Realidades paralelas

Javier Armesto Andrés
Javier Armesto CRÓNICAS DEL GRAFENO

OCIO@

21 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Una de las características de las redes sociales y de los nuevos medios de comunicación de masas, como la televisión por streaming, es su capacidad para generar estados de sugestión colectiva que van en una determinada dirección, aunque esta tenga que ver más bien poco con la realidad. Un ejemplo de ello es Making a Murderer, la serie-documental producida por Netflix: si a alguien le dicen que un individuo que ya ha tenido anteriormente problemas con la Justicia es la última persona que vio con vida a la víctima de un asesinato, y que los restos de la víctima aparecieron quemados en una hoguera en la finca de ese individuo (además de su coche escondido), lo normal sería dar por sentado que es culpable o que algo ha tenido que ver. En Estados Unidos, sin embargo, se han recogido cientos de miles de firmas para que se revise el caso, apoyando la teoría de las realizadoras de la serie de que hay una conspiración policial. Lo que sí demuestra Making a Murderer es que los abogados vuelven a ser estrellas en la televisión. Lo vimos en Breaking Bad con el personaje Saul Goodman, ese picapleitos histriónico y de moral relajada que mereció su propio spin-off. Y en el culebrón real sobre Steven Avery brillan con luz propia dos formas completamente opuestas de entender la jurisprudencia, Len Kachinsky y Dean Strang. El primero, con su apariencia de gnomo y sus despistes en el juicio (donde llega a reconocer la culpabilidad del cliente al que debería defender), se ha convertido en el hazmerreír de América y su nombre ha desaparecido de la web del bufete para el que trabajaba. Strang, por el contrario, es el nuevo Atticus Finch, un letrado de voz serena y rostro imperturbable que va desmontando con certera suavidad las supuestas trampas de la fiscalía. Hay quien lo considera ya un sex symbol y quien en Twitter se ofrece a tener «baby abogados» con él. ¿Exagerado? No, solamente una muestra de esa realidad paralela en la que vivimos instalados en esta era de Internet.