantes centrados en su propio trabajo, no en lo que haga o deje de hacer el resto.
En los próximos días se publicarán -tanto en mi blog como en una nota de prensa de Sngular- la historia y el proceso que nos ha llevado hasta aquí, con pelos y señales, pero en esta lista de correo -una lista en la que algunos habéis compartido mis aventuras y desventuras desde hace más de 8 años- quería compartir la motivación detrás de la decisión. Los sentimientos tras los datos.
El qué
Sospecho que mucha gente va a leer en diagonal el texto buscando la cantidad por la que se ha cerrado la operación, así que saquemos el elefante de la habitación lo antes posible.
El precio se ha calculado como un múltiplo del EBITDA de Manfred en 2019 (alrededor de 250.000€) y la parte más importante del mismo se pagará con participaciones de Sngular, de la que pasaré a ser socio.
Después de mucho meditarlo, he decidido no revelar la cifra exacta por varios motivos. Primero, por no ser indiscreto con mis actuales compañeros, ya que todos los empleados de Manfred recibirán una parte de la cantidad pagada por la venta, tuvieran o no participación en la empresa. Segundo, porque no quiero que -cada vez que me miren- mis nuevos compañeros vean una cifra encima de mi cabeza que condicione cómo se percibe todo lo que diga y haga. Seré uno más y quiero seguir siéndolo. Pero sobre todo, porque no quiero que mis hijos puedan leer algún día en algún sitio el dinero que tenemos o creen que tenemos. Yo nunca supe el dinero exacto que tenía mi familia y labré mi propio camino sin contar con el mismo. Quiero proporcionarles a mis hijos la misma educación que mis padres me dieron a mi.
Aunque alguno pueda pensar que es una decisión incoherente con lo que siempre he promulgado, creo que es completamente consistente con mi manera de pensar y -sobre todo- de actuar.
Por suerte, tengo dos amigos -muy buenos amigos- que han vendido sus empresas en los últimos años, Diego Mariño e Iñaki Arrola. Para saber por cuánto sólo me habría hecho falta preguntárselo, pero nunca lo he hecho y nunca lo haré. ¿Para qué? Sé que les va bien, no necesito saber nada más. Tampoco creo que nadie que realmente nos aprecie necesite saber mucho más que eso. De hecho, el reducidísimo grupo de personas que sabían todo esto antes de hoy no lo ha necesitado.
Algunos inversores me han dicho que vendemos «demasiado pronto», sobre todo porque nuestra compañía es rentable y no nos hacía ninguna falta, así que, supongo que la pregunta que más he tenido que contestar ultimamente es ¿por qué?
El porqué
Sería un cínico si no os dijera que una de las principales motivaciones es proporcionar un colchón económico a mi familia. No sé si eso me convierte en un amarrategui o en un tipo poco ambicioso, pero tengo 42 años, llevo 20 trabajando y a lo largo de mi carrera siempre he solido elegir el camino más arriesgado, algo que no siempre sale bien y puede dejarte secuelas personales y profesionales para toda la vida.
Me arriesgué cuando dejé el BBVA con veintipocos años, después de desarrollar su pasarela de pago, para ir a construir el ERP de una desconocida distribuidora de bebidas y alimentación en Alcobendas en vez de quedarme manteniéndola. Lo volví a hacer cuando -después de 7 años y el ERP acabado- me marché de Varma para empezar a trabajar en una compañía australiana. Lo hice de nuevo cuando dejé Atlassian para fundar mi propia startup. También cuando mi camino se separó del de Otogami para convertirme, al poco tiempo, en el CEO de una compañía canadiense 100% remota. Y, por supuesto, cuando después de abrir la oficina de Comalatech en Bilbao, decidí volver a emprender -tirando de ahorros- para montar Manfred, un proyecto que me ha sobrepasado por completo.
Creía que Manfred sería un lifestyle business, algo que podría llevar tranquilamente desde casa con la ayuda de mi mujer. La realidad es que hoy somos siete personas en plantilla y, literalmente, no damos abasto. Para darlo y, además, construir la tecnología necesaria para completar nuestra visión es probable que lleguemos a los 20 empleados. 20 nóminas de las que responsabilizarse con un negocio sin ingresos recurrentes y donde, cada mes, la cuenta arranca a cero. En el momento en el que debía dar otro salto de fe, Sngular me va a permitir hacerlo con red de seguridad.
Podría usar esa red como una hamaca en la que tumbarme para vivir la vida plácidamente, pero espero que más bien me sirva de trampolín que me permita crecer como profesional. Porque todo esto llega justo cuando Manfred me exige que abrace sin reparos un rol más ejecutivo y menos ejecutor. Que deje de gestionar objetivos y personas para empezar a gestionar estrategias y los equipos necesarios para implementarlas. Tengo 42 años y me siento en mi mejor momento profesional. Si esta operación tiene sentido no es porque esté cansado de Manfred sino todo lo contrario. No se me pasa por la cabeza retirarme o trabajar más o menos, sino trabajar mejor. Por eso creo que, más allá del músculo financiero, esta operación nos aporta sobre todo cabeza. Va a ser un lujo poder contar con la ayuda y respaldo de directivos con décadas de experiencia en la industria tecnológica. Ya lo está siendo. En el momento en el que debía dar un salto profesional, Sngular me va a proporcionar guía y consejo.
Pero de nada vale tener los recursos y la orientación necesaria para acelerar tus pasos si no te gustan tus compañeros de viaje o el destino al que te llevan. Por eso, tan importante como el qué y el porqué es el cómo.
El cómo
Con total autonomía. Manfred continuará siendo una sociedad independiente con su propio equipo, clientes, proveedores y cuenta de resultados. No habrá trato de favor a Sngular ni conflicto de intereses porque alguno de los manfreditas pueda trabajar allí, como tampoco lo hay ahora si lo hace en uno de nuestros clientes.
Esto podría quedar en una mera declaración de intenciones si no fuera porque en diciembre publicamos nuestro compromiso ético, que pasó sin pena ni gloria y pareció no interesarle a nadie. A nadie menos a Sngular, claro, porque incluía un interesante apartado en el que se especificaba cómo actuaríamos en el caso de que cambiara «el propietario de la mayoría de participaciones de Manfred». Sngular no solo se ha comprometido a honrarlo -algo muy bonito, pero nada mas que una declaración de buenas intenciones- sino que también ha accedido a incorporar nuestro compromiso ético y su sumisión al mismo en la mismísima escritura de compraventa.
Tiene sentido. Si algo tengo claro después de haber compartido ocho horacas de vuelo a Filadelfia con Jose Luis Vallejo, fundador y CEO de Sngular, es que no es tonto. Sabe que el mayor activo de Manfred es nuestra reputación y traicionar la confianza de nuestros candidatos acabaría con ella de un día para otro, destruyendo el valor de una de sus participadas. Así que, si alguien cree que esto cambiará lo más mínimo nuestra manera de trabajar no haremos ni un solo esfuerzo para convencerle de lo contrario. Dejaremos que el tiempo y el día a día lo hagan por nosotros.
Por supuesto, seguiremos en nuestro coworking -como para no hacerlo, después de un año dando la tabarraca, por fin hemos conseguido que nos den un despacho para hablar con los manfreditas con privacidad sin tener que andar kilómetros y kilómetros por los pasillos- y continuaremos operando como una compañía remota. Todo el equipo de Manfred permanecerá en la compañía y Sngular respetará nuestra hoja de ruta, que pasa por homogeneizar, documentar, medir y optimizar todos nuestros procesos -para conseguir que la experiencia, tanto de manfreditas como de empresas, sea más consistente y aportar valor más allá del proceso de selección. Hoy por hoy, hasta la forma que tenemos de proponer candidatos es completamente diferente dependiendo de que miembro del equipo la haga. Jose, por ejemplo, suele ser muy conciso mientras que yo escribo unos ladrillacos en los que justifico cada candidatura desde el punto de vista técnico y de negocio.
Una vez más, ese apoyo de Sngular a la visión de Manfred podría no ser más que papel mojado si no fuera porque se ha comprometido una inversión adicional de más de medio millón de euros para construir la tecnología que la sustente.
No tengo ni idea de cómo reaccionará la Comunidad cuando se publique la noticia, pero sí sé cómo lo haremos nosotros como equipo. Hoy, respiraremos con alivio por volver a poder hablar con total libertad y dejar de usar el nombre en clave «Proyecto 444». Mañana, seguiremos currando con las mismas ganas de siempre.
Bonilista publicada gracias al apoyo de Keepcoding
¿Quieres conocer las razones por las cuales la Ciberseguridad será uno de los sectores más importante en este 2020? Puedo darte 3.5 millones, la cantidad de profesionales enfocados en ciberseguridad que se calcula serán necesarios? en 2021??. Hoy en día, ya hay un millón de puestos sin cubrir. Otra razón pueden ser los seis trillones de dólares que moverá la ciberseguridad el próximo año. ¿Ya te das cuenta dónde está una de las mayores oportunidades del sector informático?
En KeepCoding están celebrando el lanzamiento del Full Stack Cybersecurity Bootcamp, un programa diseñado con expertos de Silicon Valley y desarrollado en España, en el que podrás aprender las herramientas y técnicas necesarias para convertirte en un/a experto/a en ciberseguridad, pentester o hacker ético. Tiene buena pinta ¿no?
En el Bootcamp se cubren temas como scripting y Powershell, tiene un componente práctico de cracking de contraseñas o contenedores cifrados, hacking web, Metasplit, SIEM, IDS/IPS, respuesta a incidentes en la nube, cómo analizar muestras reales de malware y otras técnicas que un experto en ciberseguridad debe dominar.
Además, como Director del Bootcamp tienen al awesómico Carlos Cilleruelo, ex-alumno de KeepCoding -que regresa a casa como un experto en Pentesting y Perito Informático- que actualmente colabora y da formación a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
La primera edición del Bootcamp se iniciará en junio y por ser suscriptor/a de la Bonilista te darán un descuentaco del 5%. Solo debes descargarte el temario y decir que vas de parte mía ;)
Este texto se publicó originalmente en la Bonilista, la lista de correo de noticias tecnológicas relevantes para personas importantes. Si desea suscribirse y leerlo antes que nadie, puede hacerlo aquí ¡es bastante gratis!