Carmen despide a su marido en la estación de autobuses de A Coruña, ocupa un espacio solitario con dos asientos y todo el viaje lo hará en silencio; ya ve desde su ventana una fila de personas delante de la farmacia. Alba y Fran esperan su turno para proveerse de analgésicos, el hombre que les precede intenta entablar conversación, pero nadie le responde.
Calla porque oye pasar una ambulancia con su pitido chirriante, alguno mira. Detrás de la ambulancia una moto lleva a Juan que tiene como destino su bar, aparca la moto en frente del negocio, eleva la verja y la vuelve a bajar desde dentro. Marina pasa en ese instante, gira la cabeza, cruza la mirada con Juan y prosigue.
Entre las gentes que esperan el urbano en la Plaza de Pontevedra, Marina ve un mendigo acostado en un rincón de la parada cubierto con mantas y cartones; abre los ojos y no llega a distinguir aquel que le mira desde la ventana. María, asomada, otea el ir y venir de las gentes.
A lo lejos, dos mujeres van conversando de camino a la terraza de una cafetería. Antes de sentarse avisan al camarero mientras Eva se levanta y se aleja unos metros para prender un cigarrillo.
Eva espera noticias de su situación laboral y no deja de mirar el móvil incluso mientras fuma de manera acelerada, no acaba el cigarrillo, pero lo apaga en el suelo porque suena el aviso de la llegada de un mensaje, se le acelera el pulso, es su hija que le pregunta: - ¿como estás mamá? Rápido le responde: - aún no sé nada.
Pasa por delante Javier trajeado, pinta de banquero, en su elegante andar se cruza con Miguel, un jovenzuelo que viaja en patinete. Se miran y se envidian, Javier, con el móvil en la oreja se para, y dice, y se le escucha: - ¿un ERTE?
Miguel prosigue en su patín hasta un paso de peatones, lo veo venir; en la otra orilla distingo a Carmen que viene de despedir a su marido en la estación de autobuses, su marido irá hasta Betanzos para visitar a su padre en la residencia, en el cruce nos miramos,
Carmen levanta las cejas y le correspondo de igual manera, detrás de la mascarilla se intuye una sonrisa.
Luis Pereira Pía. Agente comercial. 45 años. Ortigueira.